El autismo es tratable. La recuperación es posible.

He encontrado un blog que narra la historia de una familia que un día se enfrentó al difícil diagnóstico de un Trastorno Generalizado del Desarrollo (TGD) y que hoy puede contar la recuperación de su hijo gracias a la Biomedicina. Pretende ser una luz en el camino de tantos padres perdidos que hoy en día viven una historia similar. Dicho blog pretende transmitir un mensaje de esperanza contando la otra cara del autismo, ésa a la que la medicina oficial sigue dando la espalda.

 

He copiado la historia integra en este blog para que google lo indexe mejor. Pues un blog reciente como ese no suele salir en las búsquedas.

 

Aunque en este blog hay muchos artículos y vídeos sobre autismo, creo que a los padres que se enfrentan por primera vez con ese problema les puede ayudar muchísimo alguien que ha pasado por el infierno de esa terrible experiencia.

 

Recomiendo encarecidamente a cualquiera que tenga sospechas de que su hijo o el de algún amigo presenta síntomas de autismo (sobre todo, después de inyectarle las criminales vacunas), que ponga mucha atención y no deje el asunto de la mano, pues el tiempo juega en su contra.

 

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LA HISTORIA DE DANI MUY BIEN CONTADA POR SU MADRE

 

Un bebé feliz

 

Dani, mi segundo hijo, nació el 9 de abril de 2008, en un precioso parto donde viví la emoción de verlo llegar al mundo desde mi total plenitud y madurez como madre. Fue un niño macrosómico: pesó 4 kilos 300 gramos. El parto fue largo y costoso, y en algún momento se tiñó el líquido y se pensó en intervenir con oxígeno. Pero finalmente, Dani eligió salir y nació sin cesárea ni intervención con fórceps o ventosas. Salió y lloró como un gran guerrero, librando su primera gran batalla.

 

Su primer año de vida transcurrió con total normalidad en cuanto a su desarrollo psicomotor y cognitivo (sus dolencias bronquiales merecen un relato aparte). Era un niño extremadamente alegre, expansivo, risueño (le faltaban horas al día para reírse a carcajadas), comunicativo, juguetón, social y, sobre todo, muy cariñoso y afectivo. Llamaba la atención su sonrisa, su búsqueda de una caricia, su despierta mirada a todo lo que le rodeaba.

 

A nivel motor fue cumpliendo todas las etapas de su desarrollo como cualquier niño de su edad: levantar el tronco, sostener la cabeza, gatear, quedar erguido…A nivel intelectual, iba respondiendo con total curiosidad a todos los estímulos de su entorno. Y a la misma edad que otros bebés, llegó su pre-lenguaje, el juego con su voz, sus primeros balbuceos, sus primeras sílabas, sus primeras palabras…

 

Dani estaba entre nosotros. Y su mundo y el nuestro eran el mismo. Dani estaba tan conectado a su entorno como un árbol a la tierra.

 

El viaje de ida

 

Un día (no se sabe exactamente cuál) todo cambió. Es difícil poner fecha al cambio, porque no ocurre de golpe. Sí recuerdas el día en que, por primera vez, te paras, tomas aire y te atreves a preguntarte a ti misma si todo va bien. Recuerdas “la época” en que se inician las sospechas. Recuerdas momentos y fragmentos: el inicio del viaje de ida hacia lo desconocido.

Fue en el verano de 2009. Habíamos ido a veranear en familia a un apartamento en la costa, en el sur de la isla. En aquel entonces, Dani aún reía, jugaba, conectaba, disfrutaba de sus primeros baños en la piscina y en la playa. Pero a finales del mes de julio volvimos un día a la capital para acudir a su pediatra: fiel a su cita con el calendario vacunal, le tocaba la vacuna triple vírica de los 15 meses (sarampión, rubéola, paperas).

 

A los diez días de haberle administrado el pinchazo, estando de nuevo en el apartamento de verano, despertó una noche ardiendo en una fiebre altísima. Mi marido salió con él en brazos hacia urgencias, casi con el pijama aún puesto, y tras evaluarlo no hallaron en él nada significativo que hiciera pensar en ninguna infección (no tenía enrojecimiento de garganta, ni roncus pulmonar, ni inflamación en los oídos, ni signos de proceso catarral). Pensamos que podría tratarse de la GRIPE A, cuya aparición en aquellos días se encontraba en pleno auge mediático. Pero la fiebre, tal cual vino, se marchó. Y nunca volvimos a darle más importancia al episodio.

 

Al regreso de aquel verano, y tras retomar la rutina de la vida post-vacacional, se asomaron los primeros cambios en la vida del niño. Comencé a notarlo “distinto”: más distante, más irritable, más irascible…Poco a poco empecé a sentir un cambio drástico en su alegre carácter de siempre, en su dulce forma de ser, en su humor…De ser un niño que sonreía a todas horas, comenzó a mostrarse molesto, enfadado, enrabietado por todo…De ser un niño dulce empezó a mostrase árido e indiferente…Su vida comenzó a volverse “rutinaria”…No admitía cambios. Quería hacer siempre lo mismo. De forma obsesiva. Desarrolló un carácter inflexible hacia todo lo que no coincidía con su extraño y limitado catálogo de intereses. Y empezaron las rabietas. Las tardes en casa repetían diariamente el mismo esquema de pataletas sin motivo aparente. Unas rabietas desproporcionadas e inexplicables. Le proponíamos juegos y él lloraba. Lo subíamos a su habitación para que se divirtiera con todo lo que hasta ahora había formado parte de su mundo, y él se resistía. Tanto lloraba y se enfurecía que teníamos que colocarlo sobre una alfombra de goma para evitar que se lanzara contra el piso y se golpeara la cabeza. Al principio pensé que venía muy cansado de la guardería, que no estaba haciendo bien la siesta. Pero cuando las rabietas comenzaron a acompañarse de conductas ritualistas y carentes de funcionalidad, se me encendieron todas las alarmas.

 

Adiós al juego

 

Dani acudía por aquellos días a una guardería donde, a través de un sistema de vigilancia por cámaras conectadas al ordenador, se podía seguir al niño desde casa. Yo casi nunca podía verlo, porque estaba trabajando. Pero mi madre, que sí vigilaba al niño cada día, fue la primera persona en advertirme que se pasaba la mañana dando vueltas alrededor de una columna sin apenas hacer nada más. Aquella primera señal me sacudió el corazón.

 

Vinieron muchas otras señales. La primera de ellas, su falta de interés por todos sus juguetes habituales. La segunda, su obsesión por los cochecitos. Eran los únicos objetos que admitía. No es que le interesara jugar con ellos para hacer carreras, subir y bajar pistas o imitar el sonido del motor o la sirena. Lo único que le interesaba era moverlos de un lado a otro con la mirada perdida: se ponía de rodillas frente a una mesa o un mueble, y movía un coche hacia delante y hacia atrás, una y otra vez, una y otra vez, durante horas, horas, horas…Como las astas de un ventilador. Como las olas del mar meciéndose sin más explicaciones. Otras veces los colocaba en fila: uno detrás de otro, minuciosamente, con una precisión asombrosa, sin cometer errores en su perfecta colocación. O abría y cerraba las puertecitas del vehículo. O miraba sus ruedas y las hacía girar, mientras quedaba embelesado en ese movimiento. Y en ese viaje hacia ninguna parte se perdía, ya no estaba entre nosotros, ya no estaba conmigo. Lo llamaba, y no respondía a su nombre. Intentaba devolverlo a nuestro mundo con algún otro estímulo (un sonido fuerte, por ejemplo) y fracasaba en el intento. “¿Dónde está Dani?”, empecé a preguntarme a mí misma, con una voz débil, todavía solitaria, todavía sólo mía (lleva mucho tiempo compartir esto en voz alta).

 

El silencio toma nuestras vidas

 

Y un día me di cuenta de lo más brutal de todo: el silencio. ¿Dónde estaba la alegre voz de mi hijo? ¿A dónde habían ido a parar sus primeras palabras? Ese día te despiertas de verdad y te das cuenta de que tu hijo YA NO habla. Ha caído en una mudez absoluta. Olvidó el lenguaje que tenía, se lo tragó el mismo sumidero que lo está absorbiendo a él…Y entonces corres a rebuscar en los cajones de la cómoda donde guardas todos las cintas de vídeo que le grabaste meses atrás…Y las pones y las revives sólo para convencerte a ti misma de que no estás loca, de que tus recuerdos son certeros, de que efectivamente tu hijo hablaba, de que ciertamente reía a carcajadas y tenía lenguaje, y decía “mamá”, “papá”, “agua” y “ajó”, como todos los demás bebés…Y vuelves a preguntarte: “¿Dónde estás, Dani?” “¿Hacia dónde te estás marchando?”

 

Un cerebro drogado

 

Hay muchos otros recuerdos del inicio de aquel viaje hacia la pesadilla que me acompañarán toda la vida. Recuerdo su particular manera de llorar cuando se enfadaba. Comenzó a emitir un llanto extraño, que salía de alguna profunda y desconocida entraña, un llanto hueco, como el eco en una cueva, más parecido al de un animal, o al de una extraña criatura, que al de un bebé. Cuando lo oía llorar así me asustaba. No lo reconocía. Ahora sé que quien lloraba no era mi hijo, sino un cerebro drogado. Pero me quedaba aún mucho camino para averiguarlo.

Recuerdo especialmente una tarde en que hacía mucho calor y estábamos en la azotea de casa. Le habíamos preparado la pequeña piscina que a veces llenamos en los días de buen tiempo. El piso de la azotea se había recalentado y estaba ardiendo. Era imposible caminar descalzo por encima de aquel suelo sin achicharrarse la planta de los pies. Y, sin embargo, de pronto, pude ver cómo mi hijo caminaba sobre aquel fuego como lo haría un fakir sobre una alfombra de clavos. Como si nada…Allí estaba él, paradito encima del piso, sin inmutarse. Corrí a cogerlo en brazos, toqué la planta de sus piececillos enrojecidos. Ardían. Me apresuré a meterlo en el agua. Quedé muy impresionada con aquel episodio. Y, de hecho, tanto me dolió que jamás lo compartí ni lo hablé con nadie, ni siquiera con mi marido, al que no quería hacer sufrir. Cuando los especialistas alguna vez me preguntaron si había notado algún tipo de insensibilidad al dolor en Dani, nunca dije nada, no sé si por miedo a la confirmación del diagnóstico o vete a saber por qué “irracional” motivo…De hecho, es la primera vez que lo verbalizo, que le doy forma a mi miedo y lo expreso en voz alta.

 

 

Días de angustia

 

Recuerdo igualmente a Dani apegado a sus “objetos”, tratando de cargar consigo 10 o 15 cochecitos a la vez que, por supuesto, acababan en el suelo. Y lo recuerdo sentado en su sillita en un estado de extrema pasividad, con la mirada clavada en el televisor, sin atender a nada más, completamente hipnotizado, como el que está drogado, sin contacto ocular, sin respuesta a mi voz, a mis intentos de contactar con él. A veces llegaba de la calle y corría a abrazarlo, a besarlo. Pero él ni me miraba. Permanecía impasible mirando el televisor, como si yo no estuviera allí.

 

Por aquella época, su única manera de comunicarse consistía en cogernos de la mano y llevarnos por la casa hasta el lugar donde quería ir, hasta el objeto que solicitaba coger. Luego supe que aquella señal era lo que los especialistas llaman “el uso instrumental del adulto”. Aún no señalaba. Nos utilizaba a nosotros como dedo índice de sus intereses. Y ése era el máximo vínculo comunicativo que lograba establecer.

 

Otro recuerdo que guardo de aquellos angustiosos días era su compulsiva forma de comer. Siempre fue un niño de buen comer, con un apetito asombroso, un niño que no le hacía ascos a nada. Sin embargo, comenzó a desarrollar una extraña forma de ingerir los alimentos, que no me parecía “normal”. Se lanzaba al plato y quería meterse en la boca toda la comida al mismo tiempo, sin masticación, sin orden, sin pausa, sin descanso, como un animal adicto y hambriento…No permitía que tú intervinieras para tratar de evitar que se ahogara. Si no lo detenías, podía meterse veinte pedazos de comida a la vez. Y casi siempre el episodio terminaba en una explosiva rabieta.

 

Qué está ocurriendo

 

Un día te despiertas y te dices a ti misma que algo está ocurriendo, que debes empezar a darle forma a tus miedos, debes darle voz a tu angustia, debes verbalizar, averiguar, preguntar, compartir…

 

Lo primero que hago es consultar en Internet. Me encuentro con dos palabras clave que cambian mi vida: “retraso madurativo”. Es un hilo del que tiro y descubro toda una madeja. Tropiezo con el blog de una gran madre, una gran mujer: Rosina Urialde. Le escribo un e-mail contándole mis miedos y sospechas, y apenas tarda unas horas en contestarme (¡Gracias, Rosina, por aquel primer correo que abre mis ojos!). Es la primera persona que me habla de la necesidad de consultar a un especialista del desarrollo infantil, que me habla de terapias, de “autismo”, que incluso me menciona algo aún completamente desconocido para mí: una dieta especial, sin gluten ni caseína, que puede ayudar a mi hijo. Aún estoy lejos de todo eso. Pero ese primer e-mail me sitúa en un camino nuevo que transforma mi vida.

 

Lo segundo que hago es contactar con la guardería del niño para saber más de su comportamiento allí y conocer la opinión de sus educadoras. Mi marido y yo nos reunimos con la directora del centro, que nos confirma un retraso motor y cognitivo en Dani. La psicóloga del centro lo evalúa y también observa que no socializa adecuadamente, que no responde a los estímulos, que no gira la cabeza ni al oír su nombre ni ante ningún sonido estrepitoso. Me recomiendan comenzar con las pruebas del oído para descartar un problema de sordera (aunque yo sé de sobra que Dani no es sordo; cuando escucha la melodía de sus dibujos animados preferidos, acude corriendo frente al televisor desde cualquier otra estancia de la casa).

 

Lo tercero que hago es llamar a Silvia, mi mejor amiga de la infancia. Es psicopedagoga y tiene mucha experiencia en necesidades educativas especiales. Inmediatamente responde a mi llamada y acude a casa para ver al niño en su ambiente más espontáneo. Dani apenas mantiene con ella contacto ocular. Mi amiga observa cómo nos lleva de la mano por la casa para comunicarse. Es testigo de su absoluta mudez, de su total ausencia de emisión de sonidos.

 

Ese día es decisivo para mí. Conozco a Silvia desde los ocho años de edad. Ha sido mi amiga del alma y algo más que una hermana. Sé leer en su mirada y en su corazón. Y aquella tarde intuyo que es más lo que se guarda para sí misma y se calla que lo que me cuenta. Su silencio está cargado de información y es más explícito que sus palabras. No desea hacerme daño, pero sé que ha visto “cosas feas” que no se atreve a confesarme en voz alta. Cuando le pregunto si Dani es autista, me dice que desde luego no ve un autismo kanneriano, pero que hay “algunas cositas” que debemos descartar y que lo mejor será ir al pediatra para comenzar con algunas pruebas cuanto antes. Aquella noche, al acostarme, siento el peso del mundo triturándome el alma. Una losa terrorífica cae sobre mi pecho y me impide respirar. Tengo miedo. Pero eso no es lo importante ahora. No es el momento de dejarme vencer.

