Archive for the ‘Defectos y virtudes’ Category

La gente no muere, se mata

El título es un viejo dicho que parece absurdo pero que está cargado de razón.

De todas las personas de mi alrededor que he visto morir, prácticamente ninguna murió de muerte natural o porque no había ninguna solución a sus problemas. Todas fueron víctimas de sus propias decisiones erróneas. Muchas de ellas fueron tremendamente persistentes en sus errores hasta que la naturaleza les pasó la última factura.

No hace falta mencionar que todas sin excepción desoyeron los consejos que hubieran impedido el fatal desenlace, y se encaminaron irresponsablemente por el camino equivocado.

Aunque no le vaya a ser de utilidad a nadie, voy a enumerar la lista con las maneras más habituales que tiene la gente de suicidarse por capítulos. Pongo los temas por orden de gravedad.

1 – Aunque a la mayoría le parezcan inofensivos, puede que la decisión más peligrosa para su vida que puede tomar una persona es hacerse un chequeo o cualquier prueba, análisis, radiografías, etc., si cuando va a que se lo hagan está completamente sano y no tiene ningún síntoma. Sigue leyendo

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El cuento de los “vadegros” y su curiosa costumbre

Había una vez un planeta en una galaxia muy lejana, en el que vivían unos seres muy influenciados por las opiniones de los demás. Formaban una sociedad acomplejada, débil, enfermiza y, lo peor de todo, adoctrinada por media docena de espabilados que habían aprendido a manejar los defectos de esos seres para empujarlos a cometer los mayores desvaríos, con la misma impunidad que se conduce a una manada de borregos camino del matadero.

Hablamos de unos ciudadanos que habían sido despojados de su dignidad, de su amor propio, de sus instintos de supervivencia, y hasta de los valores fundamentales para la convivencia. Habían perdido hasta el más elemental instinto que tienen todas las criaturas de defender a sus hijos. Les contaron que los niños tenían que ser inoculados con venenos para que no enfermaran, y los integrantes de esa sociedad idiotizada hacían cola con sus hijos para cometer semejante sacrilegio con la sangre incontaminada de sus retoños.

El mayor problema de estas gentes es que no tenían ninguna autoestima. Les habían convencido de que todo lo que les gustaba era pecado, o era inmoral, o era de mala educación, o estaba mal visto en las redes sociales. Como no encontraban en sí mismos nada que les gustara, buscaban desesperadamente la aprobación de los demás. Si conseguían ser aceptados en algún grupo numeroso, podrían presumir de ello y vanagloriarse de las hazañas grupales como si fueran propias.
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Compre la felicidad ahora que está de oferta

El presente es la prolongación de nuestras buenas o malas decisiones en el pasado y, dependiendo de las cosas que hagamos hoy, nuestro futuro será más o menos dichoso. O sea, si quieres ser feliz el mes que viene, no hagas las cosas mal o tomes decisiones inmorales esta semana.

Mucha gente cree que el Karma o la ley de causa y efecto hace que las obras buenas o malas que haces en esta vida influyan en tu sufrimiento o felicidad en la vida siguiente. Yo comprendo a los que tienen esa creencia: como la mayor parte de lo que hacen, saben interiormente que es inmoral, se consuelan creyendo que no les van a pasar la factura hasta la siguiente vida. Desgraciadamente para ellos, las leyes universales no facturan a un plazo tan largo.

Hay otros que creen que, aunque hayan cometido actos inmorales, se pueden confesar y todo queda borrado, lo cual es un chollo, pues una vez que les han vaciado el depósito de los pecados, lo pueden llenar de nuevo a la semana siguiente y volver a confesarse el domingo. Sería muy bonito, pero la naturaleza tampoco acepta este tipo de cambalaches.

La desagradable realidad es que cada causa lleva adosado su efecto de forma inseparable. La causa y el efecto no son dos acciones separadas. La ejecución de la causa desencadena el efecto de forma irreversible. Como las consecuencias del efecto no se perciben de forma inmediata, sino que se realizan en el futuro, da la sensación de que las dos acciones están separadas, pero están indisolublemente juntas. Aunque las consecuencias de una acción ocurran en el futuro, nadie puede impedir que ocurran, pues una vez desencadenadas el efecto es irreversible. No hay que esperar a la otra vida, y la confesión no detiene las consecuencias. Sigue leyendo

La extinción de la especie humana: capítulo 3, descenso en el coeficiente de inteligencia

Han emitido un documental en Documentos TV que habla del descenso en el coeficiente de inteligencia. Resulta que viene bajando en la población mundial durante los últimos 20 años.

