Archive for the ‘Libros recomendados’ Category

Nuevo libro de Ibn Asad: La rueda de los cuatro brazos

Después de leer su último libro La danza final de Kali  (Aquí se puede descargar), esperaba impaciente tener en mis manos este nuevo libro que el autor me anunció en uno de sus correos.

Voy por la mitad de La rueda de los cuatro brazos, pero no he podido esperar a terminarlo para recomendar su lectura. Personalmente pienso, y así se lo he dicho al autor, que sus libros son un maravilloso regalo que le ha hecho a la humanidad. Aunque la especie humana no los dé por recibidos, no importa, el valor sigue siendo incalculable.

A pesar de lo mucho que me está gustando este libro, me siento obligado a hacer una advertencia: a todos aquellos que no tengan engrasadas las bisagras para abrir la mente a senderos poco hollados y hayan sido entrenados para comulgar con ruedas de molino administradas litúrgicamente por los científicos, antropólogos, darwinistas y pasteurizados, los libros de este brillante autor no les van a gustar nada.

Todos los que son felices deglutiendo el telediario y sincronizándose con lo “políticamente correcto”, los que creen que los que mandan se desvelan por el bienestar de sus súbditos y los que piensan que lo peor ha pasado, no deberían leer los libros de Ibn Asad. Les va a repatear mucho tener que admitir que les han estado tomando el pelo desde antes de que les creciera por primera vez.

Para los que decidan seguir con su tranquila vida y no meterse en berenjenales de leer libros que les pueden provocar algún trauma, les recomiendo que se pongan al día mirando el telediario. Lo “políticamente correcto” cambia muy a menudo y te puede pillar descolocado: lo que hace treinta años se hubiera considerado como “un hombre de bien”, hoy sería catalogado como un “machista repugnante”. De ahí la necesidad de ver el telediario como una puesta a punto social, de esa forma se evitará ser señalado como un desaprensivo por la excelsa mayoría.

Aquí se pueden comprar los magníficos libros de Ibn Asad. Cuando La rueda de los cuatro brazos esté disponible para descargarlo gratuitamente, ya lo pondré en este blog.

En los siguientes vídeos, Ibn Asad habla sobre la actualidad. Curiosamente, en el segundo vídeo dice lo mismo que puse el jueves en este post:  Varias maneras de aprovechar el colapso del dólar

 

 

 

 

 

El Tribunal Constitucional niega el derecho a educar a los hijos en casa

El Tribunal Constitucional no reconoce el derecho de los padres a escoger para sus hijos la educación que crean conveniente en su propio domicilio.

Hay dos parejas que educaban en casa a sus hijos, a las que se les ha desestimado el recurso de amparo interpuesto. La Fiscalía ha pedido al Juzgado la inmediata escolarización de los pequeños. Sus hijos hablan cinco idiomas, saben música y reciben clase de matemáticas, ciencias y lengua, así como educación ética.

El Juzgado de Coín (Málaga) ha ordenado escolarizar a los menores diciendo que la exclusión del sistema oficial puede generar a los menores serios problemas en su desarrollo.

No me sorprende en absoluto esta postura, pues el objetivo es el atontamiento deliberado de la juventud mundial. Precisamente con ese título hay un libro muy interesante que explica los métodos que se emplean para conseguirlo. Desgraciadamente sólo está en inglés.

Pinchar aquí para descargarlo. (Después de unos segundos, pulsar en regular download y luego en slow download).

Abajo podemos ver un vídeo interesante de la autora del libro.

Llueve sobre mojado, hace pocas semanas un juzgado obligó a unas docenas de padres a vacunar a sus hijos contra su voluntad. Curiosamente también ocurrió al norte de África.

¿Qué será lo próximo? ¿Nos obligarán a cantar el “cara al sol” o la internacional? Seguramente la próxima imposición absurda será la prohibición de plantas medicinales y la irradiación de las frutas y verduras. Hace un año que se aprobó el Codex Alimentarius y van a por todas.