 

Manos a la obra

 

Marzo de 2010. Dani está a punto de cumplir dos años, pero su desarrollo parece que se detuvo muchos meses atrás. Acudo a la pediatra y le expongo el problema. Le resta importancia, me tranquiliza diciéndome que “ya hablará”, que seguramente es de esos niños que se retrasa un poco en la adquisición del lenguaje y nada más (abro un paréntesis para comentar que esta actitud, tan repetida en los consultorios pediátricos de nuestro país, supone uno de los primeros escollos a los que se enfrentan los padres de niños con Trastornos del Desarrollo. La total ignorancia del pediatra a la hora de reconocer un caso de este tipo para derivarlo urgentemente a los especialistas, retrasa en muchos casos la aparición del diagnóstico, y en consecuencia, la atención temprana que necesitan nuestros hijos. Un error fatal que se paga muy caro, ya que en la intervención de los TGD el tiempo es oro, y cada minuto que se demore tiene consecuencias nefastas para el futuro desarrollo de los niños). Le insisto mucho en que Daniel necesita ayuda, que su retraso en el lenguaje no es aislado, que está asociado a otros signos preocupantes como las rabietas, la falta de respuesta, la ausencia de juego simbólico, etc. Trato de transmitirle mi angustia y la necesidad de que no minimice mi preocupación. Y creo que sólo por mi insistencia consigo que me derive al otorrino, al neurólogo y al logopeda.

 

Un largo peregrinaje

 

Y comenzamos con todos los análisis. Los resultados de las pruebas del oído son normales, y apenas reflejan una hipoacusia de carácter tan leve (debido a sus cuadros de infecciones bronquiales y mocos) que ningún médico le da importancia. Se confirma lo que ya sospechábamos: Dani no tiene ningún problema de sordera, y su falta de respuesta a los estímulos no tiene su origen en un déficit de audición.

 

Un mes después nos cita el jefe de Neurología Infantil del Hospital Ntra. Sra. de la Candelaria: un prestigioso neuropediatra, especialista en neonatos. Nos manda un cariotipo genético, análisis de ácidos orgánicos y una Resonancia Magnética que precisará sedación. Los resultados de las pruebas se demoran un poco, al tratarse de análisis no ordinarios.

El susto de nuestra vida llega el día en que recogemos el informe de la Resonancia. Mientras que los resultados analíticos no arrojan ninguna anormalidad de carácter genético, las imágenes del cerebro reflejan, sin embargo, pequeñas zonas de leucomalacia periventricular. Al leer en Internet lo que eso significa (nos encontramos en Google con palabras serias del tipo “parálisis cerebral”, “espasmos musculares”, “epilepsia”, “invalidez…”) corremos angustiados hacia la consulta del neurólogo, quien tiene la amabilidad de atendernos fuera de hora. Acudimos con las placas en la mano y un nudo en la garganta, creyendo que nos va a comunicar la peor de las noticias. Afortunadamente, el doctor nos tranquiliza diciéndonos que la leucomalacia que se observa en la Resonancia parece ser de carácter muy leve, que se trata de pequeñas áreas de tejido celular muerto por falta de oxígeno (probablemente una hipoxia durante el embarazo o el parto), pero que ni siquiera es seguro que esté en el origen del retraso en el lenguaje de Dani…Según el neurólogo, hemos tenido mucha suerte porque esa lesión normalmente cursa con problemas motores graves (y ése no ha sido el caso de nuestro hijo). Por tanto, sin minimizar esas “cicatrices” cerebrales (que, según él, ya son irrecuperables), nos dice que habrá que estar atentos a la evolución del niño, pero que todavía es muy pronto para saber si tales áreas de células muertas tendrán o no consecuencias en el desarrollo de nuestro hijo.

 

Nada más salir de la consulta, mi marido y yo nos fundimos en un inolvidable abrazo y explotamos en un llanto nervioso y emocionado. Sentimos que todo podía ser peor, que la vida nos ha dado una segunda oportunidad, que de alguna forma hemos vuelto a nacer, que acabamos de “escapar” por los pelos…

 

El fantasma del TGD

 

Pero entonces, con la llegada del verano, comienzan las “otras” evaluaciones sobre la salud de mi hijo, las procedentes del área psicológica y psiquiátrica. Y es aquí cuando un fantasma llamado TRASTORNO GENERALIZADO DEL DESARROLLO (TGD) se instala en nuestras vidas.

 

En junio de 2010, cuando Dani tiene 26 meses, y gracias a la intervención de mi amiga Silvia (¡nunca tendré palabras de agradecimiento suficientes para ella!) acudimos a una evaluación en la Universidad de La Laguna con el equipo de Psicomotricidad que dirige el prestigioso profesor Miguel Llorca Linares, toda una autoridad en el área de la intervención educativa especial. Durante una hora analizan a mi hijo en una sesión grabada con videocámara donde observan su conducta, su juego, su motricidad, su socialización…y donde nosotros, sus padres, sólo podemos observar, no intervenir…Ese día Dani muestra muchos de los rasgos autísticos que ha venido presentando en los últimos meses: evita el contacto ocultar, sólo desea jugar mecánicamente y de forma obsesiva con una caja llena de coches (pese a los esfuerzos de Llorca por despertar sus estímulos con todo tipo de juguetes), se muestra irascible, inflexible y enrabietado, se tira al piso a llorar y despliega lo que en el argot psicológico llaman “una conducta disruptiva”…Cuando terminamos la sesión, nadie se atreve a darnos un diagnóstico cerrado, pero de alguna forma, cuando miro a la cara al profesor que tiene en sus manos el destino de mi hijo, tengo la sensación de que sabe lo que ha visto y mide escrupulosamente cada una de sus palabras para evitar dañarnos o causarnos el shock repentino de una etiqueta dramática. Nos dice que aún es muy pronto para ponerle nombre a lo que le ocurre a Dani, que el niño es “muy chiquito”, pero en un tono muy dulce y solidario nos confirma que “parece que asoman rasgos de un TGD en los que el niño carece de recursos para expresarse y comunicarse”. También nos ratifica que nuestro hijo necesita acudir a terapia, tanto individual como de grupo, y nos confirma que nos llamarán a partir de septiembre para acogerlo en su Sala de Psicomotricidad y empezar a trabajar con él cuanto antes. Ese día, Miguel LLorca Linares no ha querido mirarnos a la cara y decirnos valerosamente: “Su hijo presenta un Trastorno Generalizado del Desarrollo, con rasgos de autismo”. Ha preferido decirnos: “Tienen un hijo maravilloso. Disfruten de él este verano. Llévenlo a la playa, a la piscina, compartan baños de sol y de mar, procuren ser felices con él…”. Esas palabras tan humanas, tan cuidadosamente diseñadas para aliviar el dolor de unos padres, son ese tipo de bálsamo para el alma que una madre y un padre jamás olvidarán en su vida. ¡Gracias, Miguel, por haber sido todo un caballero ese día, por no habernos herido de muerte con el disparo de bala de una etiqueta demasiado brusca y dolorosa! ¡Gracias por haber respetado y comprendido que, a veces, unos padres perdidos necesitan tiempo para asimilar lo que les está ocurriendo, que necesitan de profesionales serenos, afectivos y humanos como tú, que les recuerden que, por encima de un niño con un problema, tienen un niño lleno de maravillas!

 

Un expediente sobre una mesa

 

No puedo dedicar las mismas palabras de agradecimiento a la siguiente profesional que nos tocó visitar en nuestro peregrinaje: la logopeda de la sección de Rehabilitación de un hospital público de cuyo nombre no quiero acordarme. Con esta visita no tuvimos tanta suerte. Había puesto muchas expectativas en ella. Llevaba meses aguardando esta cita, volcando en ella todas mis ilusiones y esperanzas para la recuperación de mi hijo. Pero aquella mañana de verano, cuando salí de allí con un nudo en la garganta, comprendí que la visita había resultado infructuosa. Me encontré con una “profesional” más preocupada por su inminente salida de vacaciones que por la mudez de mi hijo. Desde que iniciamos la entrevista se mostró obsesivamente interesada por tener una etiqueta diagnóstica con la que calificar a mi hijo. Quería saber si Dani era “autista clásico”, “autista inespecífico”, “TGD en sentido amplio”, “Síndrome de Asperger” o si al menos teníamos ya idea de si era “TEA” o no era “TEA” (para los no iniciados en el tema, traduzco: entiéndase si estaba dentro de un Trastorno del Espectro Autista o no). Pareció muy decepcionada cuando, casi a modo de autodefensa, le respondí que lo sentía mucho, pero que aún no teníamos “etiqueta”. Y que seguramente no la tendríamos hasta dentro de unos meses. Y ella, más que preguntarme por los déficits lingüísticos del niño, insistía en que necesitaba un informe con un diagnóstico de un psicólogo para saber qué hacer con él. E insistía en que me habían derivado al lugar equivocado, ya que a donde tenía que acudir era a consulta con un psicólogo o psiquiatra infantil. Tuve la sensación de que mi hijo era para ella una vaca en un molesto ganado al que deseaba “marcar” cuanto antes para olvidarse del caso y pasar a la siguiente vaca…Sus palabras retumbaban en mi cabeza: “Entiéndalo: es importante el diagnóstico. No es lo mismo un niño con un retraso en el lenguaje que un niño con un TGD. Por el primero puedo hacer algo. Por el segundo no. No es éste el lugar adecuado para abordar estos casos. Aquí tratamos problemas derivados de fisioterapias, lesiones físicas, como parálisis y demás…Pero un niño con TGD se nos escapa, necesita un equipo de intervención multidisciplinar…”. Eso fue todo. Me recomendó que le retirara a mi hijo su chupa y su peluche, y me instó (creo que por compromiso) a regresar después del verano, terminadas sus vacaciones, sólo por ver si ya había resuelto “el problema” del diagnóstico, ya que no quería que la carpeta con el expediente de mi hijo quedara encima de su mesa vagando sin definición, como un barco a la deriva…Y yo salí de allí desconcertada, frustrada, confundida, preguntándome: ¿eso es todo lo que una logopeda puede hacer con un niño de 27 meses que no emite palabra ni sonido alguno? Más tarde regresé una vez más a aquella consulta, únicamente por educación, pero profundamente herida como madre. Comprobé que su preocupación seguía siendo la misma, que aquella mujer no iba a ayudar a mi hijo en absoluto, que Dani era sólo para ella una molesta carpeta sobre su mesa de la que quería desprenderse cuanto antes. Se despidió de nosotros con una “amable” sonrisa, invitándome a que la telefoneara cuando ya supiera con claridad el diagnóstico del niño y qué íbamos a hacer con él (palabras literales; o sea, el mundo al revés…Era yo, una madre perdida y desesperada, quien tenía que decirle a ella, la supuesta profesional que iba a ayudar a mi hijo, qué debía hacer con el niño, y no al revés). Por supuesto que jamás le devolví la llamada. Desconozco si la carpeta de mi hijo sigue sobre su mesa o ya estará en el basurero. Pero quizás un día de éstos me anime a visitarla acompañada de Dani, para que él mismo la salude con esas bellas palabras que hoy emite y que ella nunca le enseñó.

 

El Tiempo es Oro

 

Nuestro periplo de consulta en consulta continuó. Llegó el turno de la psiquiatra infantil. Tuvimos la suerte de ser atendidos sin esperas, ya que la doctora Nuria Naranjo es prima hermana de mi marido, y nos recibió en cuanto la llamamos. Tras una larga entrevista con ella, en la que describimos toda la evolución de Dani, coincidió en que parecíamos estar ante un caso de TGD. Pese a que Dani empezaría en la Terapia de la ULL en el mes de septiembre, la doctora creyó conveniente aprovechar el tiempo y derivarlo a otra terapia infantil con niños con TGD durante el mes de agosto. De todo cuanto nos dijo, me aferré a las siguientes palabras: “El futuro de Dani depende de lo que hagamos con él en los próximos 3 o 4 años. Ahora, su cerebro tiene plasticidad y podemos intervenir con más éxito. Luego se estructurará y todo será más rígido y difícil”. Ese mensaje se me quedó grabado a fuego y me dio fuerzas para continuar.

 

Dos semanas más tarde nos llamaron del Hospital de Día Doctor Guigou (conocido cariñosamente como “El Hospitalito”) para evaluar a Dani y acogerlo en terapia de estimulación temprana durante el mes de agosto. Nos atendió el pediatra director del centro, quien, tras evaluar a mi hijo, contradijo la versión del neurólogo y determinó que la leucomalacia periventricular que se había observado en su Resonancia cerebral estaba seguramente en el origen de su problema actual. También concluyó que Dani estaba más cerca de un diagnóstico de disfasia expresiva que de autismo, y pronosticó que su evolución podía ser favorable. Estas palabras llegaron a nuestra vida en un momento en que estábamos asumiendo una experiencia revolucionaria y esperanzadora. Y es que, coincidiendo con la fecha en que Dani comenzó a acudir a esa terapia de verano en el Hospitalito, me crucé en el camino con la información médica que acabaría cambiando nuestra vida. Una información que inició nuestro viaje de vuelta a la normalidad y que, por cierto, nos atrevimos a compartir con este doctor, en lo que acabó siendo (como más adelante relataré) un fracaso comunicativo y un total desencuentro.

 

Cuando tu avión no llega a Italia

 

Principios de agosto de 2010. Son días de lágrimas silenciosas. Los acontecimientos me desbordan. Pese a que llevo muchos meses luchando con una fortaleza que me asombra, y jurándome a mí misma que no voy a desfallecer (porque mi hijo me necesita fuerte y entera), hay momentos en que las fuerzas flaquean y me vengo abajo. Me doy cuenta de que llevo muchos meses de angustia contenida, de que ni siquiera me he permitido a mí misma llorar, de que no me he dado un tiempo personal de duelo en el que asumir las cosas y tratar de encajar lo que nos está ocurriendo.

 

Descubrir que tu hijo es diferente, que tiene una minusvalía, es una de las experiencias más duras que se pueden describir. Y cuando esa minusvalía, además, se llama autismo (una palabra que todos rehúyen y nadie quiere mencionar), la experiencia es aún más devastadora, porque tu hijo se marcha poco a poco, se apaga sin que tú puedas hacer nada, se desliza silenciosamente por una ranura inexplicable.

