Archive for the ‘Grandes filosofos’ Category

¿Puede el discernimiento producir una mutación en las células cerebrales?

J. Krishnamurti: La autoridad

Hemos estado hablando acerca de los factores deteriorantes en la existencia humana y dijimos que el miedo es una de las causas fundamentales de este deterioro. También dijimos que el seguimiento de cualquier forma de autoridad, ya sea impuesta por uno mismo o establecida desde fuera, así como de cualquier forma de imitación o copia, destruye la iniciativa, la creatividad y bloquea el descubrimiento de lo verdadero.

La verdad no es algo que pueda seguirse; tiene que ser descubierta. Ustedes no pueden encontrar la verdad por medio de ningún libro, de ninguna acumulación de experiencias. Como lo discutimos el otro día, cuando la experiencia se convierte en un recuerdo, ese recuerdo destruye la comprensión creadora. Cualquier sentimiento de malicia o envidia, por leve que sea, es también destructivo de esta comprensión creadora sin la cual no existe la felicidad. La felicidad no puede comprarse, ni llega cuando uno la persigue; está ahí cuando no hay conflicto.

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La levitación

 INTERLOCUTOR: ¿Puede usted explicarme cómo la mente vence al cuerpo de manera que éste pueda suspenderse en el aire?

KRISHNAMURTI: ¿Está usted interesado realmente en esto? No sé por qué desea flotar en el aire. Ustedes saben, señores, que la mente está siempre buscando algo misterioso, algo oculto, que nadie más puede descubrir excepto nosotros mismos, y eso nos da una tremenda sensación de importancia, de vanidad, de prestigio ‑nos convertimos en el «místico».

Pero existe el misterio real, algo realmente sagrado, cuando comprendemos la totalidad de esta vida, esta existencia completa. En eso hay gran belleza, gran júbilo. Hay una cosa tremenda llamada lo inconmensurable. Pero tenemos que comprender lo conmensurable. Y lo inconmensurable no es lo opuesto de lo conmensurable.

Se han tomado fotografías de personas que han flotado en el aire. El que les habla ha visto eso y otras cosas sin importancia. Si está realmente interesado en flotar en el aire ‑no sé por qué debe estarlo, pero sí lo está- tiene que tener un cuerpo maravilloso, sumamente sensible, no debe ingerir bebidas embriagantes, ni fumar, ni usar drogas, ni comer carne. Tiene que tener un cuerpo que sea totalmente flexible, saludable, que tenga su propia inteligencia, no la inteligencia que la mente impone sobre el cuerpo. Y si ha pasado por todo eso, puede que entonces averigüe que el flotar en el aire no tiene importancia alguna.

Jiddu Krishnamurti  

Inglaterra, 16 de mayo de 1970

La Disolución de la Orden de la Estrella

La Orden de la Estrella se fundó en 1911 para proclamar la venida del Maestro Krishnamurti. El 2 de agosto de 1929, el día de la apertura del Campamento anual de la Estrella en Ommen, Holanda, Krishnamurti disolvió la Orden ante 3000 miembros. Lo que él dijo entonces es igualmente válido hoy.

DISCURSO DE DISOLUCION 

Vamos a discutir esta mañana la disolución de la Orden de la Estrella. Se alegrarán muchas personas, y otros estarán bastante tristes. No es una cuestión para regocijarse ni para entristecer, porque es inevitable, como voy a explicar.

Ustedes recordarán la historia de cómo el diablo y un amigo suyo estaban caminando calle abajo, cuando vieron delante de ellos un hombre inclinarse y recoger algo de la tierra, mirarlo, y guardarlo en su bolsillo. Dijo el amigo al diablo: “¿Qué recogió ese hombre?”. “Él recogió un pedazo de Verdad”, dijo el diablo. “Ése es un mal negocio para usted, entonces”, dijo su amigo. “Oh, para nada,” contestó el diablo, “yo voy a permitirle organizarlo.”


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Fragmentos del Evangelio Esenio de la Paz

El Evangelio Esenio de la Paz es el mejor tratado de alimentación, medicina natural, moral y comprensión de las leyes naturales de esa época. Es claro, breve, conciso y directo. De su lectura se desprende que el autor de esas palabras tenía un conocimiento muy profundo sobre los mecanismos que sustentan la salud y la armonía en cualquier ser vivo.