Todo esto que parece malo a mí me parece estupendo. La gente tiene unas tragaderas muy anchas, pero van a conseguir que se atragante, y a lo mejor entonces ocurre algo interesante.

La Danza final de Kali

Recomiendo la lectura de un magnífico libro que estoy acabando de leer: La Danza Final de Kali. Ésta es la Web del autor

 

Hace una síntesis rigurosa y documentada de los oscuros motivos e intenciones que mueven a los amos del mundo. Toca todos los palos con una profundidad admirable, sin que por ello se haga la lectura engorrosa o menos comprensible.

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Copio un fragmento del capítulo sobre la salud, aunque recomiendo encarecidamente leer el libro entero.

Aquí se puede descargar. (Después de unos segundos, pulsar en regular download y luego en slow download).

FRAGMENTO DEL CAPÍTULO

Mientras la ciencia moderna se desarrollaba a lo largo del siglo XIX, la industrialización crecía de la mano de este desarrollo científico. Se trataba de la “era industrial”: un nuevo paradigma de relación con la naturaleza. En el siglo XIX, la naturaleza deja de ser y crear; en el siglo XIX, la naturaleza “funciona” y “produce”. Como materialización de ese funcionamiento y producción se encuentra la “máquina”, como quinta esencia del paradigma industrial. A tal éxito llega la industrialización y sus máquinas, que éste influye en la percepción que el ser humano tiene de sí mismo. La comparación del cuerpo humano con una máquina se interpreta cada vez más adecuada.

La “fisiología” estudia “el funcionamiento de la naturaleza”. La “anatomía” estudia el cuerpo humano dividido y estructurado en “sistemas” (sistema nervioso…) y “aparatos” (aparato digestivo, aparato reproductor…). La misma medicina moderna se desarrolla con este mismo paradigma: el ser humano sano funciona y produce adecuadamente; el ser humano enfermo deja de funcionar y producir. Los términos industriales “funcionamiento” y “producción” están ligadísimos a otro: “utilidad”.

Así, la salud interesará a la medicina moderna en la medida en la que ésta hace que el ser humano se valore como útil. Es por ello, por lo que -incluso actualmente- a un enfermo se le llama administrativamente “inválido”, es decir, etimológicamente, “el que no vale”. No es casual que los primeros servicios médicos gubernamentales (los prototipos de lo que más tarde sería la “sanidad pública”) se aplicaran a trabajadores industriales, obreros siderúrgicos y mineros. Los primeros funcionarios públicos sanitarios (médicos, enfermeras…) decidían qué obrero estaba “sano” (es decir, cuál podía trabajar, podía funcionar, era “productivo”), y cuál no.

En la era industrial, “saludable” es aquel hombre que puede trabajar, e incluso existe un proverbio común a diferentes lenguas europeas que ilustra todo esto: “trabajar es salud”.

Este es el contrato entre el poder político y la medicina moderna; y costará encontrar argumentos para asegurar que actualmente las cláusulas de este contrato han cambiado mucho. Ante esto, los actuales médicos y entusiastas progresistas dirán: “Ah, esto era en el siglo XIX… Ahora es diferente.” Nosotros respondemos: Sí, en efecto; el concepto de salud del siglo XX cambió ligeramente… ¡de mal a peor! Si la salud es el estado propio, natural e inherente al ser humano, en el siglo XX este concepto será robado, apropiado, violado, comercializado y vendido por la industria al servicio de la fuerza infrahumana. ¿Qué ha hecho la modernidad con la salud? ¿Qué entienden las máximas autoridades sanitarias por salud? ¿Cómo la definen? ¿Tienen incluso vergüenza para atreverse a dar una definición? Sí, la tienen; he aquí su vergüenza:

