Archive for the ‘Defectos y virtudes’ Category

Por qué las personas tienen defectos de nacimiento y los animales salvajes no

Es curioso que los animales salvajes siempre hacen lo que deben hacer. Nunca hacen nada que perjudique a su salud, a su especie, a sus crías, a la naturaleza o al propio planeta.

En cambio, la mayoría de los seres humanos, ni una vez en toda la historia ha hecho lo que más les convenía. Como si estuvieran influidos por una maldición, las personas siempre escogen la opción que más daño va a causar, tanto a ellos mismos como a sus descendientes, y si pudieran destruirían toda la galaxia.

La gran diferencia entre personas y animales obedece a los defectos que los humanos traen de fábrica y que los animales no tienen. Si buscamos la razón de esta enorme diferencia enseguida la encontramos: los animales no pueden razonar y las personas nacen con el defecto de poder hacerlo. Si el razonamiento se usara correctamente no sería un defecto, pero como desde el principio se ha usado mal, ha sido el causante de que seamos la única especie enferma, acomplejada, débil, destructiva, amargada, ignorante, que anda con prisas sin saber a dónde va.

¿POR QUÉ RAZONAN LOS HUMANOS Y LOS ANIMALES NO?

Es evidente que los humanos no llegaron a razonar a través de la evolución, para eso se necesitarían unos cuantos cientos de millones de años.

Tenemos ejemplos de algunos primates que después de varios millones de años de evolución empiezan a hacer razonamientos sencillos, como usar un palo o una piedra para romper nueces. Y quizá ni siquiera se puedan encuadrar esas acciones dentro del razonamiento, sino que puede que haya sido un aprendizaje que se transmite por imitación.

El nivel del potencial del razonamiento humano, aunque no se use o se use mal, necesitaría cientos de millones de años de evolución. Por tanto, hay que admitir que el razonamiento nos ha llegado debido a una mutación por un hecho traumático (cosa poco probable), o nos ha sido implantado artificialmente por otros seres.

Quién nos ha implantado el razonamiento y para qué, a estas alturas de la película para nosotros carece de importancia, pero podemos esbozar algunas posibilidades como un divertimento. Sigue leyendo

Cómo llegar a los cien años sin meter la pata

Como dije en el artículo La gente no muere, se mata, para alcanzar la edad a la que deberían llegar todos y que no llega casi nadie, es más importante no cometer errores de bulto que cuidarse. Si la gente muriera de muerte natural, podríamos llegar a la conclusión de que si no han vivido más años es porque no se han cuidado lo suficiente. Pero, como nadie muere de muerte natural, quiere decir que casi todos han cometido un error que les ha acortado la vida. Por tanto, si queremos vivir la cantidad de años para los que estamos diseñados, tenemos que poner más atención en no cometer errores que en llevar una vida sana. No estoy diciendo que una vida sana no sea necesaria para vivir más de un siglo, sino que la vida sana no es suficiente si cometemos errores que acortan sustancialmente los años de vida que hubiéramos disfrutado sin cometer dichos errores.

He visto cientos de personas a mi alrededor arruinar su vida o destrozar su salud al cometer errores de bulto que no hubieran resistido el más mínimo razonamiento lógico. Repasemos un listado de los errores más graves:

LOS TRATAMIENTOS MÉDICOS SON LA TERCERA CAUSA DE MUERTE

Los estudios oficiales dicen que son la tercera causa de muerte, pero yo no estoy de acuerdo. Mi afirmación se basa en que las dos causas de muerte que van delante, han sido provocadas en un porcentaje muy alto por falsos diagnósticos, tratamientos absurdos e inadecuados, y la aplicación de medicina de guerra para tratar síntomas irrelevantes. Sigue leyendo

Las maneras útiles, inútiles o desastrosas de ayudar a los demás

Hace muchos años que ya no está de moda ser religioso, pero la hipocresía de la gente no ha cambiado nada: la inmensa mayoría quiere seguir aparentando que son buenas personas a pesar de ser ateos. Quieren demostrar que son solidarios, que ayudan a la gente, que luchan contra la injusticia y que no toleran la desigualdad.