Los investigadores del documental han encontrado un par de culpables que se hallan presentes en una buena parte de los niños con coeficientes bajos, pero admiten que no pueden explicar el resto de casos en los que no se encuentran los presuntos culpables.

Tiene lógica que los investigadores no encuentren la explicación correcta, pues ellos también son víctimas del descenso de inteligencia y cada día pueden razonar con menos criterio.

Como cuando yo iba a la escuela todavía no había empezado el adoctrinamiento pseudocientífico capitaneado por la Farmafia, como tampoco me fio de nadie, y cuando camino por la calle suelo llevar los ojos abiertos, puedo terminar la lista de culpables que los investigadores no han querido ver, a pesar de que los culpables tenían la pistola humeante en sus manos y llevaban un sombrero negro, que es un distintivo muy fiable para distinguir a los malos en todas las películas.

Repasemos el listado de los asesinos de la inteligencia humana: Sigue leyendo

Creencias, creyentes y crédulos

Krishnamurti decía que entre creer en Dios o emborracharse no hay ninguna diferencia. En ambos casos se evade la realidad. El borrachín bebe para olvidar las penas, y el creyente le pide a Dios que le aparte el amargo caliz de las consecuencias de sus propios actos.

Lo peor de las evasiones de la realidad es que, cuando los problemas se posponen, tienden a agrandarse y agravar sus consecuencias.

Todas las creencias se asientan sobre los defectos atávicos humanos para disfrazarlos de virtudes, pero, desgraciadamente, nunca consiguen su propósito.

Teniendo en cuenta que este blog se llama “Escuela de Salud” y todas las creencias sin excepción perjudican gravemente la salud, además del bolsillo, he confeccionado una lista de las creencias más habituales, ya que, conociéndolas, se tendrá alguna oportunidad de evitar que exploten en la cara.

CREER EN DIOS O NO CREER

La creencia en Dios es posiblemente la creencia más extendida sobre el planeta. En segundo lugar, puede que se encuentren los que no creen en Dios, que es otra creencia, pues no creer en algo sin poder comprobarlo es otra creencia.

A un NO creyente como yo, no le gusta creerse cosas, por muy placenteras o satisfactorias que puedan resultar. Lo más sensato para la salud, el dinero y la felicidad es aceptar la realidad, LO QUE ES, que es lo único sagrado e inmutable. El que Dios exista o no, no tiene relevancia para la vida, por tanto, es una pérdida de tiempo tratar de averiguar la verdad sobre el asunto.

De todas formas, si existiera un Ente parecido a lo que se suele llamar Dios, mi mente no podría entenderlo, y menos relacionarse con Él. La palabra “Teología” es un oxímoron de una sola palabra. No se puede conocer ni estudiar a Dios, por el mismo motivo que una hormiga no puede ser astronauta. Nunca podré comprender algo que ni conozco ni puedo definir, pues para definir a Dios tendría que reducirlo y empotrarlo en mi espacio dimensional y, cuando lo hubiera hecho, mi definición no tendría nada que ver con el Dios real.

Hasta hace pocas décadas, la mayoría de los creyentes lo eran de entes espirituales con diferentes nombres, cualidades y culturas. Pero eso ha pasado de moda, y ahora ser creyente de esas entidades queda mal visto por grandes sectores de la sociedad. Pero como la necesidad de las creencias que permitan evadir la realidad sigue estando ahí, millones de personas han cambiado las creencias religiosas por otras, aunque igual de fantasiosas e infantiles.

Curiosamente, los nuevos creyentes de cosas materiales son igual o más fanáticos que los otros.

Voy a enumerar a continuación una lista de los nuevos dogmas materiales de fe, por si alguno de los nuevos creyentes quiere apostatar de su nuevo credo, que al menos tenga unas referencias en las que apoyarse. Es mi obligación avisarle que, en las nuevas creencias, a la terecera frase discordante ya te han excomulgado y, a diferencia de la religión, la exclusión del grupo de estos creyentes es a perpetuidad.