Concepto y definición de salud según la modernidad

Parece innegable que al contemporáneo le “preocupa” la salud: tiene seguros de salud, planes de salud, chequea su salud, hace cosas que le han dicho que son “buenas” para la salud… El ciudadano moderno sólo puede vivir la salud como una “preocupación”, como algo por lo que tener “cuidado” (en inglés, “health care”). Si al ciudadano medio sólo se le permite preocuparse por la salud, ¿quién se ocupa entonces de esa salud? Los trabajadores (en inglés, “occupation”) del área de la salud, las “autoridades sanitarias”, los “profesionales” de la salud. ¿Dónde se autorizan estos profesionales? En la estructura universitaria (presentada en el Capítulo 9), la cual se apoya en la ciencia moderna. ¿Cuál es el valor de esta autoridad? Antes de responder a esta pregunta resultaría conveniente cuestionarse si esta autoridad sabría decir sobre qué tiene autoridad, en este caso, la “salud”. La ONU dispone de una serie de plataformas -a cada cual más infame- que se encargan de áreas específicas de la política mundial: UNESCO (cultura y educación), UNICEF (infancia), FAO (alimentación), UNODC (drogas), FMI (economía)… Si la ONU aspira a representar una institución de gobernación mundial, estas plataformas serían una especie de distorsión extrapolada de la división ministerial del estado moderno. Una de estas plataformas sería la dedicada a la “salud”, la “Organización Mundial de la Salud” (OMS), que antes de la Segunda Guerra Mundial, en la Sociedad de las Naciones, se llamaba “Comité de Higiene”. La palabra “higiene” tomó unas connotaciones un tanto macabras después de la Segunda Guerra Mundial, pues eugenistas (nazis y aliados) acostumbraban a utilizarla con mucha ligereza. Por lo tanto, si el “Comité de Higiene” de la SDN se convirtió en la “Organización Mundial de la Salud” de la ONU, resulta comprensible pensar que la “salud” de la OMS sea equivalente a la “higiene” de principios de siglo XX. No obstante, la misma OMS redactó una “definición” de lo que se supone que a partir de 1948 pasaron a “organizar”: “Salud es el estado completo de bienestar físico, psíquico y social, además de la ausencia de todo tipo de enfermedad.” La primera proposición ya nos dice que la OMS concibe la salud como un “bienestar”, y resulta interesante comprobar que esta voz dé después nombre a uno de esos absurdos conceptos sociológicos: la “sociedad del bienestar”. Pero sin duda es la segunda proposición de la definición la que más nos interesa: “además de la ausencia de todo tipo de enfermedad”. ¿Qué necesidad hay de decir esto? ¿Es tan sólo una estupidez utilizar la palabra “enfermedad” para definir la “salud”? Imaginemos a alguien que dice con solemnidad que “la luz es lo que no se ve cuando hay oscuridad”. ¿Estaríamos ante un idiota? Muy probablemente. Sin embargo, la máxima autoridad sanitaria de la modernidad necesita utilizar la “enfermedad” en la definición de lo que trata. ¿Por qué? Lo que requiere ser “organizado mundialmente” no es tanto la “salud” (que parece que nadie sabe decir qué es), sino las enfermedades.

Son las enfermedades las que dan sentido a la existencia de una autoridad sanitaria; sin enfermedades, no habría salud que organizar, y no habría OMS, y no habría todo un Establishment sanitario enriqueciéndose a través de corporaciones farmacéuticas, ministerios de sanidad, universidades, ONG´s… ¿Por qué la profesión de médico moderno tiene un status social superior a un alfarero, un carpintero o un herrero? Porque la medicina moderna ha sido un gran colaborador en el proyecto de la modernidad, porque el poder político siempre ha contado con ella para sus planes, porque el sistema económico siempre ha cuidado y agradecido su utilidad. La medicina moderna –como el negocio que es- necesita de la enfermedad como el panadero necesita de harina.