El problema es que todas esas intenciones tratan de materializarse con razonamientos en primer grado. Como se ha dicho muchas veces, los razonamientos en primer grado suelen propiciar acciones inútiles o peligrosas que muchas veces producen más daño que beneficio.

Casi nadie es capaz de entender los efectos encadenados que producirán cada una de sus acciones a lo largo del tiempo. Todos toman las decisiones con la vista puesta en el efecto inmediato, en el resultado obvio imaginado, como si su acción pudiera desarrollarse en un tubo de ensayo completamente aislado de la realidad y no tuviera interacciones con el resto de la sociedad.

Desgraciadamente, cualquier hecho, aparentemente sin importancia, puede ser magnificado y producir unos resultados devastadores. Es lo que comúnmente se llama el efecto mariposa.

A la potencia devastadora del efecto mariposa se une el peligro destructor de cualquier fanático bienintencionado, de los que pululan en grandes cantidades. Lo peor del fanático bienintencionado es que, como cree firmemente que está haciendo un bien inmenso a la humanidad, no cree necesario tomar precauciones o poner límite a sus acciones. Si después de una sesión de quimio el “paciente” se pone peor, el fanático piensa que se ha quedado corto y le receta el doble. Ante el fracaso no corrige, sino que se envalentona.

Aunque el lema de este blog dice: “Nadie puede impedir que los ignorantes sufran”, como soy egoísta y quiero dormir a pierna suelta por las noches, pongo en práctica un consejo de Samaniego que dice lo siguiente: “Todo varón prudente aconseja en tiempo conveniente, pues es hacer de la ciencia vano alarde, dar el consejo cuando se llega tarde”.

Así que voy a dar unos cuantos consejos antes de que la especie humana se extinga, aunque sólo sirvan para mi paz onírica.

Voy a poner unos ejemplos variados, para poder hacer el seguimiento que las acciones producen en personas y situaciones aparentemente sin ninguna conexión.

EJEMPLO 1 – AYUDAR A LOS NIÑOS AUTISTAS Sigue leyendo

Los seres humanos y su eterna búsqueda de la magia

A todos los niños se les hace creer en fantasías: los Reyes Magos, Papá Noel, el hada de los dientes, las vacunas que protegen, el pediatra que sabe lo que hay que hacer, la leche hace los huesos fuertes, el flúor impide las caries, las medicinas curan, etc.

Cuando crecen un poco más, se les añaden otras fantasías mucho más peligrosas: les enseñan a exigir sus derechos sin mencionar nunca sus obligaciones, les dicen que el estado de bienestar actual es sostenible y hay que aumentarlo, piensan que un país se puede endeudar sin límites, les dicen que son la generación sobradamente preparada, creen que Rajoy no quiere aumentar las pensiones porque las paga de su bolsillo, piensan que si meten unos impuestos confiscatorios a los ricos los van a pagar, piensan que viven en una democracia y el poder reside en el pueblo, están seguros que el Telediario nunca dice mentiras, piensan que la medicina oficial salva millones de vidas aunque oficialmente sea la tercera causa de muerte, creen que la quimio cura el cáncer, y todos ven correcto que a los hombres españoles se les haya quitado la presunción de inocencia.

Si llegan a los 30 años sin haber vivido nunca ni un sólo día fuera de ese mundo de fantasía, es lógico que piensen que dicha fantasía es lo único real. Si alguien les dice que en el mundo real nadie regala nada y que por cada acto inmoral se sufren unas consecuencias, como no les gusta el mensaje, recurren a la costumbre atemporal de matar al mensajero. Como matar resulta desagradable y ensucia las manos, ahora se recurre al insulto y a la denuncia por decir cosas que crean alarma social y son delito de odio. Esto cierra el círculo de ignorancia autoimpuesta del que no hay salida. Sigue leyendo

La gente no muere, se mata

El título es un viejo dicho que parece absurdo pero que está cargado de razón.

