Este medicamento lo recomienda… la farmacéutica

La influencia de las farmacéuticas sobre científicos y médicos empieza a alarmar. ‘JAMA’, una de las revistas médicas más influyentes, propone medidas para evitar que la investigación se ciegue con el dinero.

 Hasta Hollywood las ha convertido en villanos habituales de sus películas. Las empresas farmacéuticas llevan años en el punto de mira por sus prácticas de dudosa ética y algunos sectores comienzan a cansarse. Los responsables de una de las revistas médicas de referencia mundial, JAMA, que publica la Asociación Médica estadounidense, exigen en un editorial “acciones drásticas” y cooperación entre editores, investigadores y médicos para poner límites a la influencia del dinero sobre la investigación médica.

En su número 199, del pasado abril, JAMA publica dos trabajos que atestiguan cómo la farmacéutica Merk & Co Inc ha “manipulado aparentemente” artículos científicos sobre uno de sus productos : el analgésico rofecobix (Vioxx en su nombre comercial), que la propia compañía retiró del mercado en 2004 tras una oleada de denuncias por sus efectos secundarios.

 Entre los pecados que la revista imputa a la compañía figura lo que parecen intentos por maquillar los datos sobre la mortalidad del fármaco. Sin embargo, el editorial se detiene en otro pecado, sólo en apariencia, menos grave : el hecho de que haya investigadores que se dejen seducir por el dinero y cooperen con este tipo de prácticas. No es una cuestión nueva. Catherine De Angelis, editora jefe de JAMA, ya había tratado esta cuestión en otro editorial de 2006, donde recordaba que no siempre es fácil pillar al científico corrupto : “Todos estaríamos de acuerdo en calificar como una conducta deshonesta la falsificación de datos por parte de un científico […]. Problemas como éste son obvios, pero existen otras situaciones donde la influencia económica deshonesta es más difícil de identificar”. De Angelis se refiere a la querencia de ciertos investigadores por no comunicar a las revistas científicas quién les ha financiado la investigación. Esa información suele ser requerida por las publicaciones para evitar que los trabajos pierdan objetividad, pero casos como el de Vioxx demuestran que controlarlo no es tan fácil.

Uno de los estudios publicado por JAMA revela que diversos artículos sobre el fármaco citaban como autor principal a científicos que tenían poco o nada que ver con el ensayo clínico y que “en un comportamiento humillante para la profesión” habían permitido que su nombre apareciera. ¿Quién escribía entonces ? Aquellos que el mundillo llama ‘escritores fantasma’, científicos empleados por las empresas y que no aparecen (o aparecen en un lugar secundario) en el listado de autores.

Conflicto de intereses

Sin embargo, los fantasmas no siempre están en los laboratorios. Los responsables de JAMA recuerdan que el problema puede estar dentro, en el comité de científicos a los que las revistas encargan la revisión de un trabajo científico. Este sistema, llamado ‘revisión por pares’, es el baluarte de las publicaciones científicas, su método para asegurar que lo que publican es bueno. Pero no ofrece todas las garantías. Un ejemplo : la revista científica New England Journal of Medicine denunció que uno de los encargados en la revisión por pares mandó un manuscrito confidencial sobre el riesgo de mortalidad de un antidiabético a sus fabricantes.

Quizá al científico en cuestión se le olvidó dar parte del conflicto de intereses que le suponía tal revisión. Y situaciones como ésas se puedan dar muchas.

Richard Smith, editor de la revista British Medical Journal, ya exigía en 2004 una reflexión sobre el asunto en otro editorial. En su opinión, hay cierta tendencia a simplificar y ver a la industria farmacéutica como los malos de la película, mientras médicos y científicos son víctimas inocentes. “Los médicos tendrán que usar los productos que la industria farmacéutica fabrica y es razonable que la industria pueda promocionarlos; pero, sin duda, los médicos también deberían contar con fuentes de información independientes y ¿cómo es posible que se haya llegado a un punto en el que muchos médicos no asisten a una reunión educativa a menos que esté acompañada de comida gratis y una bolsa de chucherías? Algo va mal, y las publicaciones médicas forman parte de lo que va mal”.

Una noticia positiva sobre un fármaco es mucho más efectiva que varias páginas de publicidad sobre el mismo. Las farmacéuticas lo saben y por eso están mucho más interesadas en publicar ensayos clínicos favorables. Aquí está el problema al que hacía referencia Smith y que, cuatro años después, trata de atajar JAMA. Para ello, proponen 11 medidas. Entre ellas, piden que las revistas creen un registro internacional donde figuren todos los ensayos clínicos, antes de seleccionar a los pacientes. Asimismo, consideran necesario que todas las revistas publiquen y analicen las relaciones de los autores con las compañías que financien sus ensayos. Si el científico miente, la revista deberá remitir tal conducta a la autoridad académica pertinente para que decidan qué hacer con él. Parecida suerte correrá el revisor que viole la confidencialidad : se le prohibirá revisar y publicar artículos. En definitiva, en JAMA quieren tener una “distancia saludable con la industria”. Y eso incluye no aceptar regalos y mantenerse al margen de influencias financieras.

Miguel López

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