Si un negocio se optimiza hasta los límites alcanzados en el neoliberalismo que en pleno siglo XXI se pueden evaluar, se comprobará que el interés de la medicina moderna no sería curar, sino hacer la enfermedad crónica, permanente, o –al menos- siempre rentable. El “paciente” se convierte en “cliente” en el momento en el que paga dinero por un servicio médico. ¿Cuántas formas tiene un médico moderno de perder un cliente? Dos: la curación y la muerte. Por lo tanto, se evitarán las dos a cualquier precio. Los tratamientos tenderán a ser prolongados, las altas médicas tenderán a postergarse, y las enfermedades tenderán a hacerse crónicas. ¿Resulta difícil de digerir este concepto de “salud”? Imagínese el lector a un empresario que tiene un negocio de exterminio de ratas en una ciudad. Hay otras dos o tres empresas como la suya en la misma ciudad. Por lo tanto, hay que aplicarse a fondo en la eliminación de las ratas, pues la competencia es grande. El empresario se dedica a matar ratas, e intenta matarlas con eficacia. ¡Pero eso no quiere decir que sueñe con exterminar completamente a las ratas! ¡Eso sería una pesadilla y el fin del negocio! Entendiendo esto, resulta muy factible que si el empresario puede colaborar en la propagación de una plaga de ratas, él lo hará… Todo esto ilustra la importante materia que se aborda a continuación.

La industria farmacéutica

Como mayor exponente de esa comercialización de la salud al servicio de la optimación utilitarista de la enfermedad, nos encontramos a la industria farmacéutica (o quizá con más rigor, a las “industrias farmacéuticas”). La industria farmacéutica resulta ser una “industria”, con un adjetivo calificativo que define cierta peculiaridad (es decir, es “farmacéutica”). No destacamos esta perogrullada por capricho: la industria farmacéutica es –pues ese es su nombre- una industria compañera del resto de industrias modernas (la industria automovilística, la industria bélica, la industria alimenticia…), que comparten una misma estructura de producción, unos mismos objetivos económicos, y una misma función social en la modernidad. No sólo eso compartirán con las otras corporaciones industriales: las familias y nombres propios que se encuentran actualmente en las directivas y juntas de accionistas de las corporaciones farmacéuticas, se encontrarán en organigramas de corporaciones de los más variado (bancarias, automóvil, telecomunicación, petroquímicas…). Pero, aun compartiendo muchas cosas con sus hermanas industriales, la industria farmacéutica tiene una curiosa característica: produce y comercializa fármacos que –en principio- pretenden mejorar la salud. ¿Ya sabemos qué salud es esa? ¿Tal vez la ya definida por la OMS? Esta peculiaridad tiene como consecuencia tres puntos a tener en cuenta: La industria farmacéutica se beneficia de una colaboración estatal traducida en suculentos fondos públicos que se invierten en la “buena causa” de una industria privada. El segundo punto –relacionado con este contrato entre farmacéuticas y poder político- es la gran influencia que estas han adquirido en política. (Por poner un ejemplo, al menos cinco de las mayores farmacéuticas norteamericanas estás presentes en el CFR). El tercer punto a tener en cuenta es que todo esto hace que la industria farmacéutica alcance volúmenes de beneficio astronómicos. El lucro neto de las farmacéuticas en 2004 se valoró en 550.000 millones de dólares USA, y en los últimos seis años, los ingresos de la industria crecen anualmente a un ritmo que oscila del 4% al 9%.

Sólo la monstruosa Pfizer tuvo un beneficio de 11.360 millones de dólares (2004), y otras como GlaxoSmithKline o Merck le seguirían con cifras parecidas. ¡Vaya negocio esto de las drogas! ¡Vaya cantidades! ¿Qué industria es esta? La que produce y vende “salud” en pastillas, cápsulas, inyecciones, jarabes y supositorios. ¿Alguien adivina cuál es el origen de esta producción industrial?

