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Grandes timos: la Psiquiatria, industria de la muerte

Se han hecho verdaderas aberraciones en el pasado intentando tratar, que no curar, los problemas mentales y emocionales de los seres humanos.

 

En el presente, los tratamientos parecen más humanos que antes, pero es sólo en apariencia. El envenenamiento indiscriminado con fármacos que pueden provocar el suicidio desde la guardería, es un espectáculo horrendo, que sólo por haberlo convertido en habitual lo convierte en soportable para la sensiblería (que no sensibilidad) humana.

 

El manual DSM, en el que los psiquiatras se ponen de acuerdo por votación en aumentar el número de enfermedades todos los años, es peor que El Malleus Maleficarum (del latín: Martillo de las Brujas), que usaba la Inquisición. Van definiendo como enfermedades mentales comportamientos normales del ser humano y cada día lo hacen empezando desde más temprana edad.

 

La realidad es que un porcentaje altísimo de las personas a las que la psiquiatría ha arruinado su vida han llegado a esa terrible situación por problemas fáciles de tratar. Pero a la industria no le interesa que se detecten y solucionen las causas verdaderas de la mayor fuente de ingresos que llenan sus arcas.

 

Las causas físicas de más del 70% de los problemas mentales y emocionales que asolan la humanidad son:

 

1          Intoxicación por mercurio (debido a las vacunas en los niños o a las amalgamas dentales en los adultos). En los niños produce autismo y en los adultos problemas psicológicos graves.

2        – Proliferación excesiva de hongos cándida (debida al mercurio, el cloro del agua del grifo y los antibióticos que destrozan la flora intestinal encargada de controlar los hongos.

3        Problemas crónicos del intestino.

 

Solucionando estos tres puntos y devolviendo la salud al organismo se normalizan estados mentales que los profesionales etiquetan de irreversibles e incurables. Esta afirmación la hago con conocimiento de causa avalado por la experiencia.

 

Aconsejo ver el siguiente vídeo. Aunque no es agradable, es mejor verlo que ignorarlo.