 

Una vez leí un folleto con una campaña divulgativa (creo recordar que de la Generalitat de Catalunya) que hablaba sobre los sentimientos de los padres que asumen la discapacidad de un hijo. Y lo describía de una forma magistral: tú llevas toda la vida deseando viajar a Italia. Sueñas con ver Roma, Florencia, Venecia…Durante mucho tiempo trabajas duro para ahorrar el dinero que te permitirá cumplir tu sueño; planificas el viaje minuciosamente…Y un día, por fin, haces la maleta y te subes al avión…¡Qué maravilla! ¡Voy a ver el Colisseo, y los canales con las góndolas, y al David de Miguel Ángel…! Pero…¡Cuál es tu sorpresa cuando el avión aterriza en un aeropuerto distinto, y cuando pisas tierra te das cuenta de que no estás en Roma, sino en Amsterdam…! ¿Qué hago yo aquí? ¡Si yo tenía que estar en Italia! ¡Si todos mis amigos están en Italia, y mi guía de viaje era sobre Italia, y yo había estudiado italiano para este viaje! Lleva mucho tiempo asumir que estás en otro país, en un territorio que no esperabas. Y tienes que vivir muchas experiencias, y dejar que la frustración dé paso a la aceptación de tu destino para, finalmente, un buen día, atreverte a salir de tu caparazón para dar un paseo por Amsterdam y descubrir, bajo el vaho de tus lágrimas, que también es una ciudad hermosísima, un lugar que te ha atrapado con otra magia, un lugar del que, en realidad, ya no deseas volver porque también te pertenece para siempre…

 

En aquellos días, yo estaba aún asumiendo mi llegada a Amsterdam. Y mientras añoraba Roma (preguntándome una y otra vez por qué nos había tocado a nosotros, por qué a mi hijo, por qué a mí, por qué ese cambio de ruta en nuestro viaje), lo único que resonaba en mi cerebro era el silencio de Daniel, su aterradora mudez que llenaba todas las estancias de mi casa y de mi vida. Cada día, mi pequeño trataba de hablar, se esforzaba como el que más, lo intentaba una y otra vez, pero lo único que lograba emitir era un extraño sonido gutural que escupía de su garganta como un animal herido. Yo sabía que tenía un daño neurológico. Lo sabía porque tuve la desgracia de ver morir a mi padre de un tumor cerebral, y sé de sobra lo que es perder el lenguaje por una lesión de este tipo. Durante un tiempo me asaltaba la duda de si el TGD de mi hijo estaba asociado o no a un retraso mental. Y es que no estaba segura de que mi hijo me entendiera del todo cuando le hablaba…Pero entonces, en esos momentos de absoluta dureza y soledad, cuando me invadían la tristeza y el pesimismo, me aferraba a los recuerdos de su primer año de vida, cuando era un niño juguetón como el que más, que me pedía besos y caricias a todas horas, que me devolvía cada sonrisa que le brindaba, que me miraba a los ojos mientras lo amamantaba con el mayor enamoramiento que jamás me ha dedicado nadie…Y entonces me decía a mí misma que ese niño tan inteligente no se había ido del todo, que sólo estaba en algún lugar oscuro del que había que salvarlo, que únicamente se había resbalado y caído en una alcantarilla y estaba esperando a que su mamá corriera a rescatarlo.

 

La reacción

 

Y fue así como un buen día (¡bendito día!) me desperté y me sequé las lágrimas. Me ayudó mucho un vídeo con el que me crucé en Internet (el destino siempre pone en tu camino las pistas que debes descifrar), en el que una madre guerrera hablaba de su pequeña niña diagnosticada a los dos años con un TGD. Y decía: “es bueno llorar, pero no te puedes perder demasiado en ese tiempo…Porque mientras yo estoy llorando, mi hija está sola, y cada minuto que yo invierta en mis lágrimas es un minuto que pierdo para ayudarla”.

Esas palabras me hicieron levantarme de la tristeza donde me había recostado. Entendí que esa mujer me estaba hablando a mí directamente. Y le hice caso, mucho caso. Me dije a mí misma que ya estaba bien de llorar. Que estaba en Ámsterdam. Y no en Roma. Y que ahora tocaba trabajar para coger el avión de vuelta.

 

Y me puse a estudiar. ¿Qué tenía yo hasta ahora? Tenía una pediatra que no reconocía ningún problema en mi hijo. Tenía un experto neurólogo incapaz de explicarme por qué mi hijo había perdido su lenguaje entre los 15 y los 18 meses de edad. Tenía una logopeda que no había querido asistir a mi hijo alegando que era un caso que sobrepasaba sus competencias…Es decir, no tenía nada. Lo único que tenía era la constancia de que mi hijo estaba cada vez peor, que el tiempo corría en nuestra contra, que si no hacía nada al respecto en unos meses estaría dándose cabezazos contra una pared, y que eso significaba que nuestro pequeño dependía única y exclusivamente de nosotros, sus padres, su familia, las personas que lo amaban y que lo conocían mejor que nadie. Y tuve la certeza de que sólo nosotros podíamos salvarlo, de que lo que no hiciera yo por él como madre no lo iba a hacer nadie del todopoderoso gremio médico.

 

Una asombrosa conexión

 

Me dejé las pestañas en Internet. Quise saberlo todo sobre autismo. Cada día y cada noche me quedaba horas y horas leyendo cuanta información se me cruzaba en el camino sobre los TGDs infantiles. Quería saber qué se estaba investigando ahora, cuáles eran los últimos estudios, qué tenían que decir otros profesionales fuera de España…Quería saber y saber y saber todo lo que no me habían contado. Me tropecé con muchos artículos en inglés. Busqué en revistas médicas y científicas. Pero un día, el círculo se cerró, y no sé ni cómo ni por qué, volví al blog de Rosina Uriarte, la misma voz, la misma madre, que me había hablado al principio de toda esta historia (¡Qué casualidad! ¿Pero existen las casualidades?)

 

Y allí leí algo que me dio un vuelco al estómago. Y luego al corazón. Tropecé con la historia de Karyn Seroussi, una madre estadounidense que relataba la historia de cómo hacía una década había rescatado a su pequeño hijo Miles del autismo. Y de pronto me adentré en el relato de ese niño y creí reconocer a Dani en casi todo lo que allí se referenciaba. El artículo, titulado NOSOTROS CURAMOS EL AUTISMO DE NUESTRO HIJO, hablaba de un niño que sufría trastornos digestivos y diarrea crónica, que había convulsionado con una fiebre de 40º después de recibir la vacuna SaRuPa (en inglés MMR) a los 15 meses, episodio tras el cual perdió el lenguaje y las destrezas sociales, que había desarrollado una “alergia cerebral” a la leche y a los productos lácteos…Decía también que una vez que su madre descubrió la influencia de la alimentación en la conducta de su hijo había probado retirar la leche, el queso, las galletas y todo lo que formaba parte de su dieta diaria, con resultados asombrosos. Miles comenzó a recuperarse a medida que dejaba de ingerir ciertos alimentos. Poco a poco regresaron las palabras, al principio, de forma poco audible. Y un día, finalmente, de forma nítida y contundente. Fue el día en que Miles miró a su madre a los ojos y le dijo, señalándole un muñeco: “”Wook, Mommy issa Tywannosaurus Wex!” (Mira mamá, es un Tiranosaurus Rex).” Aquello fue el comienzo de su salvación. Y no sólo la de Miles, sino la de miles de niños en el mundo.

 

Aquella madre hablaba del doctor Kalt Reichtel, de Noruega; y del doctor Paul Shattock, en Inglaterra; y del británico Dr. Andrew Wakefield…Y de pronto me dio una clave sobre mi hijo en la que yo jamás había reparado: trastornos digestivos, conductas adictivas hacia la comida, diarreas crónicas, alergias alimenticias…¡Eso era exactamente lo que le ocurría a mi hijo Daniel! También él llevaba un año y medio con un cuadro de diarrea crónica para el que su pediatra no tenía ninguna explicación. También él parecía un drogadicto frente a su plato de comida, ingiriendo alimentos de forma compulsiva (cuando salía de la guardería se mostraba tan irritable y enrabietado que sólo se calmaba cuando ingería su merienda a base de lácteos o galletas). También él tenía el vientre hinchado, como un niño desnutrido de África. ¡Y hacía más de un año que no hacía una deposición “normal”!

 

Esa lectura me llevó a otras muchas lecturas similares. Descubrí el relato de decenas de padres de distintas nacionalidades, contando exactamente lo mismo. La historia de mi hijo parecía estar en todas las latitudes del Planeta.

 

Inmediatamente compartí el descubrimiento con mi marido en un sentimiento de emoción y esperanza. Sin ningún género de duda ambos estuvimos de acuerdo en que esto era lo que le estaba ocurriendo a nuestro hijo. Fue el día 10 de agosto de 2010; y desde esa misma noche decidimos retirar de la alimentación de nuestro hijo cualquier alimento que tuviera gluten o caseína (proteína de la leche de vaca).

 

Una pandemia llamada ‘autismo’

 

Lo que nadie me había contado es que el autismo infantil es hoy en día una de las mayores epidemias del siglo XXI. Ninguna enfermedad ha crecido como ésta a nivel mundial. Antes, 1 de cada 10000 niños era autista. Hoy, 1 de cada 166. Y en algunas zonas muy industrializadas como el estado de California, 1 de cada 82 niños. La OMS está tan preocupada que ya ha establecido el día 2 de abril como el de la Concienciación Mundial sobre el Autismo y el propio Presidente Barak Obama ha situado la lucha contra esta enfermedad entre sus prioridades en su programa sanitario y están duplicando los fondos para su investigación.

A raíz de todo esto, descubrí que hay un auténtico movimiento médico (muy débil aún en España, pero muy fuerte en otros países) comprometido con la investigación del autismo y con encontrar una explicación a esta explosión mundial. El llamado “BIOAUTISMO” es una perspectiva de tratamiento biomédico que está situando el origen de estos trastornos, no en causas psiquiátricas (como hasta ahora se ha creído), sino en causas biológicas y metabólicas. Desgraciadamente esto es muy desconocido aún en España y se ve todavía como algo “alternativo” y poco reconocido por el establishment médico.

 

Pero en otros países como Alemania, Francia, EEUU, Inglaterra y muchos latinoamericanos (Chile, Argentina, México, Venezuela…), está muy reconocido y, de hecho, es lo más novedoso que se está aplicando a nivel terapéutico.

 

La punta del iceberg

 

Una de las primeras cosas que se están descubriendo es que una enfermedad que crece a este rit­mo no puede deberse sólo a causas genéticas. Se ha empezado a investigar qué tienen muchos de estos niños en común y se ha visto un denominador común en todos ellos: la mayoría presenta durante el primer año de vida un cuadro de infecciones crónicas (otitis, infecciones de las vías respiratorias, neumonías, bronquiolitis…), ya que son niños que nacen con un sistema inmunológico muy débil y dañado, digamos que mucho más frágil que el resto (es decir, no tienen defensas).

 

Eso trae como consecuencia varias cosas:

 

1) Debido a su sistema inmunológico comprometido, al recibir tanta medicación desde bebés, especialmente antibióticos orales de forma masiva, se les destruya su flora intestinal, con  unos resultados nefastos sobre la salud: todo tipo de bacterias, hongos y levaduras se instalan en los intestinos penetrando en la mucosa intestinal, originando un cuadro de infección o disbiosis. Es una grave enfermedad digestiva (intestinos permeables), que ocasiona que los intestinos de estos niños queden perforados como un queso o un colador, por donde van a penetrar todo tipo de tóxicos (que a otros niños no les afectan), y que finalmente causan el daño en el cerebro (disfunción neuronal). Se están haciendo estudios metabólicos en los niños (análisis de ácidos orgánicos, endoscopias y colonoscopias intestinales, cultivos de levaduras, etc), y la mayoría presentan el mismo problema. Esta circunstancia se repite en el 70% de los niños autistas, no en los que han nacido con un trastorno o síndrome genético, sino los que sólo han nacido con una “predisposición” y son los factores ambientales los que detonan el trastorno: lo que llaman “el autismo regresivo” por contaminación. Son niños que nacen cognitivamente normales, se desarrollan con total normalidad durante su primer año de vida, y comienzan a manifestar los signos a partir de los 12, los 15 o los 18 meses. Esto es así coincidiendo, por un lado, con la nueva alimentación que se les introduce a esa edad. Y he aquí la segunda cuestión.

 

2) Estos niños, al parecer, desarrollan una gravísima intolerancia alimenticia a dos proteínas: el gluten (todo lo que contenga trigo, centeno, avena, cebada…) y a la caseína (proteína de la leche de vaca). Al parecer, los niños nacen con un defecto enzimático que les impide metabolizar correctamente las proteínas de esos alimentos, como lo hacen los demás niños.

La cuestión es que no pueden desdoblar esas proteínas (es algo parecido a la enfermedad de los celíacos). Y lo que sucede es que, cuando digieren alimentos con gluten, soja o caseína, estas proteínas mal metabolizadas se cuelan por los intestinos permeables y pasan al torrente sanguíneo en forma de péptidos. Cuando alcanzan el cerebro lo hacen con efectos opiáceos. Es como si el cerebro del niño estuviera drogado: exactamente como si estuviera bajo los efectos del opio o del LSD. Ahí es cuando se inician los signos autísticos: las estereotipias, movimientos repetitivos, andar de puntillas, aletear, girar, alteraciones neurosensoriales…El niño está enfermando de un trastorno neurológico que se inicia en el sistema inmunológico, en primer lugar, y en el sistema intestinal, en segundo lugar (los intestinos son “el segundo cerebro” del ser humano, y las conexiones entre ambos son directas). Los daños neurológicos son lo último, la consecuencia, la punta del iceberg…

 

La agresión vacunal

 

Se han hecho ya muchas investigaciones con estos niños (los que desarrollan el autismo regresivo) y se ha descubierto que todos tienen los mismos problemas intestinales (diarreas crónicas o cuadros de estreñimiento agudo, hiperplasia lifoindea intestinal, infecciones bacterianas gravísimas, como candidiasis y todo tipo de hongos y levaduras adheridos a las paredes intestinales, inflamaciones intestinales y demás…). También se ha determinado que todos están inmunodeprimidos o presentan problemas metabólicos y dificultades en la eliminación de toxinas (fallos de origen genético en ciertas enzimas que generan carencias nutricionales muy graves para el cerebro, que se encuentra sub-alimentado y poco oxigenado, es decir, como “drogado“ y funcionando “a medio gas“).

 

3) La tercera cuestión que ha descubierto la biomedicina es la de cómo afecta la administración de las vacunas a estos niños. La intoxicación cerebral e intestinal que acabo de explicar viene también acelerada por la intolerancia que manifiesta el sistema inmunológico de estos niños frente a ciertas vacunas, como la triple vírica que se pone a los 15 meses. Cada vez son más los estudios que están demostrando la relación directa entre vacunas y autismo infantil. Es un tema tabú para ciertos médicos, y sobre todo para la industria farmacéutica, quienes insisten en negar la evidencia con el argumento de que “no está demostrado científicamente”. Pero quienes lo están demostrando con datos reales insisten en que ésta es la verdadera causa de la explosión pandémica del autismo infantil en el mundo, en los últimos quince años, coincidiendo con la implantación de los nuevos calendarios de vacunaciones masivas y a destajo (donde antes ponían a un niño 5 vacunas, ahora ponen 35…¡Una auténtica barbaridad!). El problema es el siguiente: al parecer casi todos estos niños desarrollan el cuadro autístico después de ser vacunados con la triple vírica (por eso la edad es coincidente, siempre entre los 15 y los 18 meses), y es por dos razones: la gran mayoría de las vacunas son fabricadas con un conservante que contiene metil mercurio (timerosal): es un elemento altamente tóxico para los niños que nacen con el problema inmunológico y metabólico descrito. Mientras que el resto de los niños pueden eliminar ese elemento químico a los pocos días de la administración de la vacuna, estos otros niños tienen en su metabolismo un problema o fallo de metilación que les impide excretar ese metal pesado. La consecuencia es que pasa al torrente sanguíneo y acaba directamente en el cerebro y otros órganos grasos, provocando un terrible daño neurológico. Es uno de los detonadores de la enfermedad.