Origen moderno de la industria farmacéutica:

Se puede enunciar con claridad: el origen de la industria farmacéutica es la Europa decimonónica, cuando algunos científicos hicieron las primeras síntesis químicas. En 1828, el químico alemán Friedrich Wöhler se proclamaba inventor de la síntesis química produciendo urea a través de un compuesto inorgánico, el cianato de amonio. Es decir, que el origen de la industria farmacéutica se encuentra en la producción artificial de algo que el ser humano siempre ha encontrado de forma natural en cantidades abundantes: el pis. Desde esa innovadora síntesis, laboratorios alemanes se lanzaron a la investigación farmacológica, dando a luz a los primeros fármacos sintéticos, principalmente analgésicos. El laboratorio Bayer produce en 1885, la acetofenidina, de la que posteriormente derivaría el paracetamol. Bayer también produce en 1889 el ácido acetilsalicílico (aspirina) que convertirán al laboratorio alemán en un gigante industrial que posteriormente pasará a llamarse IG Farben (y que participará activísimamente en la industria bélica). Resulta natural: ¿Cuándo encuentran las farmacéuticas un óptimo mercado potencial de enfermedad y dolor? Pues en la guerra. La Primera Guerra Mundial supone la primera gran revolución industrial farmacéutica: la investigación farmacológica se expande de Alemania, a Suiza, Bélgica, Francia, Reino Unido y Estados Unidos. Posteriormente se desarrollan los primeros fármacos anti-infecciones: IG Farben lanzan las sulfamidas, y una serie de laboratorios ingleses comienzan a fabricar la penicilina descubierta años atrás por Alexander Fleming. Howard Florey convence en 1940 a un laboratorio norteamericano para producir penicilina en cantidades masivas (tal y como si se prepararan para una guerra de proporciones inéditas): nace Pfizer, el laboratorio que se lucró produciendo penicilina para la Segunda Guerra Mundial y que –actualmente en 2010- es la corporación farmacéutica más potente del mundo. La Segunda Guerra Mundial (tal y como ocurrió con la eugenesia, la aviación, o con los medios de comunicación –Capítulo 13- ) resulta ser una alegre fiesta para la industria en general, y para la farmacéutica en particular: en cuatro años se inventa, se produce y se vende lo correspondiente a las anteriores cuatro décadas.

Tras la Segunda Guerra Mundial, las grandes farmacéuticas se lanzan a una carrera de investigación y desarrollo: antibióticos, antihistamínicos, analgésicos, somníferos, psicotrópicos, anestésicos… Primeramente toda esta investigación se lleva a la práctica con animales con una estructura orgánica semejante a la humana (ratones, perros, simios…) Los ensayos con animales ya delatan la esquizofrenia de la investigación farmacéutica: una empresa que –en teoría- se propone erradicar la enfermedad y el dolor de un ser, produce enfermedad y dolor a otro ser como medio práctico. El despreciable progresista moderno responde a esto: “¡Se trata sólo de animales! ¡Y así se salvan muchas vidas!” Nosotros respondemos: Sí, son animales, y son precisamente esos y no otros, porque su sistema nervioso es prácticamente igual al humano. La propia ciencia moderna donde se apoyan estas investigaciones asegura que la capacidad de sentir dolor de un ratón o un mono, es la misma que la de un ser humano. Sus sistemas nerviosos son casi idénticos. Ellos lo saben, y usan esas semejanzas en sus investigaciones.

La mera investigación con animales bastaría para desacreditar a toda la industria farmacéutica en su conjunto. Sin embargo, aún hay mucho más. Para que una droga pase del ratón de laboratorio al ciudadano, primero se harán unos ensayos sobre “pacientes voluntarios”. Generalmente, esa voluntariedad tiene como base la desesperación, es decir, un enfermo se somete a ensayos farmacológicos porque no concibe otra vía de curarse y porque ignora todo sobre ese “ensayo” al que va a someterse. La industria farmacéutica se aprovecha de esta desesperación para probar drogas a través de sus “ensayos de doble ciego” en hospitales públicos y privados: a unos pacientes les dan la droga experimental y a otros les dan placebo; unos se curan, otros no se curan, otros se mueren… y las autoridades sanitarias hacen sus estadísticas que permitirán en última instancia que un medicamento salga al mercado o no. Pero incluso con estos ensayos en animales y humanos, se llegan a comercializar monstruosidades que después tienen que retirar del mercado legal.