De todas las personas de mi alrededor que he visto morir, prácticamente ninguna murió de muerte natural o porque no había ninguna solución a sus problemas. Todas fueron víctimas de sus propias decisiones erróneas. Muchas de ellas fueron tremendamente persistentes en sus errores hasta que la naturaleza les pasó la última factura.

No hace falta mencionar que todas sin excepción desoyeron los consejos que hubieran impedido el fatal desenlace, y se encaminaron irresponsablemente por el camino equivocado.

Aunque no le vaya a ser de utilidad a nadie, voy a enumerar la lista con las maneras más habituales que tiene la gente de suicidarse por capítulos. Pongo los temas por orden de gravedad.

1 – Aunque a la mayoría le parezcan inofensivos, puede que la decisión más peligrosa para su vida que puede tomar una persona es hacerse un chequeo o cualquier prueba, análisis, radiografías, etc., si cuando va a que se lo hagan está completamente sano y no tiene ningún síntoma. Sigue leyendo

El cuento de los “vadegros” y su curiosa costumbre

Había una vez un planeta en una galaxia muy lejana, en el que vivían unos seres muy influenciados por las opiniones de los demás. Formaban una sociedad acomplejada, débil, enfermiza y, lo peor de todo, adoctrinada por media docena de espabilados que habían aprendido a manejar los defectos de esos seres para empujarlos a cometer los mayores desvaríos, con la misma impunidad que se conduce a una manada de borregos camino del matadero.

Hablamos de unos ciudadanos que habían sido despojados de su dignidad, de su amor propio, de sus instintos de supervivencia, y hasta de los valores fundamentales para la convivencia. Habían perdido hasta el más elemental instinto que tienen todas las criaturas de defender a sus hijos. Les contaron que los niños tenían que ser inoculados con venenos para que no enfermaran, y los integrantes de esa sociedad idiotizada hacían cola con sus hijos para cometer semejante sacrilegio con la sangre incontaminada de sus retoños.

El mayor problema de estas gentes es que no tenían ninguna autoestima. Les habían convencido de que todo lo que les gustaba era pecado, o era inmoral, o era de mala educación, o estaba mal visto en las redes sociales. Como no encontraban en sí mismos nada que les gustara, buscaban desesperadamente la aprobación de los demás. Si conseguían ser aceptados en algún grupo numeroso, podrían presumir de ello y vanagloriarse de las hazañas grupales como si fueran propias.
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Compre la felicidad ahora que está de oferta

El presente es la prolongación de nuestras buenas o malas decisiones en el pasado y, dependiendo de las cosas que hagamos hoy, nuestro futuro será más o menos dichoso. O sea, si quieres ser feliz el mes que viene, no hagas las cosas mal o tomes decisiones inmorales esta semana.

Mucha gente cree que el Karma o la ley de causa y efecto hace que las obras buenas o malas que haces en esta vida influyan en tu sufrimiento o felicidad en la vida siguiente. Yo comprendo a los que tienen esa creencia: como la mayor parte de lo que hacen, saben interiormente que es inmoral, se consuelan creyendo que no les van a pasar la factura hasta la siguiente vida. Desgraciadamente para ellos, las leyes universales no facturan a un plazo tan largo.

Hay otros que creen que, aunque hayan cometido actos inmorales, se pueden confesar y todo queda borrado, lo cual es un chollo, pues una vez que les han vaciado el depósito de los pecados, lo pueden llenar de nuevo a la semana siguiente y volver a confesarse el domingo. Sería muy bonito, pero la naturaleza tampoco acepta este tipo de cambalaches.

La desagradable realidad es que cada causa lleva adosado su efecto de forma inseparable. La causa y el efecto no son dos acciones separadas. La ejecución de la causa desencadena el efecto de forma irreversible. Como las consecuencias del efecto no se perciben de forma inmediata, sino que se realizan en el futuro, da la sensación de que las dos acciones están separadas, pero están indisolublemente juntas. Aunque las consecuencias de una acción ocurran en el futuro, nadie puede impedir que ocurran, pues una vez desencadenadas el efecto es irreversible. No hay que esperar a la otra vida, y la confesión no detiene las consecuencias. Sigue leyendo