 

Se acaba de publicar un estudio sobre 2000 niños autistas analizados y todos ellos tienen una intoxicación de mercurio en la sangre (8 veces superior a lo permitido). Y no sólo esto. La vacuna de la triple vírica es demasiado fuerte para estos niños: es una vacuna multidosis, que al ser administrada en un momento en que el sistema inmunológico está dañado y no está preparado para recibi­rla, ocasiona que los virus vivos del sarampión queden adheridos a la mucosa intestinal, agravando aún más la disbiosis digestiva. Cuando se han practicado endoscopias a los niños autistas se les ha hallado el virus vivo del sarampión en todos ellos, uno de los detonantes finales del daño neurológico.

 

Protocolo DAN

 

Comencé a leer todos los estudios de ARI: el Autism Research Institute, que es ahora mismo la Institución nº 1 en Autismo de EEUU. También los estudios de la Universidad de Harvard. Y por primera vez supe lo que era el movimiento DAN, cuyas siglas responden a  DEFEAT AUTISM NOW (“Detener el Autismo ahora”). Es un movimiento médico a nivel mundial que, a raíz de todas estas investigaciones, ha diseñado un protocolo para intervenir el autismo infantil desde esta nueva perspectiva biomédica, impidiendo que la enfermedad siga disparándose, y asumiendo que sus verdaderas causas se sitúan en un problema metabólico (defectos enzimáticos e inmunológicos) y no en un plano psiquiátrico (que hasta ahora no alcanzaba a dar una explicación a los trastornos del espectro autista, más allá del “origen misterioso o desconocido” y del pronóstico de “no tiene cura, es para toda la vida”). Al protocolo DAN se están sumando en todo el mundo, y de forma creciente, miles de profesionales sanitarios que parten de la base de que el autismo y los TGD infantiles en general sí se pueden diagnosticar a partir de analíticas y pruebas bioquímicas (y no con diagnósticos clínicos basados en la observación psiquiátrica), ya que bajo la punta del iceberg del trastorno neurológico subyace una enfermedad metabólica e intestinal. Estos médicos comprometidos con el objetivo de evitar al máximo la toxicidad sobre los frágiles organismos de los niños autistas representan hoy en día su única esperanza para una recuperación real (sin desmerecer ni perder de vista el decisivo papel paralelo de las terapias psicopedagógicas).

 

En España hay aún muy pocos médicos DAN: la doctora Clavera, en Barcelona; los doctores Mazzuka, en Palma de Mallorca. Cuando nosotros supimos de este tema, lo primero que hicimos fue contactar con familias que contaban la misma experiencia que nosotros. Nos pusimos en contacto con la asociación ALDIS (en Tenerife) y con la Asociación AVA (Asociación Vencer el Autismo), en Barcelona. Deseo expresar en este blog nuestro agradecimiento personal a ambas ONGs, y muy especialmente a las dos mujeres luchadoras que las presiden: Ofelia Tabares (mamá guerrera de Aaron) y Ana Medina (mamá guerrera de Víctor), sin cuya ayuda quizás nunca hubiéramos llegado a nuestro triunfo actual. Dos ejemplos de constancia y de lucha en el arduo camino de ir contracorriente ayudando a todos los padres que, como nosotros, se han enfrentado con este diagnóstico y han necesitado una luz en el camino.

 

El viaje de vuelta

 

A partir del día 10 de agosto todo cambió para nosotros. Dani dejó de comer gluten, soja y caseína. Sustituimos el trigo por maíz. La leche de vaca por leche de almendras o arroz. El supermercado por los herbolarios. La alimentación basada en productos químicos, envasados o conservantes por una dieta completamente natural. Fueron duros tiempos de adaptación a muchos cambios. Mi hijo tuvo que renunciar a toda esa comida que adoraba y a la cual se había vuelto adicto. Y esto nunca es fácil, ni a nivel psicológico ni a nivel económico. Pero sólo puedo decir que todo esfuerzo valió la pena. Los resultados fueron asombrosos.

A las 2 semanas de iniciar la dieta, mi hijo comenzó a imitar el sonido de los animales: la vaca, el lobo, el perro, el gato, el gallo, el caballito, el cerdo…

 

A las 3 semanas, llegaron las primeras palabras: má (mamá), pá (papá), agua, pan…No puedo describir con palabras lo que sentí el día en que Dani volvió a llamarme. Pueden imaginarse las lágrimas de emoción que derramamos en casa…¡Ya no me acordaba cómo era el timbre de su voz! Y de pronto la vida nos devolvía su dulce vocecilla, que sonaba como una flauta mágica…

 

A los dos meses, Dani ya tenía en su vocabulario unas 20 palabras, algunas de las cuales usaba en su contexto con sentido completamente funcional. Por ejemplo, era capaz de pedirme agua cuando tenía sed: “Má, agua…”. O capaz de devolverme el plato vacío cuando terminaba de comer, añadiendo: “Má, ya-tá ( ya está)”…En su terapia de la Universidad me preguntaban por su evolución tan favorable y reconocían que parecía otro niño completamente distinto al que habían evaluado meses atrás.

 

A los 4 meses, mi hijo manejaba más de 80 palabras, además de reconocer los colores, contar del 1 al 10 o tararear canciones de memoria…Cualquiera que ha visto a un niño sin lenguaje por un cuadro de TGD sabe que lograr ese triunfo en tan poco tiempo representa algo así como atravesar un océano a nado.

 

Fui anotando en un diario cada triunfo de mi hijo desde ese momento; su padre y yo hacíamos un recuento de cada palabra nueva que adquiría o repetía, de cada destreza, de cada nueva habilidad…El lenguaje no dejaba de explosionar. Pero no sólo eso. También cambiaba toda su arquitectura conductual: las rabietas remitían, los comportamientos inflexibles y rígidos se espaciaban en el tiempo, las conductas repetitivas se iban esfumando, la socialización y la comunicación regresaban a la vida de Daniel con toda la alegría del pasado…¡Era como si aquel reloj que se había detenido a los 15 o 16 meses se hubiera puesto de nuevo en hora justo en el mismo punto!

 

No pretendo saber más que los médicos. No pretendo vender a nadie curas milagrosas. Pero cuándo me preguntan cómo mi hijo logró en apenas unos meses pasar de la mudez absoluta a su nuevo estado, y abandonar su cuadro de TGD, sólo puedo, como madre, contestar la verdad de nuestra historia: gracias a la intervención dietética y la biomedicina. Esto no es un milagro. Esto es Medicina. Sólo que algunos doctores aún se niegan a querer abrir sus ojos ante la evidencia.

 

Ojos ciegos. Mentes cerradas.

 

Y digo que algunos doctores permanecen ciegos porque así lo hemos sentido en nuestras propias carnes. No puedo dejar de hacer mención, aunque sea muy brevemente, a algunos tristes episodios vividos en algunas consultas.

 

Una vez que mi hijo comenzó a acudir al Hospitalito para supuestamente asistir a su primera terapia de estimulación temprana, nos pareció buena idea compartir con el doctor que dirigía aquella unidad toda la información médica que habíamos descubierto, así como la iniciación en la dieta sin gluten ni caseína. Creímos, por el bien del pequeño, que lo más lógico y sensato era mantener a sus médicos informados de todo para trabajar en equipo y lograr los más óptimos resultados. ¡Fuimos tan inocentes…! Nada más comentarle a aquel doctor palabras como “homeopatía” (queríamos compartir con él el relato de los beneficios que había tenido la terapia homeopática sobre su salud, en los días en que sufría cuadros bronquiales crónicos), “biomedicina” o “protocolo DAN”, reaccionó cual Torquemada frente a los herejes, con una actitud completamente inflexible, cerrada e intolerante. Nos dijo que todo eso era un timo y ni siquiera quiso escucharnos. Cuando mi marido y yo tratamos de establecer un mínimo diálogo al respecto (no era nuestra intención convencerlo de nada, sólo tratar de informarle de nuestra experiencia) se mostró molesto, distante y bastante rígido…Cuando le hablamos de trastornos digestivos y cándidas intestinales, fue capaz de decirnos que nosotros desconocíamos lo que era una cándida, que si mi hijo tuviera una, aunque fuera en una uña, ya estaría ingresado en la UVI…A medida que le hablábamos nos dimos cuenta de que no nos estaba escuchando. Se dedicó a juguetear con la bolita del ratón de su ordenador sin dirigirnos la mirada ni prestarnos la más mínima atención. Enseguida comprendí que estábamos perdiendo el tiempo allí y que pasábamos a ser un estorbo en su ocupado tiempo. Así que nunca más insistimos…Curiosamente, la actitud de este doctor hacia nosotros cambió completamente a raíz de tal episodio. De haberse comportado de forma cordial y afable desde la primera consulta, pasó a mostrarse muy frío y distante, como si se hubiera molestado. En aquellos días, su decisión hacia mi hijo fue que comenzara con terapia de lenguaje, aprovechando la presencia temporal de un logopeda que estaba asistiendo en prácticas voluntarias dentro de su unidad durante el mes de agosto. Y curiosamente, finalizado el verano, cuando se suponía que mi hijo debía pasar entonces al grupo de terapia de estimulación temprana, me sorprendió despidiéndonos con un “Mucha suerte y ha sido un placer”…Jamás entendí aquella decisión ni se me dio ninguna explicación oficial del motivo por el cual, después de haber rellenado tantos cuestionarios y pasado tantos trámites, mi hijo no fue integrado en la terapia para la que habíamos sido llamados (¿Tendría algo que ver mi advertencia de que Daniel llevaba una dieta especial y de que yo le llevaría cada mañana el desayuno desde casa?).

 

Y es que abro un paréntesis en este punto para reseñar la impresión que me causó el hecho de ver cómo cada mañana, en las terapias de TGD de aquel Hospital Público, los niños hacían un alto en el camino para tomar un desayuno que allí mismo les brindaban sus terapeutas, a base de lácteos como yogur, galletas de trigo o zumos azucarados de brick…¡Eso es lo que está ocurriendo en nuestro Sistema Nacional de Salud! Que un doctor responsable de la salud de niños autistas desconozca que cada vaso de leche que tomen les puede hacer retroceder 15 días en sus déficits cognitivos…Que un profesional que ocupa un cargo de la máxima responsabilidad no sólo no quiera ni oír hablar de las terapias naturales, sino que se mofe de ellas con una ceguera mental muy poco productiva para el oficio médico. Y es que (esto ya es una opinión muy personal) pienso que un doctor, al igual que un científico o que un creador, que se acomode a su sillón, se burocratice, cierre su mente al mundo, al estudio, al conocimiento, a la investigación y a las nuevas ideas, es un árbol seco cuya savia ha dejado de correr y que, tarde o temprano, no dará más frutos que el de su propia decadencia.

 

Aquel doctor tenía colgado en su despacho un lienzo con el retrato de un niño de mirada triste, muy triste…Probablemente aquel cuadro quería reflejar el profundo y dramático abismo de la enfermedad psiquiátrica…Siempre recordaré aquel cuadro, aquella mirada infantil sin esperanza, y aquel doctor que no quiso escuchar “teorías alternativas no publicadas en The Lancet ni probadas científicamente”. ¡Cuánta pena!

 

Homeopatía frente a ‘lo otro’

 

Una experiencia muy similar vivimos con su pediatra de cabecera. Durante el primer año de vida de mi bebé, cuando mi hijo se había vuelto un enfermo crónico de los bronquios, cuando vivía pegado a una mascarilla de ventolín y pullmicort, cuando era medicado todas las semanas con corticoide, broncodilatadores y antibiótico oral que estaban arrasando su flora intestinal y dañando gravemente su sistema inmunológico, cuando su cuerpo se había convertido en un roncus pulmonar continuo, en una fábrica imparable de moco infeccioso que explotaba por cualquier sitio (oídos, ojos…), siempre al borde de la neumonía, y cuando era más que evidente que no estaba respondiendo a tales tratamientos, jamás hizo nada por rectificar su plan terapéutico. Todas las semanas mi hijo repetía una otitis, o una conjuntivitis, o una bronquiolitis, o una bronquitis…Éramos los “Reyes de las –itis”. Y su pediatra se limitaba a repetir recetas, una y otra vez, sin ni siquiera preguntarse por el fondo del problema. Mi hijo llegó a una unidad de Fisioterapia respiratoria gracias a que nosotros, sus padres, buscamos información paralela y supimos de la existencia de esa terapia rehabilitadora como alternativa a la agresión farmacológica.

 

Y finalmente, cansados de nebulizarlo, de llevarlo al consultorio o a urgencias dos o tres días en semana, agotados de no ver mejorías en su estado, decidimos cambiar de rumbo y acudir a un homeópata.

 

Fue la homeopatía, y no el ventolín, el que curó a mi hijo de sus problemas pulmonares. ¿Y cómo es esto?, me preguntan los más escépticos. Pues porque su homeópata se preguntó por el fondo del problema, no por la superficie de los síntomas. Y ahí fue donde hizo su trabajo. Mi pequeño no tenía defensas ( y en ese estado recibió un cóctel vacunal mortífero). Su sistema inmunológico estaba por los suelos. Su organismo sufría un desequilibrio descomunal. Nadie había tratado sus alergias. Nadie se había preocupado de su alimentación…Y todo ese escenario era el conflicto de base. Bastaron 6 meses de tratamiento homeopático para que mi hijo se regulara y se recuperara de sus dolencias pulmonares.

 

“Cuando lo vea lo creo”

 

Desde ese momento, la pediatra de cabecera de mi hijo sabe que hemos perdido gran parte de nuestra fe en la medicina oficial del establishment al que ella pertenece. Ella nos ve a nosotros como “hippies alternativos”, quizás como “víctimas de una secta”,  y nosotros a ella como una estupenda “funcionaria repetidora de recetas” muy rentables para la industria farmacéutica. Y dentro de esa relación, basada en la resignación, nos soportamos y aceptamos mutuamente, con el mayor respeto y tolerancia que podemos brindarnos.

