Archive for the ‘Autoayuda y Actitud mental’ Category

La extinción de la especie humana: capítulo 2, la ignorancia

Para que la especie humana se extinga, es absolutamente imprescindible que una gran mayoría viva flotando en una espesa neblina de ignorancia. La gente ignora qué alimentos son los correctos para conservar la salud, condiciona el contacto con los agentes naturales en base a unas ideas absurdas, la inmadurez emocional colectiva causa estragos con las relaciones entre semejantes y, lo que es peor, cuando el cuerpo se desmorona agotado por las causas enunciadas, se le ataca despiadadamente con muchos y variados venenos, a cada cual más mortífero.

En este artículo voy a utilizar un lenguaje que no pasará la aprobación de los que han sido amamantados con el “buenrollismo” de lo “políticamente correcto”. Por el bien de los ignorantes que lean este artículo, que si volaran cubrirían el Sol, intento utilizar un lenguaje que les pegue una patada en el hígado, con la sana intención de que les sirva de revulsivo de su estado semiconsciente de duermevela. Como sé que a la ignorancia siempre le acompaña la soberbia unida como una lapa, me aprovecho de esos defectos atávicos para utilizarlos como armas arrojadizas contra su desidia e indolencia.

Vayamos al grano. Hay varias clases de ignorancia, que se pueden dividir en dos grandes grupos: las provocadas o inducidas y las voluntarias o escogidas.

VEAMOS LAS INDUCIDAS

La ignorancia de la población inducida por los que mandan la podríamos dividir en estos tres grandes subgrupos, atendiendo a la forma de cómo se inducen:

1 – IMPIDIENDO O CENSURANDO EL ACCESO A LA INFORMACIÓN O EL CONOCIMIENTO

Antiguamente se impedía el acceso de la gente al conocimiento o la información de varias maneras:

  • Se mantenía a la población analfabeta y sólo los poderosos tenían acceso a los libros.

  • No se permitía la traducción a las lenguas vulgares de La Biblia, de esa forma la gente tenía que creerse lo que les decían sin poder comprobarlo.

  • Si algún libro decía algo inconveniente, se censuraba o, lo más habitual, se quemaba en una hoguera.

  • Si los conocimientos prohibidos se transmitían por vía oral, entonces, en vez de quemar el libro se quemaba a las personas que decían las verdades incómodas.

Hoy en día ese problema se ha resuelto de una manera más civilizada: en vez de destruir o censurar la información incómoda (cosa que en Internet sería imposible de conseguir), se la entierra bajo miles de millones de páginas que, o bien no dicen nada interesante, o repiten como papagayos las consignas de los de arriba.

La dificultad de encontrar información valiosa enterrada en toneladas de basura, junto con la pereza congénita que los seres humanos heredan al nacer, consiguen un nivel alto de ignorancia entre la población.

A los pocos que bucean entre las informaciones interesantes y cometen el error de querer informar de sus hallazgos a sus congéneres, se les trata de charlatanes conspiranoicos y son presentados a la sociedad como locos peligrosos que llevan un gorro de papel de aluminio en la cabeza.

Un buen ejemplo de censura indirecta e impedimento de la divulgación del conocimiento lo tenemos con la web de Ibn Asad. Parece que la han estado atacando hasta que ha tenido que buscar otro sitio en el que seguir. A los lectores de la nueva hornada les recomiendo encarecidamente sus libros, pues a los habituales de este blog ya les hice la misma recomendación hace varios años.

Aquí tenéis su nueva web.    http://elhijodelleon.webs.com/

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La extinción de la especie humana: capítulo 1, los psicofármacos

Voy a escribir una serie de artículos en los que iré detallando las herramientas que están usando los seres humanos para autodestruirse. Al ritmo actual, eso ocurrirá con toda seguridad en menos de cien años.

Empiezo por los psicofármacos por su gran potencial para aniquilar el poco sentido común que queda en las personas. Estas drogas, además de crear adicción y producir terribles efectos secundarios, incluido el suicidio, te van alejando de la posibilidad de utilizar un pensamiento racional y tomar decisiones coherentes con el mantenimiento de la salud y la consecución de la felicidad. Si antes de tomar psicofármacos los defectos humanos que llevamos de fábrica nos dificultan enormemente el uso adecuado de la inteligencia y el razonamiento (como he explicado en este artículo), después de un tiempo de tomar esas drogas esa tarea se acerca a lo imposible.

En esta web nos dicen que en Estados Unidos toman dichas drogas más del 20% de la población. De España no he podido conseguir los datos, pero he visto un programa de investigación en la tele en el que dijeron que íbamos a la cabeza del mundo mundial en su consumo. Normalmente solemos estar de los primeros del mundo en todo lo malo, también vamos delante en el consumo de cocaína. En cambio, en las cosas buenas e importantes España sale en los últimos lugares.

