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Tratamiento dietético de la Esclerosis Múltiple

La mayoría de los profesionales de la salud descartan la idea de que la esclerosis múltiple (EM), una enfermedad degenerativa del sistema nervioso, pudiese estar relacionada con la dieta. Les parece ridículo que una enfermedad tan misteriosa pueda verse afectada por algo tan simple. Antes que buscar respuestas en la cocina, la clase médica espera que la curación de la EM provenga de la investigación de alta tecnología que determinará con precisión algún culpable – un virus, quizás, o un defecto imprevisto del sistema inmunitario.

Sin embargo, cuando pregunto a los médicos y dietistas sobre las pruebas contundentes que demuestren que la dieta no tiene nada que ver con la causa o la curación de la EM, generalmente aparecen con las manos vacías. Quisiera ver algún estudio diciendo que la dieta no vaya a ayudar a los afectados por la EM. De hecho, todas las pruebas científicas existentes apuntan a la dieta como la estrategia más útil.

La esclerosis múltiple es la enfermedad neurológica inflamatoria degenerativa más común en los EE.UU., afectando a personas principalmente entre los 15 y los 55 años. Se caracteriza por diversas lesiones –áreas dañadas– sobre las células nerviosas del cerebro y/o de la médula espinal. Las lesiones son reemplazadas por tejido cicatrizado, lo que provoca la interrupción del funcionamiento de los impulsos nerviosos. Los casi 500.000 norteamericanos con EM padecen ataques recurrentes sobre el sistema nervioso que les privan de diversas funciones y sentidos. Un ataque puede arrebatar la vista del afectado; el siguiente puede provocar la pérdida del control sobre la vejiga urinaria; unos meses después, pueden perder la fuerza en un brazo o una pierna. Tras 10 años con la enfermedad, la mitad de los afectados por EM están severamente discapacitados – postrados en la cama, en silla de ruedas o incluso peor.

La EM es frecuente en Canadá, EE.UU. y Europa del Norte, pero rara en Africa y Asia. Cuando las personas emigran de un país con una incidencia baja de EM (lo cual inevitablemente modifica su estilo de vida y su forma de alimentación), su riesgo de contraer la enfermedad se incrementa. Muchos estudios han investigado los factores ambientales que podrían explicar esta diferencia de frecuencia de la enfermedad entre las distintas poblaciones. El principal factor parece ser el contacto más directo que tenemos con nuestro entorno: nuestra ingestión diaria de alimentos.

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