 

Cuando acudí a ella por primera vez para relatarle el cuadro de TGD de Dani no captó ni la mitad del problema. Cuando volví repetidamente a su consulta por la diarrea crónica de mi hijo, nunca aceptó la idea de que pudiera tener un problema de disbiosis, de flora alterada o de presencia de hongos o levaduras intestinales. Y nunca le recetó nada para su problema. Cuando los análisis realizados en EEUU ya confirmaban una candidiasis galopante, y cuando le informé de que esa infección estaba en el origen del trastorno neurológico del niño, lo negó de forma rotunda y contundente: “Yo en esto soy como Santo Tomás de Aquino. Si no lo veo no lo creo”, me dijo. Y, por supuesto, cuando fue informada de que mi hijo se había iniciado en el cambio de alimentación y en el tratamiento biológico, no sólo no comprendió nuestra decisión, sino que tampoco ha mostrado hasta la fecha el más mínimo interés por investigar el tema.

 

Una actitud similar han mostrado otros profesionales (psicólogos, psiquiatras, neuropediatras…) a los que hemos tratado de relatar nuestra experiencia. El día que intenté iniciar un diálogo con su neurólogo sobre los problemas metabólicos del niño, sólo me dio tiempo a decirle que “no tomaba leche animal porque…” El doctor me interrumpió, me censuró con la mirada como si yo acabara de decir un gran disparate, y me reprobó con un: “No, mujer, déle usted leche al niño…”. Fin de la conversación. El muro es demasiado alto como para pretender sortearlo.

 

Tratamiento biomédico: el renacimiento

 

Dada la asombrosa recuperación de mi hijo a partir del cambio de alimentación, no tuvimos ninguna duda de que debíamos realizar los exámenes médicos pertinentes y solicitar una cita con la doctora Rosella Mazzuka, quien visitaría Canarias en el mes de noviembre gracias a la asociación ALDIS.

 

Y así lo hicimos. El 11 de octubre de 2010, enviamos –vía Barcelona, y con la ayuda de la asociación AVA- las muestras orgánicas de orina, heces, sangre y cabello de nuestro pequeño a los laboratorios Great Plains de Kansas City, con el fin de realizar análisis de ácidos orgánicos, intolerancias alimenticias, cultivo de heces y prueba de detección de metales pesados en el organismo. Los resultados (que facilito en este blog, para quien desee consultarlos) arrojaron una importante intoxicación de metales pesados en el cerebro de mi hijo (mercurio y aluminio, principalmente), así como un cuadro de disbiosis intestinal aguda (gran presencia de hongos y levaduras dañando las mucosas intestinales), así como altísimos niveles de oxalato, entre otros valores. En definitiva, un típico perfil bioquímico de autismo por toxicidad. En estos momentos, y a la luz de estos resultados analíticos, mi marido y yo estamos tratando de adherirnos a la denuncia masiva de familias españolas que han denunciado al Ministerio de Sanidad por la administración masiva de vacunas en nuestros hijos, con el nefasto resultado de un cuadro de daños neurológicos y autismo adquirido. El juicio se está llevando a cabo desde marzo de 2010 en la Audiencia Nacional, en Madrid, de la mano del abogado Felipe Holgado.

 

El 20 de noviembre, y tras una ansiada espera de meses, POR FIN mi hijo pudo ser asistido en consulta por la doctora DAN Rosella Mazzuka, a quien desde este blog agradezco como madre su profesionalidad, sabiduría y humanidad. Desde esa fecha sigue estrictamente el tratamiento biomédico preescrito por la doctora, a base de probióticos para el refuerzo de su dañada flora intestinal, antimicóticos para combatir las cándidas intestinales, y complementos vitamínicos, de nutrientes, minerales, oliogoelementos y quelantes para la expulsión de metales pesados, además de continuar con la dieta sin gluten ni caseína, a la que la doctora añadió la supresión de azúcares y alimentos altos en oxalatos. La mejoría de Dani sigue una escalada imparable. Desde que se inició en el tratamiento, su tracto intestinal se ha regulado, sus deposiciones se han normalizado (después de más de un año y medio de diarrea continua) y, junto a esta mejoría intestinal, no han dejado de reducirse paulatina y significativamente las estereotipias conductuales que el niño arrastraba.

 

Dani es otro niño. Su reloj biológico volvió a ponerse en marcha. Atrás quedaron los angustiosos días de rabietas, llantos y rutinas; los días de conductas repetitivas, de miradas perdidas, de silencio y vacío…Hoy en día, mi pequeño habla, conecta, se comunica, ríe a carcajadas, canta, baila, juega, trepa, salta, contagia su vitalidad a todo el que se cruza en su camino… Y está preparando una “mochila” llena de sabiduría para su inminente entrada en el colegio, el próximo curso escolar. Su hermano mayor, Héctor (su mejor terapeuta, logopeda y psicólogo), disfruta de él cada día, enseñándole juegos, palabras y nuevas diversiones. Aún hay cosas que limar. Y, desde luego, no podemos bajar la guardia. Debemos seguir manteniendo a raya a las cándidas y no flaquear con su dieta especial. Pero, en definitiva, hoy puedo decir con orgullo que mi hijo se ha recuperado casi totalmente de su TGD, que vuelve a ser el mismo niño que un día llenó la casa de ruido y alegría.

 

Ésta es nuestra historia, para quien quiera escucharla. Daniel González Martín vino al mundo dos veces: una, el 9 de abril de 2008, cuando su madre lo parió; otra, el 10 de agosto de 2010, cuando sus padres, a través de un tratamiento biomédico, lo devolvieron al mundo de las palabras y las miradas.

 

77 responses to this post.

  1. Posted by maria on marzo 6, 2011 at 10:50 am

    Buenos días:
    Tengo a mi madre con una osteoporosis muy avanzado debido a medicamentos corticoides(dakortin) pues tenia una hepatitis autoinmune, quería saber algún remedio natural para la osteoporosis o algo que le pueda ayudar.
    Gracias

    Responder

  2. Posted by Julián del Río on marzo 6, 2011 at 1:11 pm

    En este otro blog se incluye un testimonio parecido, en el que también se abre un rayo de esperanza en el tratamiento del autismo mediante terapias no convencionales:
    “El 2 de mayo de 2010 comenzamos un nuevo tratamiento con ayuda de otra madre a través de Facebook, consumiendo alimentos sin gluten y sin caseína, con suplementos de enzimas, probióticos y ácidos grasos omega. Probablemente esto no habría sido recomendado por un médico, pero empezó a funcionar de inmediato.
    Hemos estado alimentándonos de una dieta con alimentos exclusivamente ecológicos, y desde la enfermedad de Charlie he aprendido lo importante y fundamental que es el alimento para tener una buena salud. Suena obvio, ¿no?, pero en realidad es mucho en relación con las idioteces que se dicen sobre las dietas y la nutrición.
    Enlace al testimonio completo:
    http://noticiasdeabajo.wordpress.com/2011/01/19/testimonio-de-una-madre-con-un-hijo-autista/
    Salud.

    Responder

    • Posted by Luisa Vivanco on marzo 4, 2014 at 10:21 pm

      Hola, que gusto saber que tu niño ha logrado tener una mejoría, que Dios lo bendiga. Por favor orienta me, el especialista al cual debo acudir (nutricionista) quisiera trabajar del mismo modo con mi hijo, el testimonio sobre Dany y el tuyo me da una esperanza como poder contactarme contigo y contarte mi caso.
      A espera de tu pronta respuesta;

      Luisa

      Responder

      • Posted by jenni on noviembre 20, 2014 at 8:53 am

        Hola. Mi nombre es jenniffer. Mi hijo esta en tratamiento biomedico, el ha mejorado muchísimo. Yo soy de Perú y su médico atiende a personas de otros países. Si deseas que te brinde información déjame tu correo. Una mamá me ayudó. Y yo deseo devolver la ayuda. Hace a otro niño. Cuídate y dios bendiga a tu angel

      • hola jenifer

      • Posted by diana on mayo 17, 2015 at 11:20 pm

        Que me pueda dar información sobre los tratamientos biomedicos les agradecería mucho

      • Posted by Dennissita on junio 20, 2015 at 9:37 am

        Hola jennifer por favor pasame tu correo o dame el nombre del doctor que te atiende por favor yo soy de Peru tambien y mi hija acaba de ser diagnosticads de TGD. Por favor si podrias enviarme toda la info para llevarla te lo agradecere enromemente graciasss

      • hola jenifer lei tu testimonio y quisiera que me contactaras para saber donde puedo llevar a mi hija ella es autista soy de peru del callao mi nombre es lina gracias,o dame tu telefono y te llamo mi correo es samuelitocelis@hotmail.com

      • Posted by Lesslie on septiembre 24, 2016 at 12:31 am

        Hola Jennifer, me podrias dar el nombre del medico para le tratamiento biomedico y de trata. Muchas Gracias

  3. Posted by andrea on marzo 6, 2011 at 2:11 pm

    la primera vez que supe de cómo mejoraba el autismo suprimiendo de la dieta el gluten y la leche de vaca fue leyendo el libro de Patrick Holford llamado “nutrición óptima para la mente del niño”. En él también se tratan otros trastornos infantiles y su mejoría introduciendo cambios en la alimentación del niño.

    Responder

  4. Posted by rankapino on marzo 6, 2011 at 5:36 pm

    A todos los que estén preocupados por el tema de las vacunas les recomiendo que lean el libro de Carlos González, EN DEFENSA DE LAS VACUNAS.
    A mi personalmente me preocupaba mucho el tema después de leer el libro de Llinares y muchos enlaces que se proponen en este blog. No tenía una opinión formada pero desde luego dudaba muchísimo de las vacunas.
    Hace poco pusieron un documental al respecto en la 2 y ahora me he encontrado con este libro de Carlos González, un pediatra presidente de la asociación catalana prolactancia materna y autor de varios libros como BESAME MUCHO, UN REGALO PARA TODA LA VIDA, MI NIÑO NO ME COME, etc. El autor me parece de confianza y escribe de forma sensata y amena.
    El problema es que hay mucha desinformación en los 2 sentidos y hay una verdadera batalla abierta entre PROVACUNAS y ANTIVACUNAS en la que uno ya no sabe qué pensar. En este libro se desmontan uno por uno los argumentos de los principales libros antivacunas que se publican en España.
    Creo que este libro es de gran ayuda y que incluso los ANTIVACUNAS deberían leerlo con la mente abierta. Saludos.

    Responder

  5. Posted by Alberto on marzo 6, 2011 at 5:38 pm

    Un testimonio increíble. Asombrosa la soberbia de los médicos. Me alegró infinitamente por Dani y por su familia. Una madre coraje.

    Responder

  6. Posted by carlos on marzo 7, 2011 at 12:58 pm

    Maria, te copio lo que me contestó a mi Francisco el año pasado:
    “Tanto para la osteoporosis como para la falta de minerales en las uñas le conviene hacer una dieta en la que el metabolismo de los alimentos produzca alcalinidad y no acidez.
    No debe tomar suplementos de calcio inorgánico, en cambio, debe asegurarse la ingestión de magnesio, además de tomar el sol para conseguir vitamina D.”

    Responder

  7. Posted by carlos on marzo 7, 2011 at 9:18 pm

    Gracias a internet y a los blogs como este, mucha gente está encontrando una salida a sus problemas.
    Gracias Francisco, la espera ha valido la pena.

    Responder

  8. Posted by Ini on marzo 8, 2011 at 12:22 pm

    Hola buenos días Francisco y lectores:
    Antes que nada felicitar por el texto de este post.
    Ahora planteo mi cuestión:
    Qué se puede hacer contra unas bolitas que se quedan en las amígdalas ? parece ser que se llama “Caseum”. recuerdo ya desde joven que lo tengo. me explico:
    Tengo algunas “cavernas” en las amígdalas (he leído que incluso pueden haber sido provocadas por un uso abusivo de antibioticos) que es donde, por lo que parece, se van quedando restos de comida que fermentan (y huelen mal y pueden causar mal aliento). No creo que sea pus propiamente, por lo que he leído, son restos de comida que se acumulan ahí.
    Al cabo de un tiempo, el cuerpo parece que lo rechaza o cuando las bolas son grandes salen por su propio pie. También si hago fuerza con las amígdalas / cuello pueden salir hacia afuera si es suficientemente grande el cúmulo. Ahora he descubierto también como quitarlas con un palillo de dientes, insertandolo con mucho cuidado por las “cavernas” y empujando hacia afuera. Me imagino que no habrá remedio de eliminar esas acumulaciones que no sea como yo he dicho (ultimamente me las limpio semanalmente con el palillo puesto que he averiguado que forma hacen las cavernas), pues las amígdalas ya están agujereadas y tienen esos pequeños huecos y dudo que sea posible cerrarlos o regenerar ese tejido, o luchar contra que no entre nada ahí dentro.
    Tampoco creo que puedan considerarse un foco de infección (leí el post de posibles focos de infección en las amigdalas), puesto que no creo que sean pus, corríjanme si estoy en lo cierto con todas mis deducciones, y si hay algún remedio pues también.
    Gracias por su atencion !

    Responder

  9. Posted by Alex on marzo 8, 2011 at 5:07 pm

    Algún remedio contra los parásitos intestinales mi hija de 3 años y yo los tenemos que se le puede dar a la niña.
    MUCHAS GRACIAS

    Responder

  10. Posted by Marisa on marzo 8, 2011 at 8:31 pm

    Hola a todos, me gustaría que me dieseis vuestra opinión sobre una recomendación que he leído hace poco en un libro:
    “Una pequeña cura al vinagre servirá para reestablecer la lozanía del cutis: bebe todos los días 5 centilitros (la quinta parte de un vaso) disueltos en agua durante un mes y obtendrás milagros”.
    ¿Hacer eso sería beneficioso o perjudicial para la salud?
    Un saludo a todos y gracias por vuestro comentario.

    Responder

    • Posted by Teresa diiaz on noviembre 5, 2015 at 2:41 am

      El único vinagre q da beneficios curativos es el vinagre de sidra de manzana, tomar 5 ml en una taza con agua tibia en ayunas, media tarde y antes de dormir. Es un efectivo alcalinizando y depura el organizó de toxinas.

      Responder

  11. Posted by Peibol on marzo 10, 2011 at 12:15 am

    Muy creíble el testimonio, para empezar el blog de “Rosina Urialde” no existe; el Hospital Ntra. Señora de la Candelaria de Santa Cruz de Tenerife no tiene ningún departamento de neurología infantil y Miguel Llorca Linares de la U. de La Laguna es psicólogo y no psiquiatra.
    Amén de que es un relato clónico que se ha visto miles de veces cambiando el nombre de los protagonistas y cumple uno a uno todos los tópicos antivacunas.
    Lo dicho, muy creible.

    Responder

  12. Posted by Carlos on marzo 10, 2011 at 1:11 am

    Dejo este comentario por si le puede ser útil a alguien:
    Tenía los ojos fatal,siempre enrojecidos y con mucho picor y legañosos.Los médicos me decían que era una conjuntivitis crónica,que no había solución,sólo colirios paliativos que no servían para nada y que ya no me ponía.
    Después de un mes de tomarme cada día el zumo de un limón,como he aprendido en el libro de Francisco,la conjuntivitis ha desaparecido totalmente.Ah! otra cosa que he hecho ha sido sustituir las dos madalenas que me desayunaba cada día por copos de maiz.