Lo más terrorífico de las estadísticas de la gente que se droga es la distribución por edad.

Drug Class: Age Group: Number of People:
All Psychiatric 0-5 Years – 1,080,168
Drugs  Breakdown:
0-1 Years                    274,804
2-3 Years                     370,778
4-5 Years                     500,948
6-12 Years               4,130,340
13-17 Years             3,617,593
18-24 Years             5,467,615
25-44 Years             21,029,136
45-64 Years             28,143,196
65 Year +                   17,404,930
Grand Total                                   78,694,222

Que 70 millones de personas escapen de la realidad utilizando estas drogas me parece normal en la sociedad actual. De hecho, casi el 100% de la población mundial utiliza drogas para no enfrentarse consigo mismo y con la realidad cotidiana. Lo que se puede considerar un crimen contra la humanidad es la administración de estas drogas a 5 millones de niños menores de 12 años, que por su edad no han tomado la decisión de drogarse ni necesitan escaparse de ninguna realidad.

Para calificar la inmoralidad de drogar a 274.000 menores de un año el diccionario de la real academia de la lengua no dispone de los insultos adecuados. ¿Cómo se diagnosticará de ansiedad a un pobre inocente de menos de 12 meses? ¿Porque chupa frenéticamente el chupete?

Se me ocurren algunos motivos por los que un pobre bebé empieza su carrera de yonki: Seguir leyendo

Puntos a tener en cuenta para ayudar a los enfermos a curarse

Hoy en día casi nadie ayuda a los enfermos, sólo se atienden sus necesidades, que la mayor parte de las veces son caprichos que dificultan su curación.

Para que el cuidador sea de verdadera ayuda al enfermo debería hacer casi lo contrario de lo que se suele hacer habitualmente. Como es natural, dicha actitud será criticada por los amigos, familiares, allegados y visitantes.

Concretando. La primera elección que tendrá que hacer el cuidador es si quiere caer bien a todos y que le digan lo buena persona que es, o si realmente quiere ayudar a curarse al enfermo, sin importarle la opinión de los demás.

Veamos los puntos más importantes a tener en cuenta.

1 – No implicarse emocionalmente

El dolor del enfermo suele ser inevitable, pero el sufrimiento del cuidador ante el dolor del enfermo es opcional. Que el cuidador sufra con la misma intensidad que el enfermo puede parecer muy solidario y caritativo, pero es una imbecilidad que no beneficia a nadie y sólo perjudica a los dos, al cuidador y al enfermo.

Casi todos creen que si el cuidador quiere mucho al enfermo, sufrirá tanto o más que él durante su enfermedad, al menos eso es lo que se pude ver en las películas. Lo ideal para que las cosas mejoren en la vida real es aplicar la lógica: el sufrimiento y todas las emociones negativas debilitan el sistema inmunitario, y, precisamente, el cuidador necesita estar a tope de salud y vitalidad para afrontar la desagradable tarea física y mental de atender y ayudar de verdad a esa persona querida que necesita sus consejos y sus cuidados.

Conclusión: cuanto más quiera el cuidador al enfermo, menos tiene que sufrir el cuidador por el dolor del enfermo. De esa forma, se mantendrá en perfectas condiciones de atenderlo, cuidarlo y vigilar a los que se acerquen, para que no empeoren la situación de su enfermedad.

2 – Cuidarse más a uno mismo que al enfermo

Mucha gente que está al cuidado de enfermos no se cuida como debiera por falta de tiempo. Muchas veces lo que pasa es que no tiene ganas de hacer nada más para él, porque está agotado. Eso es un tremendo error.

El cuidador tiene que demostrar que es buen cuidador empezando por cuidarse a sí mismo, pues en la mayoría de los casos, no suele haber más personas que puedan cuidar al enfermo y, si el cuidador enferma, habrá dos enfermos y nadie para cuidarlos.

Si va escaso de tiempo, debe reducir algunas de las cosas poco importantes que hace para el enfermo, para poder dedicar el tiempo suficiente a su propio cuidado. También debe dejar de atender a familiares sanos que tengan más de 14 años, les irá bien aprender a ser autosuficientes y eso le dejará más tiempo libre al cuidador para sí mismo.

No debe descuidar el comer buenas y muy variadas ensaladas todos los días, incluso debe cuidar la presentación de los platos que él mismo come, para que el acto de comer sea placentero y agradable. Lo mismo vale para la fruta y los zumos. Es importante que en la dieta del cuidador haya abundancia de vegetales y frutas crudas, pues necesita energía vital y protección contra las infecciones.