El prime caso de esta vergonzosa comercialización del horror fue la talidomina, un antidepresivo producido en los cincuenta por varios laboratorios alemanes. La talidomina hacía que toda mujer que tomara la droga, tuviera embarazos irregulares, con fetos deformes o amputados. El laboratorio alemán que creó esto, retiró el medicamento en cuanto se comprobaron las evidencias, intentó en la medida de lo posible destruir la información al respecto (sin mucho éxito, pues hoy en día este hecho está muy bien documentado), y continuó con su tarea y la de sus compañeros farmacéuticos: crear drogas y venderlas.

Este desarrollo industrial encontró en la década de los ochenta la tercera gran revolución farmacológica: los agentes quirales. La investigación de vanguardia se centró en estos nuevos fármacos. Si en 1984 el 3% de las drogas producidas eran quirales, en 2009, este porcentaje subió a 77%. Esta revolución nos llevaría directos al momento presente, y al desarrollo de drogas de última generación que actúan profundamente en lo que la ciencia moderna identifica como el sistema nervioso central, en el “eje” (axis) del ser humano, en lo que fuentes tradicionales del tantrashastra identifica como “sushumna”. La existencia de estas drogas suponen ser una desafiante amenaza a la cualidad humana: antidepresivos (fluoxetina, paroxetina…), psico-estimulantes (dexmetilfenidato, modafinil, MDMA…), hipnóticos (eszopiclona, tasimelteon…) Estas drogas y muchas otras nos llevan a la presentación de las seis grandes corporaciones industriales farmacéuticas del siglo XXI, pues los productores de semejante infierno tienen nombre y apellidos.

El capítulo sigue con un listado pormenorizado de las grandes corporaciones farmacéuticas del siglo XXI y sus beneficios.

Reitero mi recomendación de terminar de leer el capítulo y el libro entero.

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Propuesta de creación de un nuevo partido político

Agua de mar: alimento y medicina

Acabo de leer el libro “La dieta del delfín”, del Dr. Angel Gracia,  y cuando me disponía a comentarlo, parece que por telepatía (también se llama teletutía si ocurre entre parientes), me encuentro con dos comentarios que hacen referencia al mismo tema.

Éste es el libro

 

 Y éste es el autor

Aquí se puede comprar impreso y leer las primeras 40 páginas.

  

Y aquí se puede comprar en formato PDF

 

La primera mitad del libro (unas 150 páginas) me ha gustado mucho. El autor tiene años de experiencia de lo que habla y conoce a la perfección la importancia del pH en la salud.

La segunda mitad del libro no me ha gustado porque promueve una dieta con ingestión de cadáveres todos los días, que aparte de darme asco, se puede mejorar bastante.

La segunda parte que no me ha gustado no ha provocado mi rechazo hacia el libro, sino todo lo contrario. Me explico: si a pesar de hacer una dieta manifiestamente mejorable el autor goza de una excelente salud a sus 80 tacos, como se puede apreciar en la foto, está claro que los beneficios de la ingesta de agua de mar son enormes.

El agua de mar tiene todos los componentes de la vida en su proporción adecuada, pero lo que me hizo interesarme hace tiempo por ella fue cuando empecé a buscar la manera de conseguir oro coloidal. El único sitio en el que pude encontrar oro coloidal fiable fue en el agua de mar. La poca información que hay sobre el oro coloidal dice que es capaz de regenerar las neuronas y el sistema nervioso.

Dos vídeos más del Proyecto Matriz que también hablan profusamente del agua de mar.