    Responder

  13. Posted by JoseB on marzo 10, 2011 at 11:54 pm

    Peibol, el que no es creible eres tú.
    Se trata del blog de Rosina Uriarte (http://alternativasterapias.blogspot.com/).
    Y el hospital sí tiene servicio de Neurología y de Pediatría, seguro que tienen equipos con ambos tipos de profesionales.
    Gracias por hacernos comprobar las fuentes y ver que son ciertas, además de comprobar lo tendenciosas de tus intervenciones.

    Responder

  14. Posted by cibiel on marzo 11, 2011 at 7:38 pm

    Joder, vaya owned se acaba de comer el amigo plinio/peibol

    Responder

  15. Posted by Iraultza on marzo 11, 2011 at 9:49 pm

    Aupa a todos!
    Esta historia me recuerda a una película: “El aceite de la vida”. En ella se narraba las vicisitudes de un matrimonio con un hijo que poco a poco va perdiendo su autonomía. Pasó de ser un niño inteligente, autónomo, feliz y divertido a un niño postrado en una cama incapaz de respirar por sí mismo. Los padres empezaron a investigar sobre la enfermedad y consiguieron encontrar la solución. El niño había nacido con un defecto genético, le faltaba una enzima por lo que las reacciones químicas dependientes de ella no las podía realizar. El niño iba perdiendo la mielina de su sistema nervioso. Solución!, un aceite que se suponía que no era apto para el cuerpo humano. Un químico jubilado es el que investigó y dió con el aceite.
    ¿Qué decir ante esto?. Pues lo de siempre, a veces los científicos sólo encuentran lo que buscan, unas veces pueden ser virus, otras genes y otras cualquier cosa que tenga que ver con alguna suvención. Lo que está claro es que unos padres no van a buscar ni virus, ni genes, ni dinero, sólo la salud de sus hijos.
    Peibol has visto como sí que te hacemos caso? JoseB ha confirmado lo del blog.
    Un saludo

    Responder

  16. Posted by manou on marzo 13, 2011 at 10:45 pm

    Hola,
    Gracias otra vez por compartir esta historia!
    Tomo infusión de estevia 2 veces al dia, 1/2 hora después de cada comida. La de después de la comida salada entraría en incompatibilidades?
    Gracias!

    Responder

  17. Posted by aymara on marzo 15, 2011 at 11:37 am

  18. ¿Está bien esta panificadora?

    Responder

  19. Posted by aymara on marzo 15, 2011 at 6:05 pm


    Otra cosa de Ibn Asad

    Responder

  20. Vaya, parece que el enlace a la panificadora sale en blanco:
    http://www.lidl.es/es/home.nsf/pages/c.o.20110319.p.Panificadora_automtica.ar1
    Pone estas características:
    Panificadora automática
    Para cocer pan rápida y fácilmente en casa: añadir los ingredientes y la panificadora hará el resto.
    Con 12 programas diferentes para pan y mermeladas.
    Con función de inicio programado de hasta 15 horas.
    Para 3 pesos de pan de 700 / 1000 y 1250 g.
    Gran ventana superior para controlar la cocción.
    Molde con revestimiento antiadherente y asa.
    Incluye accesorios: vaso medidor, cuchara medidora, 1 quita-varillas.
    Ahorre un -11%, antes 44.€.
    Garantía de 3 años.
    Precio unidad.
    ¿Vale la pena?

    Responder

  21. Posted by tatu65 on marzo 18, 2011 at 6:44 pm

    hola, una pregunta para los visitantes del foro: es mejor la linaza dorada o la oscura, y el sesamo, mejor el blanco o el negro? Cuales tienen mas propiedades? Perdon por la falta d acntos.
    Saludos y gracias

    Responder

  22. Posted by manou on marzo 19, 2011 at 2:55 pm

    Hola tatu65, la linaza es mejor la dorada y el sésamo el negro. Por lo que he leído, aunque son buenos ambos, tienen mejores propiedades los otros..
    saludos

    Responder

  23. Posted by rankapino on marzo 20, 2011 at 3:27 pm

    Estimado Llinares,
    Como ya le he comentado, le recomiendo ENCARECIDAMENTE que lea el libro EN DEFENSA DE LAS VACUNAS de Carlos González. Es un pediatra muy bueno, con ciertas prácticas naturistas que ha escrito un libro genial sobre el tema.
    También veo que JUAN GERVÁS, doctor que usted ha propuesto para ministro de sanidad reconoce las bondades de las vacunas en el artículo: ETICA Y VACUNAS, MAS ALLÁ DEL ACTO CLINICO. Está en Internet.
    Creo sinceramente que en este asunto se equivoca y en el libro de Carlos González están recogidas todas las trampas del pensamiento por la que mucha gente bien “informada” y con muy buena intención como usted y sus seguidores del blog llegan a caer en la trampa de la propaganda antivacunas que llega a ser más manipuladora que la oficial ya esas asociaciones también tienen intereses, como demostrar causa y efecto y cobrar indemnizaciones.
    Para los que no se lo lean tengo pendiente hacer un resumen con los mejores argumentos.
    Saludos.

    Responder

  24. Posted by Flamenco on marzo 20, 2011 at 5:10 pm

    Tatu65, yo compré el otro día sésamo negro, según los valores nutricionales tiene más calcio que el blanco. Recordad siempre masticar bien las semillas, o mejor aún, molerlas, para asimilar bien sus nutrientes.
    Sobre el lino yo uso dorado, aunque también he consumido marrón. No sé la diferencia.
    Aprovecho para preguntar, pues he leído varios sitios donde se dice que es recomendable remojar las semillas unas pocas horas antes de consumirlas, pues la semilla cree que está plantada y se activa una enzima en estado latente, y es más asimilable por el organismo. Lo he leído con varias cosas: girasol, calabaza, lino, almendras… Qué hay de cierto en ello ? Yo de momento siempre las he comido “sin remojar”.
    Saludos.

    Responder

  25. Posted by Marisa on marzo 21, 2011 at 11:51 am

    Siento si soy molesta, pero agradecería que alguien me contestase a la pregunta que hice antes sobre el vinagre.
    Gracias anticipadas.

    Responder

  26. Posted by manou on marzo 21, 2011 at 4:21 pm

    rankapino, yo te aconsejo leer “vacunación sistemática en cuestión” de Juan Manuel Marín
    saludos

    Responder

  27. Posted by rankapino on marzo 22, 2011 at 11:39 pm

    Manou,
    Ese libro es uno de los 2 que analiza Carlos Gonzalez en el suyo, punto por punto, detectando bastantes errores tanto en las referencias como de concepto.
    He leido bastante de los antivacunas. Por eso me decidí a leer éste de Carlos Gonzalez, porque es un pediatra de fiar y porque quería tener las dos versiones.
    Finalmente me quedo con el de Carlos González.
    Es curioso como aunque sólo exista un 0,01% de los médicos que estén contra las vacunas, en este blog y en muchos otros se les da todo el crédito como si el 99,99% restante fuese tonto, maintencionado o maliformado. A mí también me ha pasado.
    Es incuestionable que antes la gente moría a mansalva por una enfermedad normal como sarampión, varicela u otras y que la vacuna ha terminado con eso. Además la de la varicela no la inventó Pasteur sino que se hacía siglos antes con gran eficacia.
    Creo que la vida natural es muy sana pero no se puede rechazar todo el avance médico pensando que somos más listos que nadie. La medicina ha salvado muchísimas vidas.
    Saludos.

    Responder

  28. Posted by Juan on marzo 23, 2011 at 10:13 am

    tatu65:
    el lino que creo que consume y recomienda Francisco en el libro es el dorado. Yo tuve tu misma duda y pregunté en mi tienda de alimentación natural. La persona que me atendió dijo que la única gran diferencia era que el dorado era más útil para ir al baño, pero que por el resto era lo mismo en ambos casos. Desconozco si es cierto.
    En el caso del sésamo, donde yo compro sólo tienen de un tipo, así que desconozco la diferencia.

    Responder

  29. Posted by manou on marzo 23, 2011 at 2:48 pm

    Francisco,
    Estamos pensando en tomar alga espirulinapara contrarrestar los posibles efectos de la nube radioactiva de Japón, que llega hoy a Europa. Hay alguna contraindicación para dársela a una niña de 4 años y un bebé de 15 meses? Que dosis?
    Rankapino. Creo que está más que explicado en el blog y en los comentarios nuestra postura. Carlos Gonzalez si es de fiar, para mi gusto no en cuanto a vacunas. Creo que hay muchos intereses comerciales detrás de todo lo que es la medicina, lamentablemente cada dia salen más a la luz. No creo en el avance medico, creo en la vida.
    saludos

    Responder

  30. Posted by tatu65 on marzo 23, 2011 at 5:01 pm

    Gracias por las aportaciones sobre el Lino y el Sésamo. Fco, leyendo informaciones sobre Furúnculos me encuentro con una duda. He podido leer, en este blog por ejem, que son una manfestación de que el cuerpo esta eliminando toxinas. El otro día, conversando con un médico, me comentó que es debido a una bacteria, estafilococo, que habitaulmente se encuentra en la nariz. A veces se manifiesta debido a ciertas condiciones. Con que versión me quedo? Me inclino por la primera, la encuentro más lógica.
    Gracias

    Responder

  31. Posted by rankapino on marzo 24, 2011 at 12:47 am

    Pues Juan Gervás parece que también está a favor y es un médico como la copa de un pino, según Llinares.
    De la medicina sólo sé que al menos hay que agradecerle lo que está claro:
    -Si yo no tuviera gafas no vería un carajo. Y quien lleva audífonos no oería nada.
    -Si a más de uno no se le arrancaran las muelas rabiaría de dolor.
    -Si a un accidentado que llega con los huesos partidos por mil sitios no lo operaran no volvería a andar.
    -Antes la gente se hacía un buen corte y se engangrenaba la pierna y había que cortarla y eso que no comían basura. Hoy eso no pasa…
    -También hay enfermades congénitas que las sufre toda una familia, independientemente de lo que coman o cómo vivan.
    En fin, negar que se ha avanzado mucho me parece ser muy parcial. El ajo y el limón son muy buenos, pero no lo curan todo.
    Además en el propio libro se hacen cuentas sobre lo que gana la farmafia vendiendo vacunas en España y se llega a la conclusión de que es muy inferior al gasto en otras cosas como caramelos, cine, el presupuesto del barsa, tomando cocacola o miles de cosas. No es un negocio tan rentable como para dedicarse voluntariamente a matar al personal.
    Ya sé cómo se piensa aquí, pero lo mismo todavía queda alguno con posibilidades de cambiar de opinión en el tema de las vacunas, yo lo he hecho.
    Saludos.

    Responder

  32. Posted by Alberto on marzo 24, 2011 at 8:23 pm

    Buenas a todos,
    me gustaría comentar algunos puntos. Lo primero que me gustaría decir es que me hace gracia lo de la “vida natural” como si hubiera algún tipo de “vida artificial”. Todos somos seres vivos, organismos pluricelulares y al fin y al cabo, aunque no lo parezca, formamos parte de la naturaleza, de la tierra y nuestro techo es el cielo y sino, mira hacia arriba. No es buena idea separar nuestra condición por mucho que avance la “ciencia”. El hombre ha sobrevivido miles y miles de años en este, su entorno. El sentido común y la experiencia han sido sus mejores vacunas.
    Ahora vienen unos y dicen, !cuidado¡ el entorno es tu enemigo, los microbios, los virus, las bacterias y los microorganismos que nos han creado, ahora son terroristas que van a por ti, !protégete¡. Yo no sé cual es el porcentaje de médicos anti-vacunas ni me importa, yo sólo poseo una cosa, y esa es el sentido común. No es ponerse de un lado o del otro, eso es la misma tontería. Es pensar simplemente observando lo que te rodea.
    Ha habido épocas y zonas de la tierra, muchas por cierto, en las que el hombre ha vivido más de cien años. ¿Cómo explicas eso? Aquí ya no es tan válido el método científico. Aún hoy en día sigue habiendo poblaciones así. ¿Cómo cuantificamos estos datos?
    Por cierto, si hablas de ciencia, creo que deberías remontarte varias décadas atrás. Hoy en día, aunque nos duela admitirlo, ya no existe la ciencia (o en muy pequeña medida). Tesla ya murió. Tengo amigos que “investigan” en la universidad autónoma de Madrid y ellos te lo pueden contar.
    Repito, tan sólo dispongo de mi sentido común y basándome en mi propio pensamiento, creo que es una aberración inyectarle a un bebé todas las vacunas que les suministran a día de hoy. ¿A alguien le parece normal? Y todo esto lo digo sin juzgar el beneficio o el perjuicio de las vacunas. Ese pensamiento me parece demasiado vulgar.
    No veo lógico una vacunación obligatoria. No creo que me hables ahora de democracia. Cuando algo se convierte en obligatorio me huele a dinero, intereses de segundas personas. ¿Te parecería correcto que te obligasen a ver Gran Hermano?
    Orwell ya lo visionaba en 1948. Hoy se nos presenta ante nuestros ojos LA DICTADURA SOCIALISTA.
    La guerra es la paz.
    La libertad es la esclavitud.
    La fuerza es la ignorancia.
    Discutir es perder el tiempo. No creo que estén las cosas como para hablar de nuestras creencias y pelear por ellas como niños. La humanidad se enfrenta a un momento difícil y el problema no es si esto esta bien o esto esta mal (para eso ya están las máquinas), el problema es el mundo que vamos a legar a nuestros hijos, a nuestros nietos, a los que vengan. Ahora más que nunca deberíamos estar unidos.
    Si te queda alguna duda, pásate por Tres Cantos y observa la nave de NORMON. Su nave es faraónica. Nadie puede negar los beneficios de las empresas farmaceúticas. Pero bueno, son otro brazo más del gigante.
    En fin, cuando las vacas fueron alimentadas con carne de sus hermanas se volvieron locas. No hay una vida natural, hay una vida simplemente. Y esa ha sobrevivido miles de años. Ir en su contra se traduce en lo que ves: enfermedad por todas partes.
    Además, si se han erradicado las enfermedades que azotaron Europa hace algunas décadas fue por las mejoras en la higiene y el modo de vida. Ahora esas enfermedades están matando Africa, ¿no se te ocurre por qué?

    Responder

  33. Posted by Mara on marzo 24, 2011 at 9:42 pm

    Rankapino, estaría por ver que las vacunas redujeron tantas enfermedades o que el hecho de que haya mejor alimentación y condiciones de higiene, por ejemplo, fuera encargándose de que la incidencia de esas enfermedades (la mayoría poco graves) viniera declinando ya antes de desarrollar las vacunas y estas se apuntaran todo el mérito. Como no nos aportas los argumentos de ese libro, aquí está un resumen de su propio autor:
    http://malaciencia.es/2011/02/24/las-mentiras-de-los-antivacunas/
    A falta de poder leer el libro o un resumen más detallado, me parece que se centra en imprecisiones, errores o mentiras deliberadas, según se mire, de dos libros. No entra en el fondo del asunto.
    Por seguir el debate, el documental “La guerra de las vacunas”, que creo que ya salió por aquí antes:

    http://documentalesatonline.loquenosecuenta.com/2011/02/la-guerra-de-las-vacunas-documentos-tv-12-02-11-espanol/

    Responder

  34. Posted by manou on marzo 25, 2011 at 11:55 pm

    Sigo con mis preguntas..
    Que hay de las proteínas del alga chlorella y espirulina, son buenas, malas?
    Gracias!