EL CÁNCER Y LOS TRATAMIENTOS OFICIALES

Qué es el cáncer, cómo se forman o crecen los tumores, los avances en la curación del cáncer y los tratamientos oficiales: cirugía, quimio y radio (amputar, envenenar y quemar). Estos son los pilares de la nueva doctrina. A los creyentes se les exige una fe ciega en cualquier afirmación que haga la Farmafia sobre el asunto. Si alguien pregunta por alguna evidencia científica que respalde las buenas nuevas que nos traen cada día los profetas de este nuevo testamento, se le considerará un peligro público que crea alarma social con sus preguntas y debe ser censurado.

Para los apóstoles de esta religión, los enfermos son considerados como personas incapacitadas mentalmente para tomar decisiones sobre su destino. Por tanto, cualquiera que ponga en duda el catecismo oficial debe ser censurado para evitar que los enfermos pudieran hacerle caso y abandonar los tratamientos inquisitoriales propuestos por el alto clero de la oncología.

Al igual que la Iglesia venera la reliquia del “Santo Prepucio” sin que haya ninguna evidencia científica de que ese trozo de carne formó parte del pene de Jesús, también tenemos que venerar los nuevos tratamientos mortíferos para el cáncer, aunque nunca nos presenten evidencias de los resultados. Que cada año mueran más personas que el año anterior contradice las afirmaciones de que cada año se cura un porcentaje mayor de enfermos, pero, como diría Homer Simpson: ¿qué vas a creer, lo que yo te digo o lo que ven tus ojos?

EL SIDA

Con el Sida sirve todo lo dicho con el cáncer. Varios premios Nobel que han dicho que el VIH nunca ha sido aislado, han sido excomulgados de la comunidad científica y castigados al infierno de la falta de subvenciones para investigar.

LA HEPATITIS C

Esta creencia ha provocado procesiones delante del Ministerio de Sanidad para que el Gobierno destine miles de millones a comprar los nuevos “milagros”. Antiguamente los milagros eran gratuitos, pero en las nuevas religiones los milagros los venden a precios prohibitivos. El verdadero milagro es que todavía haya suficientes tontos pagando impuestos para sufragar semejante despilfarro (yo estoy incluido en los tontos, aunque nunca he usado ningún “milagro” de la Farmafia).

LAS VACUNAS

La creencia en que las vacunas salvan millones de vidas es, posiblemente, el mayor crimen contra la humanidad que jamás se haya perpetrado.

Entre el grupo de creyentes en las vacunas se encuentran los más fanáticos y radicalizados. Muy a menudo intentan imponer por la fuerza sus absurdas teorías y panfletos, obligando a seres inocentes a inocularse venenos potentes que no han demostrado su eficacia nunca.

Los apóstoles de esta creencia son talibanes biológicos peligrosos, que no sólo están arruinando la vida de millones de niños en el mundo, sino que pueden estar poniendo los pilares para la degeneración progresiva e irreversible de la especie humana.

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Vamos a enumerar otras creencias que, aunque no están directamente relacionadas con la salud, también perjudican la salud indirectamente.

EL ESTADO DE BIENESTAR

Lógicamente, esta creencia debería llamarse EL BIENESTAR DEL ESTADO, pero con ese nombre auyentaría a los nuevos adeptos.

Es mucho más coherente creer en los Reyes Magos, el Ratoncito Perez y el Ángel de la Guarda, que creer en el Estado de Bienestar administrado por políticos corruptos y ladrones.

La teoría se basa en que todos los que nunca hayan producido nada, ni cotizado, ni trabajado en su vida, tendrán derecho a disfrutar de bienes y servicios que no están al alcance de los trabajadores mileuristas. Vivienda, educación, sanidad, operaciones de cambio de sexo y asistencia psicologica los días que sale nublado, serán ilimitadamente gratuitas para cualquier persona de cualquiera de los cinco continentes. España es un país tan extremadamente rico, que puede financiar las necesidades o caprichos de cualquier ciudadano del mundo mundial.

El mero hecho de proponer algo tan demencial, a todas luces imposible, amén de insostenible, ya demuestra sin lugar a dudas las preclaras mentes que dirigen los destinos de este desdichado país. Pero lo que ya roza con lo inaudito es que un grueso porcentaje de la población, no sólo comulgue a pies juntillas con tan descabellada propuesta, sino que exija que se aumente el despropósito hasta que esa opereta devenga en tragedia.