 

Mi libro a la venta en Valencia

Ya se puede comprar el Manual de Instrucciones del Cuerpo Humano en Valencia. Está a la venta en la Librería Verde, situada en la calle Padilla 6 (a 200 mts detrás del ayuntamiento).

 

Los residentes en el resto de España podrán pedirlo a este correo:  info@libreriaverde.es, o encargarlo llamando al teléfono (34) 963.520.655

 

El libro se vende a 26 euros. Los pedidos para envíos a España tendrán un suplemento de 7 euros en concepto de gastos de envío.

 

Los que no vivan en Valencia, les resultará mejor comprarlo en Amazon que no cobra gastos de envío.

 

 

Pueden comprarlo en Amazon pinchando aquí.

 

Manual de Instrucciones del Cuerpo Humano, por José Francisco Llinares Coloma

Copio un capítulo sobre MEDICINA NATURAL 

Para que el lector pueda obtener una idea correcta del significado de las palabras “medicina natural”, es conveniente despojarlas de los significados erróneos que muchas veces se les quiere dar, bien sea por desconocimiento del naturismo o por intereses de cualquier índole. No todos los que dicen practicar la medicina natural acatan los mínimos principios básicos de las leyes naturales. 

Quizás, la manera más sencilla de entender qué actos o tratamientos se pueden considerar medicinas naturales y cuáles no, sea mostrar una comparativa entre los principios y fines de la medicina natural, y otros sistemas de tratar a los enfermos.  

Para abreviar las comparaciones, utilizaremos las letras MN para definir la medicina natural y las letras MA para definir la medicina artificial, que se salta a la comba las leyes naturales provocando con ello graves consecuencias.  

MN: Es una medicina sencilla y con un coste muy pequeño para la sociedad, que utiliza productos al alcance de todas las capas sociales. Muchos de estos productos se encuentran en la naturaleza de una manera gratuita (leyendo el Evangelio de los Esenios se puede ver cómo Jesús curaba a todos los enfermos y solamente usaba productos de coste cero). 

MA: Es una medicina cuya complejidad intencionada permite que las cifras astronómicas que tiene que pagar la sociedad por los tratamientos y medicamentos parezcan razonables, a pesar de no tener ningún fundamento.  

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MN: Se basa en una tradición histórica milenaria obtenida a partir de resultados positivos, en muchos casos de la vida real, y remedios populares que se han trasmitido verbalmente durante muchas generaciones. 

MA: Se basa en la investigación sobre nuevos productos patentables para los que haya una demanda o se pueda crear artificialmente. Cualquier producto no patentable es desestimado para cualquier investigación.  

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MN: Trata de educar al individuo para que mantenga su salud y armonía, al mismo tiempo que previene la enfermedad, le enseña a comer, a respirar, a adoptar la actitud mental adecuada, etc., consiguiendo de esta forma la independencia y autosuficiencia del ser humano. 

MA: Usa un lenguaje ininteligible para el ciudadano medio como reafirmación de su  autoridad elitista, dejando claro que el paciente nunca podrá decidir sobre su vida y será siempre dependiente de los iniciados a la profesión.  

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MN: El enfermo es el protagonista de su salud. Toma las decisiones sobre su vida, y conoce el alcance y las implicaciones de los tratamientos. 

MA: El enfermo es el cliente. Su presunta ignorancia le impide tomar cualquier decisión; y se le aplica, y a veces se le obliga a someterse, al tratamiento más caro, aunque sea el que más efectos secundarios le produzca.

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MN: Intenta que el enfermo alcance el máximo bienestar, teniendo como única meta la salud integral del individuo. 

MA: Se preocupa de eliminar o enmascarar los síntomas, dejando intacta la causa que los provoca. 

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MN: Usa como prevención la dieta adecuada, el contacto con la naturaleza, el desarrollo de la paz interior y el equilibrio en las emociones.