Debe dormir un mínimo de 8 horas cada día, y, si debido a eso el enfermo está menos atendido, siempre que ello no desemboque en cosas graves, hay que asumirlo.

También debería buscar algo de tiempo para andar al aire libre y despejarse mentalmente. Oír algo de música y relajarse cuando tenga un rato es altamente recomendable.

Cuidarse a uno mismo se debe hacer por amor al enfermo, pues, si el cuidador enferma, es muy probable que el enfermo esté peor cuidado.

3 – No esperar agradecimiento

En las cosas que se hacen por amor no se debe esperar nada a cambio. Esta frase la han oído todos, pero pocos la llevan a la práctica.

Las personan enfermas suelen ser más egoístas de lo que son habitualmente. Muy pocos valoran o agradecen lo que se hace por ellos. Ello es debido a la educación que se les ha inculcado. Creen que, por el mero hecho de estar enfermos, tienen todos los derechos y los demás, todas las obligaciones, lo cual es absurdo. Ello viene de la difusión de la idea de que las enfermedades se reparten como si fuera una loteria, por eso hay gente que dice: me ha tocado a mi.

La realidad es que, cuando alguien enferma, es debido a que ha estado muchos años contraviniendo todas las leyes naturales, además de haber hecho caso omiso a los múltiples avisos que su cuerpo le ha ido dando. Si se comprendiera eso, el enfermo sentiría vergüenza de su enfermedad y sería mucho más agradecido con los que le ayudan en vez de ponerse exigente al solicitar dicha ayuda.

Un cuidador inteligente no debe esperar agradecimiento, pues eso le llevaría a la frustación, que es mala para la salud. Pero tampoco debe permitir que el enfermo lo trate con despotismo y con exigencias. Si el enfermo lo hace, debe hacerle ver con amabilidad lo incorrecto de su actitud. Durante el cuidado de un enfermo, el cuidador a veces debe hacer cosas desagradables, pero nunca debe permitir que se menoscabe su dignidad.

4 – Poner límites

El punto anterior nos lleva a la necesidad de poner límites.

Hay que hacer lo que sea mejor para el enfermo, pero sin permitir actitudes serviles ni caprichos injustificados que supongan un esfuerzo innecesario para el cuidador.

La relación siempre debe ser de igual a igual. El que uno ayude y el otro reciba la ayuda no debe derivar en una relación de amo y criado. Cuando el enfermo pida cosas absurdas o que no le convienen, se le hace ver que eso no es adecuado para su estado, y, si no lo entiende, es su problema, no el del cuidador.

Por último, hay algo en lo que nunca el cuidador debe caer: en el chantaje emocional por parte del enfermo.

Cuando el enfermo le diga al cuidador que si no hace lo que le ha pedido es que no lo quiere, el cuidador no debe entrar en el juego. En ese juego nunca ha ganado nadie, pierden todos.

5 – Mantener la atención en lo importante

La peor situación para el cuidador es cuando el enfermo no puede tomar decisiones. Esto puede ocurrir por varias razones: puede sufrir una enfermedad mental; puede ser menor de edad o puede estar inconsciente.

Tener que tomar decisiones sobre la vida de otra persona es una de las cosas más desagradables que pueden ocurrir, sobre todo, para los que todavia tienen activada la conciencia. Para la gran mayoria, el escenario de tomar esas decisiones es tan aterrador que deciden delegar esa terrible responsabilidad en manos de los “profesionales”. Es la forma más cómoda de escurrir el bulto, pero no suele ser la mejor decisión para el bienestar del enfermo.

El mayor problema de los “profesionales” es que no suelen evaluar correctamente la relación riesgo/beneficio en el diagnóstico y en los tratamientos. De ahí el famoso dicho: “el remedio es peor que la enfermedad”. Los “profesionales” suelen matar moscas a cañonazos muchas más veces de las que sería aconsejable. Esos tratamientos peligrosos o agresivos sólo se deberían aplicar en casos con riesgo muy alto de muerte del paciente.

He visto hacer biopsias por curiosidad. Recetar antibióticos como prevención (es difícil encontrar una salvajada mayor). Aplicar tratamientos en cascada esperando que suene la flauta por casualidad, etc. Como he dicho antes, la medicina de tierra quemada puede ser aconsejable en los pocos casos en que peligra la vida de forma inminente y no se vislumbra la causa del problema, pero aplicar los mismos métodos que la Inquisición en problemas menores o para descartar posibilidades es un acto terrorista contra la humanidad.