Cualquier extraterrestre se quedaría anonadado ante semejante actitud de los seres humanos, porque sería como admitir que 2+2 en manos de los políticos, equivalen a 368. Cuando la realidad es que 2+2 en manos de los políticos suman 3.

Como yo conozco muy bien a mi especie, no en vano me llevo relacionando con ellos desde que nací, yo podría explicarle al ET cómo los homo sapiens (título inmerecido y rimbombante donde los haya) llegan a tan estrambóticas conclusiones: llevamos unos 30 años que a los niños y jóvenes se les vienen enseñando sus derechos, sin que nadie jamás les haya mencionado de pasada ninguna de sus obligaciones. Se les ha cambiado la escala de valores humanos por un catálogo de caprichos. Han aprendido el precio de las cosas, pero no su valor ni el esfuerzo necesario para producirlas. Cuando alguien ha sido criado en esa vida irreal, es lógico que confunda la fantasía que ha vivido desde que nació con la realidad, puesto que no ha conocido nada más. En este caso, más que decir que son creyentes de teorías falsas, sería más razonable decir que sufren el síndrome de Estocolmo, pues sus mentes han sido secuestradas desde que nacieron y adoctrinadas para creer con rotundidad que los burros vuelan.

Desgraciadamente, en la situación actual esta generación prefiere que les corten un brazo, antes que poner los pies en el suelo, asumir la realidad y responsabilizarse de las consecuencias de sus actos.

EL CALENTA-MIENTO GLOBAL

Esta religión actúa igual que la Iglesia Católica, eleva a palabra de Dios lo datos que benefician su estafa y condena a la hoguera a todos los que le llevan la contraria como apócrifos.

También utiliza el sentimiento de culpabilidad de la plebe para que expíen su culpa soltando generosamente su pasta en aras de la causa. Que inmolen el producto del sudor de su frente en el altar del sacrificio al Dios CO2.

Debido a que el calentamiento cada día es más dificil de creer, se le ha cambiado el nombre al santo patrón y ahora le llaman cambio climático.

El Papa de esta religión es Al Gore, que contamina más en un mes de su vida de pecado climático que yo en toda mi vida.

LA LEY DE VIOLENCIA DE GÉNERO

Casi nadie se atreve a hablar de este tema, pues han sido amamantados con el “pensamiento políticamente correcto”, pero como yo sigo pensando que soy un ser libre, y creo en la libertad de expresión, cuando veo injusticias, inmoralidades o discriminaciones, suelo decir lo que pienso.

Cualquier observación que haga alguien sobre esta ley absurda, inconstitucional, discriminatoria, que conculca la presunción de inocencia y que exime al que acusa de la carga de la prueba, es respondida automáticamente con los insultos de facha, machista, etc.

Mi opinión es que el fin no justifica los medios, sino que el fin siempre es la prolongación de los medios que se hayan usado.

La desigualdad no se soluciona desigualando el otro platillo de la balanza.

La discriminación no termina imponiendo otra discriminación, aunque se la califique de positiva.

La violencia no se termina cometiendo injusticias, pues las injusticias flagrantes cometidas sobre personas con una mente inmadura suelen desembocar en más violencia empujada por la sed de venganza.

Todas las instituciones que viven y recaudan millones con la religión de género no están interesadas en que termine dicha violencia, pues supondría su desaparición. Por eso se comportan igual que la Farmafia: proponen tratamientos que nunca erradicarán la enfermedad, sino que mantendrán a la víctima dependiente de ellos.

Hay muchas formas de intentar reducir la violencia entre hombres y mujeres, pero generar injusticias no es una de ellas.

Ahora se ha aprobado un presupuesto de mil millones para esa causa. Yo que vivo de hacer pronósticos, voy a pronosticar que, a pesar de ese dineral, dentro de cinco años el número de mujeres asesinadas no habrá descendido en absoluto. Mi predicción la baso en dos razones fundamentales:

1 – El dinero no se va a destinar a cosas útiles que podrían ayudar, sino a alimentar al monstruo que vive del presupuesto y que se dedica a perpetuarse a sí mismo.