    Responder

  35. Posted by rankapino on marzo 26, 2011 at 4:53 pm

    Mara,
    El libro es muy bueno, no solo habla de argumentos y datos, sino de cada una de las vacunas y de la eficacia de las mismas.
    Por ejemplo aunque nuestra sistema sanitario es “muy malvado” y nos pone vacunas sin sentido, no nos pone la de la encefalitis japonesa, ni la de viruela porque consideran que aquí y ahora no es necesario. Cuando consideran que no es necesario y se lo pueden ahorrar se lo ahorran.
    Otro asunto ilógico es que pusieran las vacunas a los bebes si supieran que son malas. Ganan lo mismo poniéndolas más tarde, nadie hace daño gratuitamente.
    Estoy intentando hacer un resumen de argumentos pero no sé cuanto tardaré. Sinceramente te recomiendo que lo leas completo. En general todos los libros de este autor están muy bien.
    Saludos.

    Responder

  36. Posted by rankapino on marzo 26, 2011 at 5:07 pm

    Mara otro ejemplo:
    Está bajando enormemente el nº de muertos por sarampión en África, una disminución del 74% en 7 años según diversas fuentes:
    http://www.who.int/mediacentre/news/releases/2008/pr47/es/index.html
    Todos sabemos que África el nivel de vida en África no está mejorando tanto, la disminución de las muertes sólo puede deberse al incremento de cobertura de vacunación.
    Podemos creerlo o no, pero es triste que esto pase a ser una creencia ya que existen miles de estadísticas al respecto. Ya me dirás que interés tiene UNICEF, CRUZ ROJA y otros en vacunar en el 3º Mundo si no fuera porque han comprobado la eficacia de la vacuna.

    Responder

  37. Antes que nada quiero pedir disculpas por mi dilatada ausencia, pero he estado muy ocupado. A ver si retomamos la normalidad.
    Alex, para los parasitos intestinales hay que dejar el chocolate y el azúcar. Tomar ajo crudo en las comidas o picado sin masticar con un sorbo de agua. Tambien funcionan las pipas de calabaza peladas comidas crudas.
    Marisa, no creo que funcione, pero en caso de que quieras hacer esa cura de vinagre, hazla con vinagre de manzana y con menor cantidad.
    Manou, no dispongo de información sobre la compatibilidad de la stevia. Si notas que te cae mal, puedes tomarla cuando hayas terminado la digestión, así te evitarás cualquier problema.
    Puedes dar alga espirulina a los niños en pequeñas dosis. La cebolla también va muy bien para la radiación, pero no creo que llegue la sangre al rio. Las proteínas de las algas, como el resto de proteínas, son buenas con moderación y malas cuando se abusa.
    Javiwol, esas panificadoras van bien. Es cómodo que te haga el pan y despreocuparte. Si lo tienes que hacer a mano acabas comiendo pan malo por falta de tiempo.
    Flamenco, yo no pongo a remojo las semillas para comerlas. Otro tema es que algunas las pongo a germinar, pero eso no tiene nada que ver con el remojo. Son cosas diferentes.
    Tatu65, sobre los furúnculos yo también me quedo con la primera, y aunque fuera la segunda, seguiría pudiendose resolver tratando la primera. Si no hay toxinas no hay bacterias.
    Rankapino, yo respeto la decisión de cada padre sobre lo que cree que es mejor para sus hijos. Realmente es su responsabilidad.
    Personalmente no me pondría nunca vacunas ni permitiría que se las pusieran a personas que estén bajo mi responsabilidad.
    Yo soy naturista, y no me parece adecuado meter productos extraños al organismo con una inyección. El cuerpo tiene los orificios adecuados para las entradas y salidas y no hay que inventarse ninguno más.
    Si las vacunas fueran necesarias para conservar la salud de la especie humana, haría miles de años que nos hubieramos extinguido.
    Como tu comprenderás, si no soy partidario de utilizar plantas medicinales (que son totalmente naturales) para curar a la gente, mucho menos puedo estar a favor de inyectar productos tóxicos en un ser que todavía no tiene maduro el sistema inmunitario.
    Soy consciente de que soy radical, pero como me has preguntado, estoy obligado a darte mi opinión y no la de otro.

    Responder

  38. Posted by rankapino on marzo 26, 2011 at 11:10 pm

    Estimado Sr, Llinares, agradezco siempre que conteste aunque en este punto conozco de sobra su postura ya que leo todo lo que escribe en este post y en el otro.
    En cualquier caso creo q el libro recomendado es muy bueno, Carlos Gonzalez un gran autor y que también Gervás al que usted propone como ministro de Sanidad recomendaría las vacunas.
    Si no nos hemos extinguido hasta la fecha ha sido por varias razones:
    Cuando antiguamente había una epidemia, moría muchísima gente, muchísima, pero no morían todos. Los más fuertes sobrevivían y por eso estamos aquí.
    Remontándonos más en el tiempo la población era muchísimo menor y estaba más esparcida. Era muy difícil que un grupo contagiase a otro ya que la movilidad era muy reducida.
    El problema ocurre cuando la gente vive en ciudades con miles o millones de personas y las enfermedades se extienden como la pólvora y hoy en día no se trata de salvar a unos pocos sino a todos.
    Las enfermedades mataban a todo el mundo, a los ricos, a los pobres, a los que comían carne y a los que no la comían porque no la tenían.
    Los indios americanos comían lo mismo antes y despues de Colón sin embargo cuando llegaron los Europeos les pegaron las enfermedades y murieron como chinches. El medio era el mismo, los gérmenes distintos.
    También creo que usted y muchos de los que seguimos el blog tenemos que “lubricar las bisagras” y “abrir la mente” para analizar críticamente no sólo la propanda oficial y sino la contraoficial. Lo más importante de su mensaje a mi entender es “ser crítico” y yo intento serlo empezando por lo que usted dice.
    Saludos.

    Responder

  39. Posted by Alberto on marzo 27, 2011 at 7:21 pm

    rankapino,
    tan sólo me gustaría que no faltases al respeto a los habitantes del continente africano y mucho menos hablándonos de organizaciones no gubernamentales. Es tan sólo por educación.
    Gracias.

    Responder

  40. Posted by rankapino on marzo 27, 2011 at 10:23 pm

    Alberto,
    ¿Podrías ser tan amable de indicarme en qué punto he faltado al respeto a los habitantes del continente africano? (yo soy uno de ellos ya que vivo en Melilla)
    ¿Y porqué hablar de ONGs es faltarte al respeto?
    Yo sólo he expuesto mi opinión sin meterme con nadie.
    Saludos.

    Responder

  41. Posted by manou on marzo 28, 2011 at 3:12 pm

    Rankapino, creo que los que seguimos este blog, hemos “lubricado las bisagras” y “abierto la mente”, hemos hecho el camino que estas haciendo y el de vuelra, tal vez algunos en menos tiempo que otro.
    A los indios también les llevamos alcohol… En fin que no me creo las fuentes y estadísticas que tienen como patrocinio farmaceúticas, laboratorios, grandes compañías, siempre ocultan un “oscuro” interés. Me he leído muchos libros de C. Gonzalez, lo respeto mucho como pediatra, ahora, no eja de ser un pediatra, no un gran estudioso de la historia de las vacunas, en fin, no he leído el libro. Los libros que he leído sobre vacunas son de personas que si han consagrado parte de su vida en el estudio de las mismas…
    Que me dirías del estado del mundo hoy en dia? Del tema ecológico, de lo que sucede con la genética y la alimentación, etc (vease monsanto, granjas de pollos retocados genéticamente para que crezcan más rápido, etc) Te parece normal? Pues creo que el porcentage de personas que siguen comiendo esa comida, que pensando que vivimos en un mundo justo, cuando millones de personas trabajan para nosotros, europeos, y un gran etcetera, es el mismo que el que pones de los médicos que vacuna. Creo que las personas no quieren ver, hay mucho interés económico, mucha comodidad, y poco tiempo para despertar…
    saludos

    Responder

  42. Posted by rankapino on marzo 29, 2011 at 3:20 pm

    Manou,
    Creo que mezclas muchos temas. Como bien explica Carlos Gonzalez en su libro, no debe existir un “paquete ideológico progresita” en el vayan obligatoriamente unidos, las semillas transgénicas, las vacunas, el sida, el agua destilada, etc…
    Uno puede estar a favor de una cosa y en contra de otra. Incluso puede estar a favor de la vacuna contra el sarampión y en contra de la del papiloma. No conviene hacer 2 bandos porque el mundo no es blanco o negro.
    Mira si coges autores que respetemos como Llinares, Carlos González, Angel Gracia, Gervás o quien quieras, no coinciden en todo al 100%. Por ejemplo el de la dieta delfín come pescado y carne, en fin.
    Nadie tiene la razón al 100%, Llinares tampoco y estoy seguro de que un porcentaje de su libro no es cierto, simplemente no es Dios.
    En cuanto a las estadísticas, si no te las crees poco se puede hacer. Vale que existan manipulaciones pero no se puede engañar a todo el mundo ya que muchos paises hacen sus propias estadísticas. Además las vacunas no son tanto negocio como se piensa, se gana más con la cocacola, con el futbol, con los zumos de frutas, con las pulseritas mágicas, con el canon digital, con casi cualquier cosa. No hace falta envenenar al personal para ganar dinero. Piensa simplemente cuanto dinero has gastado en tu vida en vacunas y cuanto en todo lo demás.
    En fin, te vuelvo a aconsejar que leas el libro. Así podemos comentarlo mejor. Si dices que te gusta lo que escribe Carlos González, dale al menos el beneficio de la duda. No ha dedicado su vida a las vacunas pero se ha documentado bastante para el tema y lo mejor de todo, es un tío con muchísimo sentido común.
    Saludos.

    Responder

  43. Posted by silvia on marzo 31, 2011 at 10:16 am

    me llamo silvia tengo un niño con 13 años con retaso pondoestatural y retraso mental leve( ci total 51) , a los dos meses de edad le administraron por error la triple virica, quisiera saber si los problemas que tiene mi hijo puede ser producto de la administracion de tal vacuna ya que para el retraso pondoestatural y retraso en osificacion no encuentran ninguna razon. un saludo.

    Responder

  44. Posted by juanp on junio 13, 2011 at 10:03 pm

    la verdad esta historia me ha conmovido y se me han caido las lagrimas,pero lo curioso del caso es que ya sabia que iba a terminar con tal remedio.
    Espero que algunos de los que estan ahi arriba se arrepientan algun dia de sus fechorias,los eugenesistas y CIA.Dejemos a esos pobres medicos y profesionales faltos de vocacion el cual su unica vocacion es el dinero y su estatus vivendis,y que lean,que lean y se retracten de este articulo,lo que es que una madre y un padre sufran de tal manera.Lo vivo en carne propia con el relato,que lean y se retracten frente a un espejo.No les hechemos la culpa a estos dejemosles con su ego medico al fin y al cabo su mente no les pertenece sino a las corporaciones medicas.
    Robar la energia la alegria y el amor por vivir a un niño es un crimen que se paga muy alto y si encima somos colaboradores como los medicos el crimen es doble por ceguera.
    Y luego eso si nos llaman hippies,tiene gracia la cosa.
    Esta claro, la batalla es con sus corazones….

    Responder

  45. Posted by Julio on noviembre 15, 2011 at 1:59 am

    Hola:

    Mi opinión personal y subjetiva como no experto es que algo habrán ayudado a las vacunas a erradicar ciertas enfermedades y pestes. Aunque considero que puedo estar equivocado, prefiero el riesgo de inyectar ciertos productos tóxicos a mis hijos, al riesgo de que una puedan tener daños irreversibles en caso de no estar vacunados y tener la rubeola, etc.
    Yo he sido vacunado obligatoriamente en el colegio de algunas vacunas (y al ir a países asiáticos de otras), y no veo que me hayan perjudicado tan negativamente.

    Quiero poner a mis hijos el mínimo número de vacunas, pero la cuestión es: ¿me podeis recomendar nombres de laboratorios, o dónde comprar vacunas que sean menos dañinas (no contengan mercurio, etc)?
    Cuando se trata de la salud de mis hijos no me importe gastar más dinero aunque no me sobre.

    Gracias por vuestra ayuda.

    Responder

  46. Posted by ruben on junio 7, 2012 at 6:40 pm

    SOBRE EL TESTIMONIO, ES UNA DESGRACIA Y POR DESGRACIA MUCHOS PIENSAN QUE EL AUTISMO ES UNA ENFERMEDAD CUANDO NO LO ES, AUTISMO =INTOXICACION POR METALES METIL MERCURIO Y ALUMINIO, DESGRACIADAMENTA LOS “PROFESIONALES” QUE PARA ELLOS ES MAS FACIL ACEPTAR UN ERROR QUE CUESTIONAR SUS DOGMAS Y SUS CREENCIAS, DENTRO DE LA MEDICINA PREVENTIVA NO TIENEN NAD MAS QUE OFRECER O ME EQUIVOCO??? ESTANA TAN ALEJADOS DEL PRIMER MANDAMIENTO HIPOCRATICO Y DEL CODIGO NUREMBERG HOY EN DIA VIGENTE ME DESPIDO CON (CUESTIONAR ALGO SIN INVESTIGAR ES LA FORMA MAS ELEVADA DE IGNORANCIA) AQUI NO HAY “PROFESIONALISMO” ESTUDIADO EN UNA “UNIVERSIDAD” CUADO EN RELIDAD NO SABEN LO QUE ES LA UNIVERSIDAD !!!!

    Responder

  47. Posted by lcoh on septiembre 21, 2012 at 1:07 pm

    Estos niños se nacen ya en disbiosis intestinal .Ya de alli se producen todas las problemas. No pueden defenderse y por encima de esto nada mas nacer empiezan a vacunarlos ya que asi le van metiendo mas bacterias malas y virus. De alli empiezan a crecer gusanos en cada niño diferentes o varios tipos cada ves son mas grandes y se alimenta con los gluten lacteos dulces harinas zumos frutas …etc. No se puedes descubrir en los analisiz pero hacer una prueba en quitarles estos alimentos unos dias despues empezar darles un diente de ajo cada dia durante 5 dias despues hacerles una enema con 200ml de agua destilada y mirad en un microscopio a ver que sale os vais a asustar. Un saludo!