La mejor manera en la que el cuidador puede ayudar al enfermo que no puede tomar decisiones sobre su propia vida es manteniendo la cabeza fría y los pies calientes (la cabeza y los pies del cuidador, no del enfermo). No debe perder de vista cuál es el verdadero problema que hay que curar y no desviar la atención en síntomas de cosas menores que, en último caso, no son importantes y deben ser postergados al momento en el que el problema grave esté controlado. Si se quieren tratar o mejorar cosas poco importantes, se puede distraer al cuerpo en el foco de atención principal, aparte de que el tratamiento de  cosas accesorias pueden interferir en lo que de verdad es importante.

También hay que estar muy pendiente de qué síntomas son reales y cuáles son inventados por el enfermo para conseguir sus caprichos. Sobre todo en enfermos mentales y en niños. Nunca hay que olvidar que tratar cosas imaginarias siempre es perjudicial para el enfermo. En los hipocondríacos, este asunto puede llegar a ser agotador, pero si realmente se desea lo mejor para ellos, hay que mantenerse firme y aplicar la lógica.

Hay que tener en cuenta que puede darse la paradoja de que, precisamente por hacer lo mejor para el enfermo, seas acusado por las “autoridades sanitarias” de no dar la debida atención al enfermo. Son cosas que pasan en una sociedad que no es capaz de distinguir entre lo moral y lo “legal”, teniendo en cuenta que la “legalidad vigente” es impuesta por los más corruptos la mayoría de las veces.

Seguro que se han quedado en el tintero cosas importantes. Si alguien plantea algún tema nuevo, lo podremos explorar en los comentarios.

El placer y el dolor

Si se mira la vida sin implicarse demasiado emocionalmente, da la sensación de que la cantidad de placer del que puede disfrutar un ser humano tiene unos límites. Con ello no digo que el límite sea pequeño, pero sí afirmo que está limitado y llega un momento que ya no se puede conseguir más placer (por mucho dinero o poder que se tenga).

Si le diéramos un valor numérico a cada placer que sentimos, con el objeto de ir descontando esa cifra del saldo de placer total que podemos consumir en nuestra vida, nos daríamos cuenta que hay placeres más “caros” que otros. No estamos hablando del dinero que nos ha costado conseguir ese placer, sino de la cantidad que restará ese placer del saldo del “placer vital total”.

Para entender el concepto vamos a poner unos ejemplos, que lógicamente no se corresponden con la realidad. Como no conozco a nadie capaz de valorar de una manera fiable las unidades de placer que consume cada cosa que hacemos, los ejemplos son orientativos para que se comprenda la idea que se quiere exponer.

Vamos a asignar una cifra teórica de un millón de unidades de placer a consumir a lo largo de la vida, para poder sacar una conclusión aproximada de la cantidad de unidades de placer que consume cada acto de nuestra vida. Así podremos saber lo que tardaremos en llegar al punto de no poder sentir más placer nunca más, dependiendo de las cosas que hagamos cada día.

Unos ejemplos de consumo de unidades de placer a descontar del saldo total.

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Ciencias de la salud del futuro con el Dr. Pete Peterson

Seguramente, mirando el primer vídeo, algunas personas pueden pensar que este doctor dice algunas cosas absurdas o increibles, pero les aconsejo que acaben de ver los vídeos hasta el final. Tiene unos conocimientos inmensos y una experiencia enorme, y no sólo en el campo de la salud.

Curso pro salud de Óscar Sande

Gracias a los comentarios que hacen los lectores he descubierto un vídeo de Óscar Sande que son una magnífica introducción a la alimentación natural y la vida sana.

Toca todos los puntos importantes sin dejarse ninguno. Os recomiendo que veáis el vídeo entero tranquilamente. Tiene cosas muy importantes a las que hay que prestar atención

Me ha sorprendido porque pone al azúcar como el veneno más importante. Yo siempre había concedido ese honor al mercurio, pero, pensándolo bien, puede que Óscar tenga razón.

Que los disfrutéis.

Deepak Chopra: el poder del pensamiento en español

Durante la comida de hoy he puesto estos vídeos en el televisor (de esa forma, la comida sienta mejor que si estás viendo el telediario).

Me han gustado especialmente por la manera tan científica que tiene Deepak Chopra de explicar los efectos del pensamiento, de las emociones y de los recuerdos en la vida diaria. Estas cosas afectan a la salud e incluso a la regeneración celular.

Dice una frase aplastante: debes utilizar tus recuerdos y no permitir que ellos te utilicen a ti. Recordar es una regrabación de cosas positivas o negativas, y como él dice, las células del cuerpo no han aprendido a distinguir entre pensamiento o realidad, entre la verdad o la mentira. Por tanto, funcionan según las órdenes que les llegan sin importar si son buenas o malas, o si corresponden a la realidad o a la ficción.