No es de extrañar que algo tan sumamente práctico y eficaz no haya sido difundido por nadie. Propone devolver la salud y la autonomia al ser humano con productos de coste cero.

Cualquiera que detenta cualquier tipo de poder sabe que la salud no es nada rentable, sólo lo es la enfermedad.

Los fragmentos del evangelio están escritos en azul y yo me permitiré comentarlos en color negro.

En el siguiente fragmento dice que sólo se puede mantener la salud viviendo acorde con las leyes naturales y que sólo la naturaleza nos puede curar la enfemedad. Hipócrates dijo lo mismo en otras palabras: “sólo cura la naturaleza”

 

En verdad os digo que el Hombre es Hijo de la Madre Terrenal, y de ella recibió el Hijo del Hombre todo su cuerpo, del mismo modo que el cuerpo recién nacido nace del seno de su madre. En verdad os digo que sois uno con la Madre Terrenal; ella está en vosotros v vosotros en ella. De ella nacisteis, en ella vivís y a ella de nuevo retornaréis. Guardad por tanto Sus leyes, pues nadie puede vivir mucho ni ser feliz sino aquel que honra a su Madre Terrenal y cumple Sus leyes. Pues vuestra respiración es Su respiración, vuestra sangre Su sangre, vuestros huesos Sus huesos; vuestra carne Su carne; vuestros intestinos Sus intestinos; vuestros ojos y vuestros oídos son Sus ojos y Sus oídos.

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Las dos grandezas

Diógenes de Sínope fue el filósofo griego más famoso de la secta cínica. Vivió en el siglo IV antes de Cristo. Fue una figura muy interesante y controvertida. Vivía como un mendigo, tenía unas necesidades mínimas, era sincero con los poderosos hasta la impertinencia. Se le atribuyen muchas anécdotas, recogidas en diferentes fuentes, muy especialmente en la obra Vidas de filósofos ilustres, escrita por su tocayo Diógenes Laercio en el siglo III d.C.

 

 

El siguiente poema “Las dos grandezas” de Campoamor (perteneciente al grupo de poemas Doloras),  relata por extenso una conversacion entre Diógenes y Alejandro el Grande.

Las dos grandezas

Uno altivo, otro sin ley,
así dos hablando están.
–Yo soy Alejandro el rey.
–Y yo Diógenes el can.

–Vengo a hacerte más honrada
tu vida de caracol.
¿Qué quieres de mí? – Yo, nada;
que no me quites el sol.

–Mi poder… –Es asombroso,
pero a mí nada me asombra.
–Yo puedo hacerte dichoso.
–Lo sé, no haciéndome sombra

–Tendrás riquezas sin tasa,
un palacio y un dosel.
–¿Y para qué quiero casa
más grande que este tonel?

– Mantos reales gastarás
de oro y seda. –¡Nada, nada!
¿No ves que me abriga más
esta capa remendada?

–Ricos manjares devoro.
–Yo con pan duro me allano.
–Bebo el Chipre en copas de oro.
–Yo bebo el agua en la mano.

–¿Mandaré cuanto tú mandes?
–¡Vanidad de cosas vanas!
¿Y a unas miserias tan grandes
las llamáis dichas humanas?

– Mi poder a cuantos gimen,
va con gloria a socorrer.
–¡La gloria! capa del crimen;
crimen sin capa ¡el poder!

– Toda la tierra, iracundo,
tengo postrada ante mí.
–¿Y eres el dueño del mundo,
no siendo dueño de ti?

– Yo sé que, del orbe dueño,
seré del mundo el dichoso.
– Yo sé que tu último sueño
será tu primer reposo.

–Yo impongo a mi arbitrio leyes.
–¿Tanto de injusto blasonas?
–Llevo vencidos cien reyes.
–¡Buen bandido de coronas!

–Vivir podré aborrecido,
mas no moriré olvidado.
–Viviré desconocido,
mas nunca moriré odiado.

–¡Adiós! pues romper no puedo
de tu cinismo el crisol.
–¡Adiós! ¡Cuán dichoso quedo,
pues no me quitas el sol!–

Y al partir, con mutuo agravio,
uno altivo, otro implacable,
–¡Miserable! dice el sabio;
y el rey dice: –¡Miserable!