2 – El número de mujeres que mueren a manos de sus parejas es de los más bajos del mundo, y reducirlo a cero es imposible. Aunque todos los hombres fueran un dechado de virtudes, siempre hay alguien que tiene una mala borrachera o un mal viaje de drogas, y mata a su mujer como podría haber matado al vecino del quinto si se hubiera encontrado en su casa. Otro motivo comprobado que produce violencia es el consumo de psicofármacos, que la gente toma como si fueran gominolas.

Si se dedican mil millones para erradicar algo que provoca 50 muertes al año, ¿cuántos millones habría que presupuestar para prevenir la muerte de 68.000 personas que mueren al año por obesidad? ¿O es que estas muertes son de ciudadanos de segunda clase? ¿Cuántos recursos se deberían destinar para controlar y vigilar los medicamentos, que suponen la tercera causa de muerte?

Si alguien tiene alguna objeción que hacer a mis desvaríos, algún estudio científico que mostrar que contradiga este artículo o prefiera insultarme directamente, los atenderé a todos gustosamente en los comentarios.

Drogas peligrosas poco conocidas: la irresponsabilidad

Hay drogas legales y otras ilegales. Salvo las diferencias juridícas, los desperfectos que causan a la salud son bastante parecidos.

Hay otro tipo de drogas que, como no se compran ni hace falta el acto de consumirlas para provocar sus efectos, nadie las clasifica como drogas duras, aunque sus efectos pueden llegar a ser mucho más devastadores que las drogas duras clásicas.

Hoy vamos a analizar la droga de la irresponsabilidad. El consumo de esta droga produce unos placeres difícilmente clasificables y muy difíciles de explicar.

Se podría decir que la persona totalmente irresponsable se encuentra bajo los efectos que le proporcionarían varias de las otras drogas conocidas, como si las hubiera tomado todas a la vez:

  • – Se evade de la realidad mucho mejor que lo haría con grandes dosis de alcohol o chutándose caballo.
  • – Pasa olímpicamente de las consecuencias, como si estuviera colocado de porros hasta el culo.
  • – Vive con intensidad las tonterías que hace como si hubiera esnifado cocaína estando conectado en vena a un gotero de café.
  • – Puede sentir el placer y revivir la alucinación de sentirse en paz y protegido como si siguiera en el útero materno. Exactamente igual que si hubiera tomado L.S.D.

Como el adicto a la irresponsabilidad mantiene intactas sus facultades mentales, cuando los que lo quieren le dicen que debe ser responsable, lo entiende e intenta seriamente responsabilizarse de sus actos. Pero casi ningún adicto consigue salir de esta terrible droga. Apenas empieza a ser responsable, el síndrome de abstinencia de los placeres de la irresponsabilidad convierten su vida en un infierno.

  • – Al no poder escapar de la realidad para vivir dentro de su fantasía, la vida se convierte en monótona, gris e insoportable.
  • – El tener que rendir cuentas de cada uno de los actos, limita su libertad y le hace sentirse enjaulado como una fiera.
  • – La responsabilidad le obliga a tomar decisiones sobre temas importantes, sin poder delegar en los “expertos” que pululan en cada una de las facetas de la vida. De todas las sensaciones desagradables que le produce el “mono” de irresponsabilidad, la de tener que tomar decisiones es la peor: si toma decisiones, sabe con seguridad que en algunas de ellas se va a equivocar y, como no ha podido delegar, tendrá que asumir el error y la culpa de su mala decisión. Esa sombra de la certidumbre de tener que admitir sus errores, que cuelga sobre su cabeza como una vulgar espada de Damocles, con el tiempo va minando su entereza y lo va sumiendo en un caos psicológico y emocional.

Si tiene la mala suerte de verse obligado a tomar decisiones sobre otras personas a su cargo (personas sin sus facultades mentales o niños pequeños), el adicto tirará la toalla y recaerá en su adicción sumergiéndose hasta el cuello en un baño de irresponsabilidad. Inmediatamente buscará a cualquiera que diga que es “experto”, y delegará la toma de decisiones de la vida de sus allegados en el recién conocido “experto”. Para el adicto, dicho “experto” sólo representa un bote salvavidas que lo rescata de las profundidades del “mono” de responsabilidad del que no podía sacar la cabeza, así que la cualificación del “experto” para el adicto es un tema trivial. Cuando te estás ahogando, no te pones exigente con el color o la marca del salvavidas.

