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La frágil y escurridiza libertad

La libertad no se pide, se conquista y se conserva cada día. La libertad no puede depender de que alguien tenga a bien concedértela.

Lo primero es no dejarse arrebatar la dignidad, pues no puedes hacer valer tu libertad a quienes te han perdido el respeto. Si te quitan tus derechos y lo consientes, has pasado a ser un siervo del señor feudal que detenta el poder en cada momento. Luego no debes quejarte cuando amplíe el derecho de pernada también para los varones.

Suele llegar un momento en la vida en el que las personas se ven obligadas a elegir entre la libertad y la seguridad. Normalmente suelen escoger la segunda, y en ese acto pierden las dos.

Una persona libre debe procurar tener cubiertos sus imperativos vitales: comida, techo y abrigo. La comida sana es muy fácil de conseguir. De techo sirve cualquiera que no tenga goteras. Y como abrigo siempre se pueden coger unas mantas de las que dan a los inmigrantes y las tiran porque tienen calor. O sea, que para cubrir las necesidades básicas no hace falta robar el Banco de España.

Tener cubiertos los imperativos vitales es importante, para que nunca unas circunstancias adversas te obliguen a renunciar a tu libertad o tu dignidad para conseguir un trozo de pan.

Para ser libre de verdad no se puede depender de nada ni de nadie: Sigue leyendo