MA: Como prevención, usa vacunas con efectos peligrosos, y chequeos periódicos con riesgo de diagnósticos erróneos. 

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MN: Restablece la salud y la dignidad en la mayoría de los casos.

MA: Todas las enfermedades que no puedan remitir espontáneamente las considera enfermedades crónicas o incurables, sentenciando al enfermo a una vida de sufrimiento y dependencia de fármacos. 

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MN: Considera el dolor y la enfermedad como fuentes de información para averiguar dónde se ha perdido la armonía y cómo ha acometido el cuerpo su reparación.

MA: Considera el dolor y la enfermedad como enemigos a batir a cualquier precio, sin tener precaución con los daños colaterales. 

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MN: Usa tratamientos no agresivos, acatando especialmente la frase de Hipócrates que dice: “Lo primero no dañar”.

MA: Interviene principalmente por medio de la cirugía y fármacos, produciendo un buen número de efectos iatrogénicos.  

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MN: Trata de devolver la unión y el equilibro entre los planos físico, mental y emocional, tratando al individuo como un conjunto integrado.

MA: Se especializa en partes muy concretas del cuerpo, desestimando la interrelación de esa parte con todas las demás. 

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MN: Reconoce la fuerza natural que tiende a conservar y curar a todos los seres vivos cuando nadie se lo impide (sólo cura la naturaleza).

MA: Considera las leyes naturales como algo anticuado y obsoleto, y se dedica a imponer sus limitados conocimientos contrariando e impidiendo las reacciones curativas naturales del cuerpo humano.

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MN: Es una ciencia milenaria basada en resultados comprobados y cuantificables.

MA: Es una nueva religión basada en la fe de los pacientes. Esta afirmación se basa en la siguiente comparativa entre medicina y religión: 

          Tanto la religión como la medicina moderna se basan en dogmas de fe que no hay que demostrar: hay que tener fe en que el VIH existe, aunque nadie lo haya aislado. Hay que creer que la quimioterapia cura el cáncer, aunque la terca realidad demuestre lo contrario. Hay que acatar lo que dicen los libros de medicina, aunque los hechos los desmientan. Y una larga lista de etcétera.

          Las dos instituciones celebran ceremonias y rituales sin mediar motivo que los haga necesarios: vacunas, chequeos, mamografías, analíticas, revisiones ginecológicas, etc.

          Los ministros de ambas religiones usan una ropa que los distingue del público cuando están oficiando. También procuran usar un lenguaje ininteligible para que los no iniciados queden al margen (durante muchos años estuvo prohibida la traducción de la Biblia a las lenguas vulgares para que sólo el círculo cercano de iniciados tuviera acceso y, sobre todo, para que el vulgo tuviera que creer lo que le decían sin poder comprobarlo).

          Las dos censuran e impiden la libertad de expresión en las épocas en las que se les permite. El poder que ha perdido la Iglesia en esa parcela lo ha recogido y lo detenta ampliamente la medicina dirigida por la industria.

          Los creyentes de una peregrinan a Tierra Santa o a Lourdes; los de la otra van sumisos a inmolar sus ahorros a Houston. El porcentaje de curaciones es similar, el coste no.

          Ambas se nutren de seguidores, debido al miedo a morir de sus prosélitos. Y aunque una de ellas ofrece una vida más larga, no puede competir con la otra que promete una vida eterna.

 Afortunadamente yo no vivo de la salud de los demás, gracias a ello no me veo obligado a tener que recomendar productos para la salud caros e inútiles.

 

Me gano la vida operando con materias primas, divisas, tipos de interés, etc.

 

En este otro libro hablo de esos temas.

 

 El precio del libro Análisis Técnico Profesional es de 39 euros.

 

Se puede comprar en Amazon pinchando aquí.

 

Libro Análisis técnico profesional: Estrategias para derivados y gráficos compuestos de Francisco Llinares

Aquí se puede leer el índice y la introducción