Lógicamente, los intentos de ser responsable con sus horribles experiencias dejarán en el adicto una huella inborrable, como ocurre con un toro resabiado. Las próximas veces que las circunstancias de la vida lo empujen al callejón sin salida de tener que actuar responsablemente, se proyectarán en la mente del adicto las insufribles experiencias anteriores del síndrome de abstinencia, y se zambullirá en la piscina de la irresponsabilidad sin pensarlo dos veces. La posibilidad de que esté en juego su vida o la de personas allegadas no influirá lo más mínimo en su firme propósito de no abandonar su refugio en el que se acomoda en la posición fetal.

Como vivir dentro de una fantasía puede ser divertido, pero tarde o temprano se impone la realidad, llegará un momento en el que el adicto no podrá seguir siendo irresponsable. La falta de planificación o las malas decisiones de los “expertos” lo habrán abocado a una situación insostenible, y se verá obligado a responsabilizarse de su vida o asumir unos riesgos muy altos de acabar muerto o arruinado.

El lector pensará que el adicto, cuando se enfrente a su propia muerte, cogerá las riendas de su vida y tratará de salvarse. El que piense eso se equivocará el 99% de las veces.

El adicto puede llegar al punto de no retorno por diferentes e importantes facetas de su vida: puede haber arruinado su salud o la de familiares a su cargo. Puede haber llegado a la insolvencia económica por no ocuparse de las finanzas familiares. Puede haber arruinado la vida de sus hijos por no tomar las decisiones adecuadas en su educación. Puede perder el amor y la amistad de personas que le querían.

Como se puede ver, la vida destrozada de un adicto a la irresponsabilidad no se diferencia mucho de la de un yonkie. Los desperfectos de las drogas duras son muy contundentes, incluso en las drogas que no necesitas buscar un camello para comprarlas.

¿Qué hará el adicto cuando la vida lo ponga al borde del precipicio? Desgraciadamente, casi siempre escogerá la peor opción: la huida hacia adelante.

La huida hacia adelante se puede presentar de varias formas, pero con los mismos desastrosos resultados en todos los casos:

  • – El adicto se sume en una profunda depresión. Prefiere vivir como un vegetal siendo irresponsable, que coger las riendas de su vida y sufrir el infierno del síndrome de abstinencia.
  • – Si el adicto debe tomar una decisión a vida o muerte sobre su salud, prefiere delegar esa decisión en el celador que le empuja la silla de ruedas. Como dice la canción, antes muerto que responsable.
  • – Si el problema es económico, prefiere ir a comer a la beneficiencia, pedir limosna a la puerta de la iglesia o pedir ayudas al asistente social, pues todas esas cosas no le impiden seguir sumergido en su placentero baño diario de irresponsabilidad.

Como he dicho algunas veces, si la solución fuera dejarse cortar el brazo derecho, se salvaría bastante gente, al fin y al cabo sin el brazo se puede hacer una vida bastante normal. Pero si para tener una vida digna hay que coger las riendas de la vida y hacerse responsable de la salud, del dinero, de las relaciones familiares, de la educación de los hijos, y defender la libertad como un derecho irrenunciable, desgraciadamente no se salva casi nadie.

Cómo hacer el triple salto mortal con el razonamiento

En los comentarios ha salido muchas veces el tema de razonar en diferentes grados. Es un tema sencillo de hacer y complejo de explicar. Lo intentaré, a ver qué sale.

Antes de sacar el juguete del razonamiento de la caja, es conveniente hacer algunas advertencias y recomendaciones:

El razonamiento es un arma de doble filo. Usando correctamente el razonamiento se pueden poner los cimientos para vivir con una dicha inmensa. Si el razonamiento se usa mal, de forma incompleta, dando como bueno lo que dice la tele, terminando de razonar abruptamente por pereza, aceptando la conclusión más sencilla porque se hace tarde para ir al bar con los amigos, etc., la espiral de sufrimiento y desdicha que se logrará con su uso será exponencial.

Lo primero que hay que hacer notar es que la especie humana no ha empezado a razonar de manera natural. Nuestro razonamiento ha sido provocado por algún hecho desconocido, pero totalmente artificial. No tengo ni idea cómo empezó, pero puedo imaginar algunas posibilidades: Sigue leyendo