El perdón

Si buscas venganza, cava dos tumbas

 Muchas personas padecen los sufrimientos del infierno estando todavía en este maravilloso planeta. Estos sufrimientos no son debidos a la expiación de alguna culpa ni a ningún castigo humano o divino, sino a su rencor, odio, resentimiento, ira, venganza, etc. Como se puede ver, el sufrimiento no lo padece la persona que ha causado la ofensa, sino el que se ha sentido ofendido y no lo ha perdonado.

Para evitar este sufrimiento hay varios caminos:

  El más corto y más saludable para todos es no tener que llegar a perdonar, no porque el individuo se ha convertido en una persona inflexible, sino porque por amor al prójimo no se le acepta la ofensa como tal. Esta actitud nace cuando se llega a la comprensión de las debilidades humanas, y no produce ningún daño a nadie, ni al ofensor, ni al presunto ofendido. Lógicamente, para que esto suceda de una forma natural, previamente se tiene que haber asumido que, el enfadarse con alguien sólo por el mero hecho de tener razón, es una postura infantil que en nada va a ayudar a ninguna de las partes. Cualquier persona inteligente y adulta no puede adoptar una actitud que sólo perjudica sin beneficiar a nadie y seguir llamándose animal racional.

  Si no es capaz de hacer lo que dice el párrafo anterior, la opción menos mala que le queda es perdonar al otro, pero tenga en cuenta que en el acto de perdonar se encierra la más alta forma de soberbia, lo cual puede acarrear problemas nuevos en la relación debido a ese acto de perdón, con lo que, si va a perdonar a alguien, no lo haga nunca desde arriba hacia abajo, procure que el otro no se sienta culpable, inferior, o humillado.

  No se le ocurra coger el camino más malo que es no perdonarle nunca y, además, estar todo el día tramando la venganza. Esto, aparte de las implicaciones morales, va a suponer la ruina de su salud y de su vida, a veces conjuntamente con la de toda su familia. No cometa la equivocación de pensar que esto es una teoría y que los pensamientos no influyen en su salud, la realidad demuestra que muchas de las enfermedades físicas tienen su origen en el plano emocional del ser humano, que dicho sea de paso es el que peor maneja.

  Puede que en estos momentos usted está pensando que no alberga ningún resentimiento contra nadie. Por su bien le insisto: haga un repaso mental exhaustivo y asegúrese de que eso es así, que no queda ningún rescoldo olvidado en su interior, no subestime el daño que le puede causar un incendio mal apagado.                                         

Odiar a alguien es otorgarle demasiada importancia

   
 

2 responses to this post.

  1. Posted by mary on septiembre 30, 2008 at 6:14 pm

    se dice ke el odio no te lleva a nada bueno.y eso es muy cierto cuando uno odia pierde granparte de su vida perdiendo el tiempo y enfermandose…o ke uno debe hacer es disfrutar la vida

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  2. Posted by CARLOS ESTRADA on enero 19, 2011 at 9:53 pm

    Especial para Escuela de la Salud
    Difundir este ejemplo de ética pública.
    EL 18 DE ENERO SE CONMEMORÓ OTRO ANIVERSARIO DE LA MUERTE DEL DR. ARTURO ILLIA, PRESIDENTE INCORRUPTO QUE EL MUNDO DEBERÍA RECORDAR
    por Carlos Estrada *
    ARGENTINA- Ante tantos insensibles y algo más mezclados en áreas de poder, llenos de resentimiento, soberbia y ambiciones desmedidas (no tengo preferencias políticas, no generalizo pero todo parecería más de lo mismo), mimetizados como “salvadores” de esta exprimida Nación, recordar al Dr. Illia estremece y llena el alma de tristeza. Era muy joven y recuerdo que le dejaban tortugas en la Plaza de Mayo porque se burlaban de su “lentitud”. Claro, los trepadores, vendidos, mediocres y envidiosos de siempre se sentían “insultados” en sus negras conciencias frente a un Presidente de la Nación honorable, sencillo, con un corazón inmenso que emanaba ética, que fue obligado a alejarse de la función pública pero dejando el mejor ejemplo (hoy olvidado por los pícaros). Se retiró caminando y más pobre que cuando llegó.
    Asombra comparar con actuales que viven en una “burbuja” de poder, indiferentes hacia el pueblo no influyente y damnificado, de espaldas a los decentes (no hacia sus grupos “aduladores”) y enriqueciéndose de manera visible día a día; pero el Dr. Illia era médico y como en su esencia estaba hacer el bien a sus semejantes nunca mostró intenciones -como varias pirañas conocidas- en perpetuarse en el poder.
    Jactancia aparte, lo digo yo que pertenezco a una familia ilustre y patricia, habiendo aprendido desde la cuna el honor y el respeto por mi prójimo y por los hijos de la Naturaleza (los animales y las plantas), a brillar con luz propia, a tener palabra firme y nunca vulnerar derechos ajenos, hogar que jamás tuvo que vivir inclinándose con sumisión ante poderosos (salvo un momento en la Iglesia como profundos católicos), ni sometidos a patrones políticos; hogar de trabajo honesto donde me enseñaron a no ser influenciable y jamás sobornable.
    Recuerdo que el Dr. Arturo Illia -tal vez nunca lo supo- tuvo la callada admiración de muchos hogares importantes de la época y hoy perdura en el recuerdo de numerosos descendientes de esas familias por haber sido (más allá de cualquier error involuntario) un Presidente con mayúscula, no como algunos descarados que buscarían el sometimiento, la destrucción, desintegración social y conducirían a sabiendas hacia destinos inciertos, inculcando rencor y odio en los jóvenes para que vivan en anarquía dentro de garantías de impunidad para cometer delitos y atropellos, inclinados a la vagancia, alcohol y las drogas.
    Con el Dr. Arturo Illia se fue un prócer y nadie aún llegaría a los cordones de sus zapatos, además la bandera celeste y blanca la llevaba en el alma y la de género, símbolo de esta vencida Patria, flameaba orgullosa en la Casa Rosada (Casa de Gobierno en Capital Federal) y no era dejada ni un minuto durante las noches ni cuando llovía, mientras desde hace varios años es impunemente ofendida en edificios oficiales del Congreso, Plaza de Mayo y Tribunales. . . mojadas, arrugadas, y enroscadas los días de tormenta. Todas muy envejecidas en precarios mástiles en edificios públicos de la ciudad de Buenos Aires por desprotección y soportar noches frías, viento y fuertes lluvias.
    Reitero, no tengo preferencias políticas, soy hijo de hogar patricio, descendiente directo de próceres nacionales, caciques indios y caudillos por lado paterno y de línea siciliana dura del lado de mi madre, es decir, una cruza en extinción de coraje, honor y nobleza.
    Hago periodismo no comprometido, sin techos, y fiel a la verdad también debo decir que habría excepciones y es sincero mi respeto por investiduras, no pretendo herir finas sensibilidades y sólo expreso lo que considero una realidad.
    Dios tenga en la gloria al EXCELENTÍSIMO Dr. Arturo Illia.
    CARLOS ESTRADA * escritor, ex periodista parlamentario y periodista de investigación.
    Buenos Aires, Argentina, 19 de enero de 2011.

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