    Responder

  48. Posted by lcoh on septiembre 21, 2012 at 1:22 pm

    https://www.facebook.com/messages/?action=read&tid=id.493558244002855#!/photo.php?fbid=497388390272772&set=a.107462592598689.14225.100000048457851&type=1&theater
    Aqui os dejo el cartel del PRIMER CONGRESO OFICIAL EN ESPAÑA EL AUTISMO ES TRATABLE.
    Otra cosa no existen vacunas buenas y malas todas las vacunas son malas da igual por quien te la pone esto no segnifica nada. Y las vacunas enrealidad no han sido testadas .
    Un abrazo.

    Responder

  49. Hola. Sobre la discusion sobre si las vacunas tienen o no relacion, quiero comentar que mi hija, que nacio con dos fallos geneticos y tambien uso antibioticos mucho antes del año de edad, solo empezo a perder peso tras la vacua triplevirica. Paso de 12,5Kg. a 9,5Kg. y solo dejo de bajar con la ayuda de un especialista en niños con problemas de alimentacion. Ya de antes habia reaccionado mal a la leche de vaca, al gluten y a los antibioticos, con alergias y asma bastante severa. Pero lo peor fue despues de esa vacuna.

    Si bien la medicina quimica tiene su utilidad en ciertos momentos, tambien tiene muchos efectos secundarios que pueden evitarse usando medicina natural. Los medicos pueden negar el peligro de las vacunas todo lo que quieran, pero los padres de niños afectados lo vemos en directo y nadie puede engañarnos mas. Mi hija no va a recibir ninguna vacuna mas. Sin discusion. Si no puede asistir al colegio especial la educare en casa. Eso de que sean obligatorias para entrar en colegios es una especie de dictadura disfrazada. Afortunadamente tengo prueba de como bajo de peso y pienso utilizar eso para evitar mas vacunas.

    Los medicos que niegan el tratamiento biomedico un dia sabran lo equivocados que estaban, pero lo triste es que les dara igual no haber ayudado a tantos niños. Es a los padres a quienes nos corresponde defenderles de todo, incluso de un sistema medico que se ha ido por un camino equivocado. Si cambiarles de dieta les hace mejorar, nadie tiene derecho a negarlo, ni su opinion importa ni lo mas minimo. Ellos pueden no creer a los padres de niños con autismo, como los padres han dejado de creer en ellos. Es una democracia (hasta cierto punto, excepto en cuanto a vacunas).

    Sugiero a los padres de niños recuperados que los lleven a HABLAR con esos medicos incredulos y asi algunos medicos iran cambiando su forma de pensar. Aunque ya sabemos que la mayoria contestara: “Entonces no era autismo”. Y yo me pregunto: si hay tanto diagnostico equivocado, como esperan que les creamos y les veamos como profesionales responsables? O se equivocaron en el diagnostico o se equivocan en juzgar al tratamiento biomedico. Una de dos, porque si era autismo y el autismo no se cura, entonces como pueden curarse tantos niños con ese tratamiento?

    Responder

  50. Por cierto, mi hija (la misma del comentario anterior) esta mejorando desde que solo he dejado de darle chucherias con azucar, atun (para no aumentar mas aun el mercurio en su cuerpo), y mechos menos productos de soja. Esta tomando suplementos de cilantro / culantro / coriander, aceite de linza añadido en sus comidas (no hervido ni frito), “syrop” de agave en lugar de azucar, aceite de oliva y de sesamo (ya no de canola), probioticos naturales en endulzante natural de azucar de oligo(?) y mas zumos de verduras colados para recibir enzimas. No la llevo a ningun medico y voy aplicando lo natural que he encontrado.

    A pesar de hacerlo tan ligeramente veo que ha mejorado y en el centro de terapias la han felicitado mucho estas dos ultimas semanas. Ha cambiado mucho, imita todo lo que hacen las profesoras, quiere hacer todo lo que proponen, entiende los juegos y ejercicios, ya no llora con canciones nuevas y canturrea siguiendo el ritmo.

    Todo esto es un gran logro y solo en dos semanas haciendo un tratamiento tan poco serio, basado en cosas que voy leyendo sobre el protocolo DAN, SCD, GAPS, KURTZ, alcalinidad, desintoxicacion, aceite de linaza, etc. Si hacer poco ayuda tanto, el siguiente paso va a ser hacerlo en serio. Y los escepticos pueden seguir con su opinion o mirar un poco a ver si hay algo de verdad en todo esto. Sinceramente y con todo respeto, no me importa mucho. Muchos medicos se empeñan en comentar negativamente en estas “webs” sobre tratamientos biomedicos, quizas porque piensan que quienes promocionan esas ideas solo buscan enriquecerse. Hay que distinguir dos grupos principales: los que venden algo y los que no, solo ofrecen consejos con verdadera buena intencion. Estos ultimos no tienen critica y los padres pueden probar esos consejos mientras no sean peligrosos (por ejemplo: usar cilantro en la dieta o eliminar lacteos si aun comen pescado, huevos, sesamo y vegetales con mucho calcio).

    Sobre los que cobran dinero o venden sus medicamentos, hay que separarlos en los grupos que curan y los que no. Los que venden suplementos naturales que si funcionan claramente son menos engañosos que los que venden cosas que no funcionan. Entre estos que venden cosas que no funcionan se pueden incluir muy pocos suplementos naturales (quizas, aunque no se de ninguno que no funcione) y los medicamentos quimicos de farmaceuticas que tanto defienden casi todos los medicos y que poco ayudan contra el autismo. Incluso si ayudan en otras enfermedades, normalmente terminan causando otras enfermedades o efectos secundarios graves o muy molestos. Es por eso que llevan tantos juicios en su contra. En mi opinion eso es un engaño mayor aun. No entiendo como los medicos critican tanto las terapias alternativas, cuando lo que ellos ofrecen a menudo es mas dudoso y sobre todo cuando no tienen nada que ofrecer, como en el caso del autismo. Su logica es absurda. Parecen decir: “No pruebes terapias alternativas que yo no he comprobado, aunque otros medicos y padres de autistas te digan que si sirven. Yo no tengo nada mejor que ofrecerte, ni interes en comprobar si esas terapias sirven a tu hijo. He aceptado que tu hijo es incurable. Y aunque otros se hayan curado, como yo no me preocupo en verificarlo, tu no deberias creertelo tampoco, Deberias tener tanto desinteres como yo.” Supongo que ellos no lo ven asi, pero asi es como lo sentimos los padres de niños autistas, especialmente cuando vemos tantas mejoras solo eliminando o añadiendo algunos alimentos. Como pueden negarnos lo que vemos con nuestros ojos? Y los terapeutas que tratan a los niños confirman la mejora. Somos nosotros los que tenemos que hacerles abrir los ojos mostrandoles a nuestros hijos mejorados, uno tras otro, hasta que mas medicos puedan sentir dudas.

    Responder

  51. Posted by Gehring lepe on diciembre 21, 2012 at 7:36 am

    Hermosa tu historia la de una madre luchadora., hoy me acaban de diagnosticar el autismo de mi hijo y a pesar de que estamos muy mal junto a mi esposo., tengo esperanza gracias a tu historia porque mi hijo es muy alérgico y toma anti alérgicos y a tomado corticos des y antibióticos tal como lo hizo tu hijo., además sufre de constipación y se Incháustegui su pancita además de tener Tia que pienso que es por reflujo., es fanático de la leche casi en forma adictiva así que al leer tu historia me siento identificada.
    Gracias por compartirla y darme esperanzas!!!
    Si puedes enviar un correo para que estemos conectadas., tengo 1.000 preguntas que hacerte., cariños desde Chile.

    Responder

  52. Posted by carolina arboleda on febrero 4, 2013 at 10:37 pm

    HOLA COMO PODEMOS COMPRAR EL LIBRO “MANUAL DE INSTRUCCIONES DEL CUERPO HUMANO” EN COLOMBIA? TIENEN ALGUN NUMERO DE CONTACTO O UN CORREO DE ESTE BLOG? MI CORREO ES ARBOLEDACARO27@GMAIL.COM

    Responder

  53. Posted by Patri on febrero 11, 2013 at 4:31 pm

    Hola a todos, muchas gracias por hacer extensiva esta historia para que llegue a todos los padres de niños con autismo, un testimonio real de unos padres que lo han vivido y sufrido es lo mas esperanzador para el resto de padres que sufrimos esta dura enfermedad. Conozco a esta familia personalmente y me han ayudado tanto que no tendría espacio para contarlo todo, solo deciros que mi hijo fue diagnosticado de TGD con 3 años de edad (tengo clarisimo que ha sido culpa de las vacunas) y a día de hoy casi 2 años despues, siguiendo un tratamiento biomédico esta increiblemente bien, a punto de perder su diagnositco de autismo. El camino ha sido largo y muy duro, aún nos queda mucho que luchar pero la recuperación es posible, lo veo todos los días cuando entro a casa lo miro, me mira y le digo “hola mi amor, como estas?? me mira y me contesta Bien”.

    Responder

  54. Posted by manoli on junio 30, 2014 at 1:14 am

    Gracias por compartir tu historia, bravo por vosotros, e visto mi historia con mi hija reflejada, los síntomas, las reacciones de pediatras , médicos, etc.. Mi hija tiene ya 13 años, autismo sin diagnosticar como no.. Gracias por toda la información que das en la historia de Dani.

    Responder

  55. hola Jenifer, necesito tu ayuda me siente desesperada tambien soy de Peru, podrias brindarme mas detallada donde poder acudir para apoyar a mi bebe mi correo es janealva16@hotmail.com

    Responder

  56. Posted by albys on mayo 13, 2015 at 10:05 am

    Buen dia necesito ayuda urgente hace dis meses han diagnosticado a mi hijo con TEA es muy duro estoy desesperada. Mil gracias Dios los bendiga

    Responder

  57. Posted by Luz Angeles on febrero 2, 2016 at 2:21 am

    Me encantó tu testimonio hizo derramar más de una vez lágrimas, leí continuamente tu historia hasta terminarla, aveces las situaciones de la vida cambian el ritmo de la misma. Agradezco enormente que hayas publicado tu tan acortada investigación y coclusión y “coincido plenamente contigo” en todo lo relacionado con los médicos, hospitales y farmacias .
    Tengo 5 hijos 20, 18, 13, 8 y 7.
    Al mayor cuando tenía 7 años lo diagnosticaron con asma, me resetaron muchas medicinas, las que reusé darle. Con medicina natural lo sanamos rápidamente, no volvió a presentar ningún prob.
    El menor lo diagnosticaron con epilepsia El toma medicina ya casi 3 años, actualmente le están quitando la medicación de la mañana por que su medicina es 2 veces al día Quisiera información sobre la alimentación.
    También en la escuela me dijeron que había la posibilidad que tenga razgos autistas.
    Es mi niño adoptivo su madre biológica se excedía con el alcohol, el llegó a mi vida cuando tenía 8 mesescitos y aunque era bien calladito y poco expresivo de bebé fue formándose sano, risueño e inquieto, incluso yo estudié educación inicial aquí en California y le enseñé desde año y medio hasta los 4 años y mostró destrezas altas en un desarrollo normal; hasta que le vino su 1er episodio a las 4 años cuando entró al pre-escolar, fué entonces cuando cambió, incluso pensé que podía tener algún grado de retardo. El toma Clonazepam y Divalproex son drogas fuertes, más a sus 7 añitos. Leí que hay altas posibilidades que a las 8 años se le vaya.
    Al leer tu testimonio voy a realizarle esos exámenes ya que la 1ra convulsión ocurrió después de sus vacunas también, aunque los médicos lo tomaron como convulsión x fiebre cosa que ocurrió 2 veces más, por lo cual pedí una evaluación más exhaustiva.
    Ojalá ocurra un milagro (en lo que creo feacientemente) y pudiéramos contactarnos!
    Muchísimas gracias, creo que personas como tú, las pocas que tenemos impotencia por los comercios farmacéuticos son los ángeles que Dios manda, porque la fé, la oración, “conjuntamente” con una acción! es lo que debemos hacer para enfrentarnos con situaciones en la vida. Bendición!
    Ah! Muchas veces me he sentido como tú hippie! Al investigar y darles mis comentarios a los doctores …siento sus miradas … Muchas gracias.

    Responder

  58. Me encanto!
    Soy mamá de un hermoso niño llamado Diego tiene dos años y 4 meses el esta en tratamiento y esta respondiendo muy bien gracias a dios, pero a lo que voy, estube tan metida en la historia llore muchísimo por que todo lo que describió es lo que vivimos! Una Calentura muy alta, dejó de decir palabras que ya decia, jugar con sus carritos, querer ir a todos lados con el, el aislamiento, los berrinches su carácter y que todo fue de un día para otro! Pero no sólo eso! El como se sentían los papas es como nos sentimos nosotros, y el aver leído esta historia me dio esperanza! De que aún estamos a tiempo y me ayudó de sierra forma a desahogar todo eso que nunca dije! Ese sentimiento que tenía ahí guardado al leerlo me sentí liberada y de verdad el que compartan este tipo de historias ayudan muchisisimo no tanto por la experiencia si no a desahogarnos a nosotros los padres a saber que no sólo somos nosotros los que nos llevamos a sentir asi! Enserio gracias por compartir este tipo de historias!

    Responder

  59. Posted by NELLY CUENCA on abril 11, 2016 at 7:36 pm

    HOLA SOY UNA MADRE ,QUE SUFRE MUCHO CON ESTA SITUACION. TENGO UN HIJO CON AUTISMO TIENE 13AÑOS , NO SE COMO PODER AYUDARLO O QUE NOS PUEDAN AYUDAR POR FAVOR . HE LEIDO LOS COMENTARIOS ANTERIORES ,ME HE CONMOVIDO CON TODO ESTO MEGUSTARIA QUE NOS PUEDAN AYUDAR DE ALGUNA MANERA. N TELEFONO O DIRECCIONES EN LOS QUE PODAMOS SABER MAS.GRACIAS.

    Responder

  60. Buenos días,

    Tengo un niño que le han observado ciertos rasgos autistas, pero no le han diagnosticado la enfermedad. El niño asiste al logopeda y no ha parado de tener progresos, pero sigue por debajo de los niños de su edad, especialmente en el desarrollo del lenguaje y su comprensión. No tiene problemas marcados de socialización, pero no destaca por buscar activamente relacionarse con otras personas.

    El niño tiene diarrea crónica desde hace año y medio, aunque su desarrollo físico es totalmente normal.

    Le hicieron analíticas de sangre sin encontrar ninguna alergia.

    ¿Cuál sería su consejo para este caso concreto?

    Un saludo.

    Responder

  61. Posted by Erika Trujillo on septiembre 6, 2016 at 9:01 am

    Gracias por compartir… Es una historia que me llena de una “esperanza realista”; la llamó así porque había leído historias similares que parecían extraídas de la ficción, pero lo que planteas tiene mucho sentido para mí, y pude ver en Dani a mi pequeña y entender desde el corazón cada palabra y sentimiento que describes.
    Sólo espero que no sea tarde para mi pequeña, hoy tiene 4 años.
    Gracias por devolverme la esperanza y abonar fuerza a mi corazón. Me pongo en marcha para encontrar el camino de regreso y traerla de vuelta… Tú me has dado la luz.

    Responder

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